jueves, 28 de julio de 2011

Revisión del equipaje ancestral





Vine a Caracas a pasar unos 15 dias para compartir con mi hijo su graduación. Como me he mudado a Chile, tengo que venir varias veces al año a hacer contacto con parte de la familia, la parte que queda por aquí y aún no ha emigrado, por lo que cada vez que se acerca el momento de la partida arreglo mi equipaje, cual nómada, dedicando mucho tiempo a elegir los objetos que no sumen más del peso estipulado por la aerolínea, y que quiero trasladar a mi nuevo hogar. Los nómadas no es conveniente que acumulen objetos inútiles. Es como si por cada camello adicional necesitaran mucha inversión. Así que me he enfrentado a tener que elegir, seleccionar, qué cosas vale la pena llevar y qué no.

Abrí cajas con olor a moho llenas de fotografías, estuches y carpetas, cajones y agendas atiborradas de textos que contienen una narración no planificada de toda mi historia. Y más ha sido el asombro que he experimentado que ninguna otra expresión, un asombro lleno de las emociones recordadas, al leer enfoques que siempre han estado aquí… Desde la infancia hubo la urgente añoranza por la visión esencial de la vida,  ahí están las palabras, los hechos. Sin embargo la vida, como a todos, me arrojaba a satisfacer lo establecido por las semillas sociales. Cuando menos lo esperaba ya estaba arremolinada en un devenir detrás de las cosas, de los logros, de todo aquello que iba construyendo persona, historia, relaciones. Y de fondo, a pesar de muchas bonanzas, aquella intensa insatisfacción esencial.

No sabía bien cuál era la clave de aquella insatisfacción, pero siempre tuve ojos críticos ante  las propuestas de mi educación religiosa con las monjas, de mi incursión en la vida social caraqueña,  de las razones por las que estudiar una carrera u otra.  Una mirada crítica y no crédula ante lo que planteaba la estructura que me inyectaba toda esta proyección, como algo intravenoso que iba envenenándome  y convirtiendo cada paso en algo pesado. Añoraba una ligereza de existir, algo más aliviado, mi plenitud intuida.

Sicólogos, terapistas varios, lecturas, prácticas… y poco a poco se iban ordenando los enfoques. Ahí, en mis agendas, se mezcla todo esto, recordándomelo, junto con anotaciones de citas, obligaciones y deseos. 

Paso por la calle, me encuentro con amigos, con mis más cercanos familiares, y los veo como sumergidos en este sueño de cotidianidad exigente,  que está lleno, plagado, de sus propios deseos de felicidad, pero tan confundidos con la telaraña de vasanas ancestrales que cubren sus ojos cansados, que andan como sonámbulos dentro del laberinto de las proyecciones de sus creencias y esperanzas.

En cada persona está oculta el ansia por lo fundamental, por el cumplimiento de vivenciar la plenitud que es inherente a la existencia. Pero siglos y más siglos de confusos enfoques estructurantes, tales como los que ha producido la religión, la sociedad, el poder político y el arrastre de las tendencias acumuladas,  hacen que no se comprenda para nada que la felicidad y plenitud están presentes en Si mismo, aquí, ahora, pleno y brillante, presencia observadora que testifica todo este rollo, esta compleja ilusión que nos atrae como imanes hacia los objetos,  a la satisfacción de los sentidos sensoriales y a todo aquello que acumula la mente dando formación a la imagen de persona que vamos aceptando mientras la construimos.

Ante esta mirada que se vuelca hacia lo externo,  este observar impregnado de todo lo descrito, los velos que cubren la comprensión presentan opciones para poder saborear el exiquisito placer de ser… y al estar velado por la confusión, algunos que han encontrado la insatisfacción en lo cotidiano se vuelcan hacia otra búsqueda: la experiencia mística, o mágica, o alterada de su conciencia cotidiana. El olvido de Si mismo se muestra tan oscurecido que resulta inaccesible a la comprensión, esta que evidencia que ninguna experiencia jamás revelará lo esencial, que nada de lo que se viva completará o llenará en el tiempo lo que es anterior a todo movimiento y por tanto atemporal.

