miércoles, 20 de marzo de 2013

Luz a mis memorias


la foto (2)


Hace unos meses me detuve a reflexionar sobre el sendero que comencé a recorrer hace años cuando me invadía mucha inquietud causada por una intensa sensación de carencia. No sabía por qué la sentía pero la intuía claramente como el anhelo de sentir paz plena. Se presentó en la adolescencia como un sufrimiento psicológico que se fue pronunciando paulatinamente y que por mucho tiempo traté de solucionar con la ayuda de profesionales de la psicología. Ya adulta, casada y con hijos, bello esposo, bellos hijos, suficientes comodidades, bienes y experiencias gratificantes, empezaron a ocurrir cosas que me obligaron a revisar mi comprensión de la vida y de mí misma, sacándome de la comodidad y empujándome a investigar. La psicología no fue suficiente, las acciones que llevé a cabo tampoco. Igual me puse en marcha, hice todo lo que pude para salir de mi atormentada existencia. Entonces se me hizo claro lo que en verdad me estaba llamando: el reconocimiento de mi verdadero ser, lo que resultó ser un asunto de lo que considero ahora la espiritualidad genuina, en el buen entendimiento del concepto espiritual.
Me puse a revisar y ordenar muchos escritos y poemas que realicé desde que surgió en mí la inclinación a escribir, pasados los treinta años, y que llevaban engavetados mucho tiempo. Estos, sumados a un diario al que me dediqué concienzudamente durante el primero de los ocho viajes que hice a India, cuando fui a encontrarme inicialmente con Sai Baba, y que inmediatamente me fue llevando por la vía del Advaita Vedanta, los fui ordenando sobre la estructura de un relato novelado.  En él narro mis orígenes, las anécdotas que fueron marcando el proceso de búsqueda, las anclas que fui colocando en el mar de mi entendimiento, las señales que me indicaban hacia dónde estaba la salida del laberinto de confusiones, y finalmente una experiencia que transformó radicalmente la comprensión. Al darle luz a estas memorias puedo reconocer situaciones comunes a las personas que he conocido estos últimos años, las que se han encontrado envueltas en sus propios procesos de búsqueda. Una búsqueda que muchas veces parece ser psicológica, otras espiritual, aunque en el fondo es una búsqueda común: la paz mental, la felicidad que no depende de las cosas ni de lo que pasa en la vida, sino la felicidad a la que podemos acceder libres ya de lo que creímos que nos limitaba.
En este momento estoy en el proceso de revisión de todo el escrito, y asumo que muy pronto será publicado. Estudio varias opciones aunque no sé cuál será finalmente el procedimiento para hacerlo público. Estoy abierta a sugerencias, las cuales me van llegando poco a poco.

lunes, 4 de marzo de 2013

Sueños de mujer despierta




Queridos seguidores de este blog. He estado un poco ausente y al mismo tiempo con muchas ganas de volver a publicar. Mis energías han estado dedicadas a dos cosas en estos últimos meses. Por un  lado he estado escribiendo bastante para armar un pequeño libro que relata mi viaje espiritual, el que comenzó hace muchos años, casi 20, y parece que ya va estando casi listo. Por otro lado he estado trabajando mucho con las manos porque junto con Malak estamos reorganizando una casa donde esperamos construir un agradable lugar para reunirnos. Estas dos actividades han sido bastantes demandantes de atención y tiempo, aunque además se encuentran las típicas cuestiones que rutinariamente se tienen que atender, las que implica la cotidianidad y las que obligan debido a los compromisos ya adquiridos, relacionados como estamos con personas que buscan sentido en la comprensión no dual.
De pronto parece que hay muchos asuntos pendientes y que demandan atención todos al mismo tiempo, por haberlos dejado relegados por unos meses. Así que, ¿qué hice? Como suelo hacer porque me ayuda a ordenarme, comencé a escribir estas línea de forma espontánea, un ejercicio que normalmente me ayuda a relajar, soltar y reorientar. Comprender y asimilar, dar rumbo. Entonces el primer paso es compartir aquí. Un paso primero, otro después y dejar que la inspiración vaya apareciendo y guiando en la ruta.
Revisando apuntes antiguos que necesité para ordenar el librito que he estado trabajando, me encontré con una evidencia: la escritura espontánea ha sido una herramienta estupenda que me ha ayudado muchísimo desde que la descubrí. Permite sacar a flote cosas bellas y otras no tanto que estaban sumergidas, y así darles reconocimiento, dejarlas lucirse como una modelo sobre la pasarela, que bailen, salten, se desplieguen y regresen tranquilamente a su lugar de reposo.
Como ejemplo de esto, voy a compartir un texto que escribí en el 98 cuando asistía a un curso de escritura creativa y nos pidieron hacer un ejercicio sobre el soñar. Nos daban unos minutos para escribir sin revisar o corregir, dejarlo salir espontáneamente.


Sueños de mujer despierta

Sueños despiertosMaría Eugenia está completamente ida. Pasa por la casa y no ve la basura sin recoger o los platos sin lavar. Como un fantasma. Todos la miran y piensan: pobrecita. María Eugenia tiene su mente al otro lado de las paredes, más allá, y ve cosas de ella misma y de los otros cuando los traspasa con esa mirada que parece perdida. Es que está viendo en sueños claros, abiertos, sueños de mujer despierta, todas esas cosas que no le muestran las paredes rígidas e inamovibles. Está viendo su capacidad de ser, aquí y más allá. Le gritan y no escucha: “María Eugenia, debes hacer más café”, “debes poner la lavadora a funcionar”, pero no escucha los gritos sino los susurros de la persianas que se baten con el viento y le dicen: “estás aquí y estás allá”, y las luces del sol que van bajando por la pared al filtrarse por estas persianas que le dicen: “el tiempo pasa lentamente, hay lugar para todo, camina despacio y deja ser, deja pasar”. Entonces una gran paz la acoge porque se sabe dueña de un tiempo que no será robado por la ropa sucia, ni la basura, ni el café. Se sabe dueña de sí misma y de su ensoñación. (Maria Luisa 1998)


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