jueves, 27 de septiembre de 2012

NIRVANA



Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.
En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Eres ese Solo


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Foto: Isabel Obeso. En Viña del Mar
A modo muy general digamos que hay dos maneras, una es pensando y otra es sin pensar. Y la lata, el rollo ahora es que para explicar esto me tengo que poner a pensar. Ordenar ideas para poder transmitir desde la mente hasta la mente, a través de la mente. Si estás mirando desde una comprensión total, sabrás a qué me refiero, y en realidad no tendría mucho sentido seguir mis razonamientos con alguna finalidad. Pero si estás leyendo esto con dudas, inquisitivamente, entonces trata de seguirme el rastro.

La mente es pensamientos: conceptos, nombres, símbolos, imágenes… las relaciones entre ellos  y los procesos por medio de los cuales estas relaciones se ordenan. Tú observas estas ideas, imágenes y procesos. Tú eres el observador de ellos. Entre tú y ellos ocurre algo muy interesante: el apego y la aceptación o rechazo de los pensamientos. Esto es, el vínculo establecido entre el observador y lo observado por medio de la atención. Si por un momento este vínculo se interrumpe, ya no eres el observador y te das cuenta de que nunca lo has sido… la observación (conciencia) siempre está ocurriendo por si misma. Cuando este darse cuenta ocurre se demuestra por si solo que lo que está más allá de la mente siempre ha estado más allá de la mente, es decir, la mente está sostenida en la conciencia. El individuo que estaba luchando por ir más allá de la mente se descubre como un pensamiento más, es simplemente una idea sobre si mismo.

El modo de mirar sin pensamientos no admite un pensador, porque el pensador es una idea más, es un pensamiento que sigue ahí. Mirar sin pensamientos se revela como una gracia. Esto ocurre más frecuentemente de lo que se sabe, de lo que registramos.

Así, que mirar sin ignorancia, sin el estorbo de la identificación, sin miedo o duda, es algo que sucede por si mismo, como una gracia. Darse cuenta de ello también sucede como una gracia. No hay ningún esfuerzo mental que se pueda hacer para ello, mas que mantenerse entonado, es decir, tomando nota de la mente y sus movimientos. Es por esto que se prescriben métodos tales como la meditación, presenciación, observación sin juicio, mindfulness y qué se yo cuántas técnicas. Es para ir notando la mente, permitiendo que lo que es real se muestre por si mismo. Hay algunas señales acerca de esto, cuando decimos que real es aquello que no cambia. Esto indica que real es la conciencia donde la mente se sostiene, las percepciones se sostienen y todos los procesos conscientes acontecen. Al ir notando esto, cuando graciosamente se muestran los instantes – que pueden parecer infinitesimales – en que el pensar no está presente, estos momentos, por muy cortos que parezcan, se van reconociendo como el trasfondo real y permanente sobre el cual la conciencia de las cosas, de las ideas, de todo, se despliega.

Sabiendo esto, habiéndolo notado, cabe entonces la indagación: ¿quién soy yo? Si cuando no hay pensar no hay ningún yo, entonces, ¿cómo es que lo se? Esta es la investigación... Y sabrás que tú eres eso que no es un yo. Eres lo que es… anterior a la mente, el tiempo, el espacio. 
Eres ese Solo… que sostiene toda existencia, desde siempre y para siempre.