El arrebato de Si mismo, la plenitud de felicidad que se manifiesta sola cuando la confusión es trascendida, es decir, dejada de lado, no es algo que se alcance, ya que no pertenece al tiempo. Ningún saber mediado por la razón, por la estructura, produce la felicidad como efecto de la acumulación. Aquí mismo (y no significa espacio) y ahora mismo (no significa tiempo)… Ser es todo lo que soy, lo que es, lo que hay. Incialmente asombroso, se vuelve en el amrita de la existencia manifiesta, amrita, la miel esencial, dulce e inalterada de saberse ser la existencia misma, desde los tiempos de los tiempos… atemporalmente, en presente activo, contínuo, constante… donde todo el devenir acontece por emanación de conciencia, como películas que graciosamente, o intensamente, muestran todo contenido, todo potencial, con toda la fuerza del poder mismo de Ser, en lo eterno, ahora.  Luz que ilumina, cálida y jubilosa, que bendice la expresión, pues nada acontece sin el poder de conciencia que permite saber del existir.


Maria Luisa

sábado, 16 de julio de 2011

Indagación - ¿Es lo existente real?

Si asumimos como real cualquier cosa que produzca la mente, entonces los señalamientos de la no dualidad no funcionan, porque al tomar lo creado por el pensamiento como algo real (es decir, al pensamiento mismo), haría que tomes como real también al que mira el pensamiento. Y este es el surgimiento de la dualidad precisamente. El sujeto observador y lo observado. 
Hay algunas palabras básicas que opinamos que son muy adecuadas para ordenar una significación ontológica.
Por ejemplo, decimos que es Real aquello que es permanente e irreal lo impermanente. 
Aparte de esto tenemos las palabras existente e inexistente. Un pensamiento existe temporalmente, pero no es real puesto que así como ahora lo veo, luego dejo de verlo, y ¿dónde está ese pensamiento cuando no lo veo? Hay que mirar dónde está realmente y no responder que está por ahí en la conciencia o en quién sabe dónde, ya que esto es otra pila de pensamientos que asumimos como que nos dicen una verdad.
Por otro lado, cuando indagamos acerca de la realidad del yo, lo que hacemos es comprender sus características no permanentes (pensamiento, cuerpo, sensaciones, personalidad, carácter, etc.) para entonces apreciar el aspecto permanente de Si mismo, y a eso lo llamamos Real. Las ideas que forman lo que llamamos yo son irreales, porque al realizar la verdad (absoluta) de Ser, se demuestra que este yo es inconsistente, ilusorio, cambiante. Por tanto, según estas premisas es irreal... Incluso está la instancia en que se revela como algo obvio la inexistencia de ese yo en un momento dado... desaparece el yo formado por las ideas, las sensaciones y los sentimientos, para revelarse la permanencia y autenticidad de Ser... 
Del mismo modo, es preciso comprender que toda "existencia", es decir, todo objeto existente (por ejemplo una manzana), no existe o no "es"... como algo separado de la conciencia que de él se tiene. Y para esto se procede a observar agudamente cómo lo que le da aparente realidad es la percepción sensorial, y esta no es otra cosa que conciencia (aún cuando la conciencia es todavía más amplia que la percepción sensorial). 
Además de la percepción del objeto, tenemos la conceptualización de él, es decir, el nombre que le damos: manzana. ¿Cómo podríamos afirmar que el pensamiento (palabra e imagen) manzana es más real que la percepción sensorial que nos indica un color, una forma, una solidez y que además despierta el apetito?
Luego podemos preguntarnos... esta manzana, ¿cómo es que sé que existe? ¿Por cuál medio puedo asegurar la existencia de la manzana, de la mano que la sostiene o del cuerpo que la desea?
Así, tenemos percepciones sensoriales, ideas acerca de lo percibido, un espacio donde esto acontece, un tiempo en que sucede, un cuerpo con sus sentidos y su cerebro con el sistema nervioso que organizan las percepciones, y este cuerpo a su vez es todo un funcionamiento glandular, incluso energético, atómico, etc... y además tenemos los conceptos que ordenan y capturan, abstraen, todo este movimiento consciente.
¿Quién es el dueño de todo este movimiento consciente? 
Esto es indagación, la investigación directa, constatación que no deje dudas.
Maria Luisa

sábado, 9 de julio de 2011

¿Qué nos complica para poder descubrir la realidad?


