sábado, 9 de abril de 2016

Vivir en Realización

nadar en el lago
Vivir la vida es como echarse a nadar en un lago. Ahí estaba yo completamente seca, mirando el amplio espacio lleno de agua. Desde afuera veo que no es cristalina, tiene ciertos residuos casi imperceptibles, quizás quedaron tras muchas zambullidas de otros nadadores, o tal vez sean parte del agua misma. Y me echo a ella, con un salto que implica inicialmente dejar de respirar, retener el aire hasta poder soltarlo de nuevo.
Vivir es algo así, vivir como persona en este mundo. Es zambullirse en una colección bastante grande de tendencias y moverse con ellas sin remedio. Puedo estar hasta el cuello de compromisos, necesidades, proyectos, como si buceara entre los residuos en las aguas profundas. Puede sentirse un poco de ahogo, y, mientras me muevo, lo más que puedo hacer para no sufrir esto como un tormento es recordar que en cuanto salga del agua estaré tan impecablemente seca e intocada como estuve siempre. Y esto mientras no haya reconocido mi verdadera naturaleza.
Parada frente al agua, antes y más allá de sumergirme, podía reconocer el agua porque la observaba. Nadando dentro de ella, puedo saber de la experiencia porque la observo. En ambos casos soy consciente, la conciencia permanece siempre la misma.
Cuando estamos en ciertos momentos de nuestra vida algunos sentimos el ahogo que llamamos angustia, miedo, depresión, duda. Algunas personas tratan de buscar una salida de esto creyendo que hay algo malo con ellos, que hay algo que solucionar o transformar. Comienza, tal vez, y en ciertos casos, una búsqueda que solucione este sufrimiento. Se recurre a lo que se conozca. Por ejemplo, una persona puede que haya escuchado de un gurú que lo ayudará a salir del sufrimiento, liberarse, otra persona quizás ha escuchado siempre en su familia que son los curas o sacerdotes los que tienen la solución, otros buscan santeros, o si están en un ambiente más moderno y científico buscan terapeutas como psicólogos, coaches, orientadores. Hay un supermercado de ofertas para solucionar los conflictos, la mayoría de ellas apuntando a corregir y mejorar a la persona. Esto refuerza la idea de que hay algo mal en uno.
La no-dualidad no indica que alguna vez haya habido algo mal en uno, sino que uno es la esencia misma de la existencia, única y verdadera esencia no dual, Sí mismo, Ser, Conciencia, Plenitud absoluta. No dualidad significa que, en última instancia, desde una comprensión absoluta no hay dos, no hay uno que se diferencie de otro. La diferencia que aparece como sujeto consciente de un objeto es una ilusión provocada por la mente, siendo la mente una función de la conciencia que sirve justamente para poder experimentar.
Volviendo a mi alegoría del lago donde nado, experimentar la vida equivale a nadar en el agua del lago, es decir, equivale a que la mente presente la idea y sensación de ser un sujeto diferente del objeto y de la experimentación de este objeto.  Por objeto me refiero a cualquier sensación, pensamiento o emoción de los que sea consciente. Por supuesto esto incluye los objetos físicos que en apariencia son distintos de mí.
Uno podría preguntarse de qué sirve saber que no soy el sujeto que sufre, cuando, en efecto, este sufrimiento es vivido. El conocimiento de esto queda como eso, un conocimiento intelectual, teórico. ¿De qué sirve saber qué tipo de vida se lleva en un país al otro lado del mundo cuando yo tengo que vivir en el país que vivo a este lado del mundo? Pues me digo, sirve, por ejemplo, si pretendo viajar a ese país. Saber de las señales que ofrecen las enseñanzas sobre la no dualidad sirve para hacer las maletas y viajar a la no dualidad. Pero atención, ajustándome a lo que la no dualidad misma implica, debo aclarar que no hay ningún viaje, sólo un cambio de perspectiva en la comprensión, una pasada de suiche. Es saberme y vivirme como la Conciencia Plena que Soy. Es reconocer el aspecto conciencia que permanece ya sea fuera o dentro del lago, y ante esta comprensión y reconocimiento, conocer las creencias que invitan a considerarme el sujeto que sufre, para asumir completamente, que la experiencia y yo somos uno y lo mismo.
Fuera del lago, dentro del lago, son apreciaciones conscientes, es el juego de la conciencia haciendo diferencias. Fuera y dentro son, ambos, contenidos conscientes, ilusiones generadas por la función consciente llamada mente, y todo, para permitir el juego de la experiencia. La conciencia, el ser, sí mismo, se experimenta a sí mismo con estas ideaciones… y, en todo instante, es la esencia verdadera y permanente, sin cambio ni transformación aparte de la ilusión que hace que los cambios y transformaciones sean experimentados.
Salir de la ilusión significa realizar y vivir en realización. Vivir en realización es no dejarse llevar por la ilusión, reconocer el funcionamiento mental, recurrir a voluntad a la apreciación de la plenitud. Mientras nado en el lago, es poder sacar la cabeza y respirar aire fresco, sin que las tendencias o residuos que hay en lo profundo me perturben, y también es poder sumergirme de nuevo y moverme con soltura aún y cuando estas tendencias sigan allí. No hay nada que transformar, necesariamente, y sin embargo, si las transformaciones suceden esto es parte del proceso del vivir.
Maria Luisa