Maria Luisa

miércoles, 5 de septiembre de 2012

DONDE QUIERA QUE MIRES


Foto: Isabel Obeso
Reflexionaba acerca de lo que es ayudar a otro, y comprendiendo que todos podemos ayudar a alguien. Podemos hacerlo hasta el lugar donde nos encontramos. Tender una mano, dar un empujón, estimulando, ayudando a despejar la sombra que no deja ver el camino. Tener una linterna en mano, o haber pasado por el mismo sitio habiendo encontrado la salida, o un brazo fuerte que permita el apoyo. Conocimiento, experiencia o simplemente una claridad en la mirada. Al hacerlo con amor significa que no ponemos el interés propio de por medio… eso ayuda realmente. Y también enaltece. La claridad se evidencia al compartir la linterna, la comprensión, incluso la mente que hace diferencias, cuando en este compartir, como en un juego de ping pong, no hay más que un movimiento de la pelota, un rebote continuo, sin importar en qué dirección se mueve. Movimiento sin diferenciación, así es el instante de conciencia plena. Y esto es lo que reflexionaba a la vez que comencé a recordar mi experiencia de ayer, con esta frase que se me ocurre de pronto:
La felicidad brilla cuando no hay yo. Al gozar de un instante, no hay alguien gozando, sino puro disfrute, plenitud. Un goce sin juicios.
Ayer caminamos varios kilómetros de la ciudad de Santiago, desde el Centro hasta el límite entre Providencia y Las Condes. Mi hijo y yo. Ahora puedo recordar el disfrute de esas tres horas. Y puedo reconocer la ausencia de yo y tú en aquél momento. No éramos él y yo, era un puro caminar entregados a un observar y compartir, conversar y comentar en pura confianza. Al principio sí había un yo, una mamá feliz de poder estar con su hijo adulto con quien casi nunca tiene la oportunidad de compartir la cotidianidad por diversas razones, entre otras porque vivimos en ciudades y países diferentes. Como él vino a Santiago solo, tiene menos distracciones de esas que atrapan su atención y le impiden quizás los espacios para estar con su mamá, tal como sucede cuando yo voy a Caracas. Así que en esta confianza, este placer de estar con alguien a quien le entregas toda tu atención, es como una primera llave para dejarse estar y simplemente compartir la compañía, uniendo en este paseo, dos miradas en una. Así, a la par que íbamos descubriendo la ciudad, nos dejamos estar plenamente.
Lo mismo ocurre en toda relación en la que se produzca una interconexión real de respeto y confianza mutua. Hay una entrega, un permitirse estar, percibir a la otra persona completamente, sin mediar juicios… escuchar y a la vez comunicar en un canal de doble sentido, donde prima la confianza y el aprecio. Dos siendo Uno… ¡maravilloso!
Casualmente Malak acaba de enviarme este texto para que lo revisara, es decir, ponerle puntos y comas para una más cómoda lectura. Y viene totalmente al caso de lo que yo estaba redactando. No dos entre personas, no dos entre el que ve y lo visto, el sujeto y el objeto, el que pasea y el paisaje. Aquí se los dejo:
Donde quiera que mires 
Cuando reconozcamos que el pensar es automático y repetitivo, que su propósito es proteger el instrumento de expresión llamado persona, convirtiendo la vida en una virtualidad, en ese instante el modo de manifestarnos dejará de ser cristalizado, sentiremos el viento de la mañana, la flores en los jardines con sus colores vivos y brillantes, volverá la risa explosiva y las penas que presionan dejarán de joder con sus exigencias.
Cuando la mente, como una funcionalidad de la conciencia, abandona su estructura mecánica con esa forma particular e individual de apegarse a los pensamientos, logrando que estos funcionen de modo reiterativo y circular, en ese instante la realidad se muestra tal cual es y la conciencia abandona de inmediato la centralización que nos esclavizaba a la memoria. De inmediato la inteligencia se hace cargo de la actividad investigativa que se mueve detrás de dos modos: uno, recoger la información para solucionar los problemas, y otro, para ordenarla de modo integral e inteligente.
Comprobaremos con certeza que existe un  saber auténtico, que no está sustentado en conocimientos adquiridos o en doctrinas cristalizadas. Lo Esencial esta allí, detrás de lo evidente, dejando huellas en los escritos de algunos sabios antiguos o modernos. La cuestión de separación entre el sujeto que percibe y lo percibido es abandonada dejando de lado la apariencia de lo múltiple, mostrando con precisión lo uno de Ser donde quiera que vuelvas la mirada. R.Malak

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