La realidad no se muestra al ego, debido a los condicionamientos subjetivos, dado que  el ego no funciona sin la dualidad, y cuando se producen contradicciones que toman por sorpresa, en ese momento regresa a su fuente, la conciencia.
Lo que vemos de la realidad está filtrado por el ego. Establecemos doctrinas intentando con ellas acceder a la realidad y lo único que hacemos con eso es formar nuevas vías que conducen a caminos sin salida. Intentando deshacernos del miedo y la tristeza, manifestamos "qué vamos a hacer, si soy así", o "esto es mío", y seguimos llenos de miles de conceptos que esclavizan nuestra forma de ver lo fenoménico. Las cosas  y las situaciones llegan hasta nosotros tal y como son, nada se nos presenta escondido, sin embargo nosotros provocamos más confusión al adicionar más errores. La realidad está allí, puede ser vista por cualquiera que no esté confundido por las estructuras. Es la mente con sus creaciones la que nos impulsa a la ilusión. Se sugiere que con el conocimiento, con el estudio, se terminan las ansias de buscar, pero el error está en suponer que se accede a la realidad por medio de las ideas. Para el que mira a través del ego, la realidad está como con desperfectos. Lo que confunde para ver la realidad es el tiempo, espacio y las consecuencias de la causalidad. Se sugiere mirar todo con ojos nuevos, lo que apunta al despertar espiritual, a salir del sueño del pensamiento estructurado. R.Malak (Resplandor No-dual. 4.14)

martes, 5 de julio de 2011

Realización y el arte de tomar conciencia de la luz



Eres la Luz, eres la esencia de todo cuanto existe. Lo que existe, está ahí porque tú, como luz, lo iluminas. La Luz es puro potencial, como lo que sabemos de la energía. En ello, en su potencial, están todos los atributos necesarios para que las formas se manifiesten, elementos iluminados ante la Luz, y que han nacido de la Luz, por así decirlo.

Eres la Luz, pero en este momento supones que eres una identidad. La Luz es conciencia, y has adquirido una conciencia de ti mismo como identidad. Nunca serás más luz o menos luz, más conciencia o menos conciencia. Lo que sucede es que no lo sabes, no lo has verificado, no has "tomado" conciencia de ello. Tomar conciencia de tu esencial naturaleza es un arte.

En este arte de tomar conciencia de la luz, se procede como con la maestría en cualquier hacer. Primero te das tropezones hasta que poco a poco vas fluyendo en este hacer. Hacer en este caso es esta toma de conciencia de tu propia realidad, como ser, como existencia.

La realidad vista en toda su pureza, puede ser como una luz cegadora ante los ojos que venían acostumbrados a la oscuridad, (y esto es un símil)... por lo que es preciso ir acostumbrándose a la luz menor, a la claridad, a la comprensión. Hay muchos relatos de quienes dicen que un día despertaron a la realidad, y luego pasaron muchos años necesitando revisar los modos de entenderlo.

Entonces la cuestión es... en el proceso de investigación espiritual, no vamos siendo más o mejores Ser, pues el Ser no requiere subir o bajar, ampliar o reducir.... pero sí, el tiempo es la gracia que permite que la luz pueda ver su propio reflejo, llegado el día, o momento mejor dicho, preciso y perfecto para ello. Y que además, se produzca la comprensión de la revelación vivenciada, de modo que ya no haya retroceso ni complicaciones... este arte se vuelve una maestría.

Maria Luisa

Sacado del Foro - Conciencia Esencial

Amigos

Buscar en este blog