viernes, 4 de marzo de 2016

Observación sin juicios


Generalmente se considera observación a estar atento a algo, por ejemplo, ver pasar la gente por la calle desde una ventana. Esta no es la observación que mencionamos.

La observación entendida como "observar algo" suele estar acompañada por pensar acerca de eso que se observa. Siguiendo con el ejemplo, uno desde la ventana ve pasar la gente por la calle, muy atento, y va destacando a las diferentes personas: esa señora es gorda, ese caballero está cojo, ese joven es moreno y debe ser un inmigrante, ese niño grita mucho, es un maleducado, etc etc.... así, esta observación acompañada de pensamientos se convierte en una clasificación de las personas, es decir, las juzga.
Es difícil encontrar que alguien mencione que está en observación sin más, sin clasificar, sin juzgar, sin añadir una historia a lo que observa.

La observación sin juicios significa que no se agregan pensamientos ni historias a lo observado. Más aún, no se agregan pensamientos como: yo estoy observando. Por supuesto, menos se agregan ideas como: lo estoy haciendo bien, o lo estoy haciendo mal.
Observación sin juicios indica observación sin añadidos. Los añadidos son velos que obscurecen. Las interpretaciones no forman parte de la observación sin juicios.

Cuando uno comprende esta señal, a qué se refiere la observación sin juicios, comienza observando, comienza con la sensación de ser el observador. Se da cuenta en un principio de que aparecen pensamientos por la fuerte costumbre, aparecen los prejuicios, las creencias, las historias. El paso a seguir es dejar que estos pensamientos aparezcan sin engancharse de ellos, permitir que pasen como nubes en el cielo. Si hay juicios, dejar que estos sean parte de lo observado, que vengan y se vayan.
Primero tú te sientas en la ventana de la observación, en el umbral entre el interior y el exterior, y observas las sensaciones, los pensamientos, las emociones, las historias de ti misma, y asi como vienen, las dejas pasar. Los recuerdos, las proyecciones, los miedos, las dudas... todo ello lo dejas que aparezca y que se vaya como vino.
Con la práctica, esta observación va haciendo evidente lo que es permanente, es decir, esa que observa, y lo que es transitorio, es decir, lo observado.
A este punto, esa que observa, al no sostenerse historias acerca de ella (de ti), también se va.... quedando ser sin añadidos.

Estas son las bases de la observación sin juicios, que al principio parece una práctica, al final demostrará que es la realidad misma.
Maria Luisa

sábado, 16 de enero de 2016

La Persona


Cuando la persona -o consideraciones que sostengo acerca de mi misma- no es importante, sino que ser es importante, todo es reconocido como contenido y reflejo del ser mismo.

Cuando digo que la persona no es importante me refiero a que no se mantiene la idea de ser la persona, esto da igual. La persona es la máscara, es la imagen de uno mismo, no lo que uno mismo es. La persona está construida de ideas, pensamientos, juicios y criterios, gustos y aversiones, y un bagaje llamado historia personal, que no son sino recuerdos de experiencias que no están presentes, sólo quedan en la memoria.
La disposición adecuada para que se evidencie la realidad de lo que Es, de lo que Soy, de lo que eres, implica la quietud del juicio separador, el silencio del parloteo que tiende a estar presente diciendo lo que hice o no hice, o debí haber hecho mejor, lo que deberé hacer, lo que me falta para llegar a ser la proyección ideal que he aceptado. En la disposición adecuada reina la observación sin juicios, permitiendo que los pensamientos se presenten, que las ideas se desplieguen, pero sin seleccionar en base al interés de la persona que construye méritos. El funcionamiento mental se aligera permitiendo que la inteligencia entregue las respuestas, que la creatividad resuelva y se exprese. Esta disposición se abre al amor, toda persona es vista a través de su máscara, reconocida como el mismo ser que soy. No se presenta el juicio que me separa del otro, tampoco aparece la intención de mérito como que yo voy a ser una persona amorosa… todo esto se disuelve en el océano de la conciencia. En la disposición adecuada no cabe la importancia personal…. El ego queda supeditado a la comprensión inteligente e impersonal, es un ego funcional para dar cara al quehacer social.

Maria Luisa

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