sábado, 28 de mayo de 2011

Libertad y Observación



La libertad está en la observación… podemos permitir o impedir… todo aquello que está esperando para salir a la vista. Permitir significa no negar lo inevitable, pues antes o después lo que ha de ser visto se verá. Así es como se explica que todo el universo fenoménico ya está construido en el fondo de la conciencia, y se va desplegando como una película de opciones encadenadas. Sabernos inafectados en lo esencial de nuestro corazón o centro, permite que lo que es vivenciado (visto en la pantalla consciente) se desenvuelva sin generar miedo o angustia.
Con la absoluta convicción de no ser la entidad vulnerable y mortal, todo es observado en completa libertad.
Esta observación no es del dominio de la parte, del sujeto, sino que es lo que atestigua al sujeto que parezco ser. Es la observación auténtica nacida desde lo esencial.

Maria Luisa

(Ver la conversación que se derivó de este apunte aquí )

martes, 24 de mayo de 2011

Causación y Dependencia


La persona no puede elegir porque no tiene voluntad, porque no está viva por su propia cuenta. Eso de mí que ve las cosas y que procede con inteligencia a discernirlas, no es persona. Eso de mí que está vivo no es la persona, es mi ser, el ser… ser.
Eso de mí que tiene la idea de ser una persona, no es la persona sino lo que soy. Una persona es una identidad, con supuesta autonomía y libre albedrío, que imagino ser. Esto es una ilusión, un error de percepción causado por la identificación con el cuerpo.
Inteligencia consciente o conciencia inteligente es eso que se despliega como Universo total de existencia, es el espectáculo vital que se muestra ante mi percepción, vivo y latente.

Todo está unido, encadenado, encausado como todos los átomos de agua en el río que fluye montaña abajo… encausado y encadenado como el río lo está al terreno por donde pasa, como todos los elementos del paisaje, unos amarrados a los otros, río, terreno, cauce, vegetación, montaña, cielo, nubes, estratosfera, cosmos. Si estuviera presenciando esto podría suceder de dos maneras, con la percepción de una presencia física, como si hubiera ido a dar un paseo este cuerpo y se encontrara con este paisaje… o… podría verlo en la imaginación, en los sueños. En ambos casos, soy quien presencia todo ello. Es cuestión de preguntarse dónde está todo eso si no lo percibo, puesto que tan solo nombrarlo, ese paisaje acude como imagen a mi.


Maria Luisa

miércoles, 18 de mayo de 2011

Integridad, coherencia y certeza.




El tránsito por la vida, cuando a esta la considero separada de mi, y cuando vivo en la esperanza de ver mis sueños cumplidos, se hace difícil, trabajoso. Cuando cargo con toda la responsabilidad, considerándome un ser humano mortal, asumo una lucha por la supervivencia y el logro de la felicidad que muchas veces sobrepasa mis posibilidades.

Sé que algunas personas, llegadas al límite, se apoyan en Dios, los santos, los sabios, o algo más allá, trascendental, a quien le rezan y piden, o le entregan la carga. Otros son escépticos y no logran esta entrega, no encuentran alivio aunque sea temporal. Notando uno y otro casos,  les voy a relatar lo que veo, invitándolos a tener paciencia y no descorazonarse si la primera lectura resulta fuerte.

La realidad de ser siempre la tengo por delante. Soy, ¿cómo dudarlo? “Soy”… pelado, desnudo, sin añadidos. ¿Quién puede dudar eso? Manifiesta en el mundo fenoménico me he vestido de tiempo y espacio, abriendo la posibilidad inherente a la razón pura con sus limitaciones, y también a la intuitiva sabiduría de que soy más allá de esas limitaciones.

En el presente activo, dejando de lado el pasado, el futuro o la idea de que el tiempo transcurre, se genera la comprensión de que el pensamiento racional ocurre con forma de esquemas, estructuras que modelan los modos de relacionarse con la vida. Se comprende cómo ocurre la primera fragmentación, la aparición del ego, cuando me identifico con un objeto que camina por el mundo del tiempo y el espacio, desapercibiendo que estos son sólo vestidos transitorios.

Considerándome un objeto veo la vida como algo separado de mí, algo que obtuve al nacer y que perderé al morir, suponiendo que la vida continuará sin mí. He olvidado que soy la Vida, y me he identificado con un objeto finito. ¿Cómo ocurre esto? Ocurre al asumir la forma como mi identidad, el cuerpo, el equipaje de ideas y la tensión psicológica resultante del movimiento de esta entidad que se distingue de los demás objetos e identidades del mundo.

Esta identidad es como la tarjeta de presentación para moverme en el mundo de la dualidad, para permitirme la experiencia de la vida dentro de sus múltiples aspectos, como si lo Divino, Dios, estuviera permitiéndose el disfrute del sabor, del olor, de la visión de espléndidos paisajes, la experiencia de la pasión, del encuentro, del logro y del fracaso. Saborear los aromas de la vida, de lo natural, y también poder “ver” como la mente es capaz de elaborar tantos dibujos que pueden esbozar desde lo más sórdido hasta lo más sublime.

Sin embargo, moviéndome con la inseguridad que ofrece el limitado y transformable instrumento de expresión, si me baso en la certeza errónea de ser el cuerpo, el miedo y la duda son la carga más pesada. Una mirada estrecha que ha dejado de lado su propio centro inmutable, como haciéndose la ciega, olvidada de la absoluta integridad que impregna cada acontecimiento percibido. Como un caballo de carreras, con gríngolas a cada lado de sus ojos, sólo mira hacia la meta, hacia el ganar, el éxito, la fama. Como si en ello consistiera la vida y la razón de ser, suponiendo que la obtención del premio será dadora de toda la felicidad posible. En una carrera de caballos hay muchos en la lucha por el premio. ¿Acaso la felicidad le pertenecerá a uno solo?

La felicidad no es un producto, no es algo obtenible. Al menos la auténtica, esa que todos intuimos como posible y muchos creen no haber conocido. La felicidad es Ser, pero con los vendajes sobre los ojos sólo es posible ver sombras y se vive una inseguridad llena de la fragmentación que produce la duda, el miedo, la finitud.

Ser no es una alternativa, no se elige, se Es.

Reposa tranquilo y sin temor, échale una mirada atenta al torbellino, tranquilo porque es tan sólo como ver una película.

La realidad está detrás de los ojos, vendados o no, es la certeza de saber que soy, de saber que veo sombras, luz u oscuridad… de saber que soy esta presencia permanente. Ojos abiertos o cerrados, la Conciencia está de trasfondo. Experimentar esta constancia, esta permanencia, repentinamente puede permitir un resplandor que no es visible, sino que es como la llama del fuego que sale por los ojos, (abiertos o cerrados) y que ilumina cada percepción, cada pensamiento, cada sensación… este saber de las cosas existentes, esta eterna permanencia inmutable. Hay paz en ello, hay una felicidad indescriptible, un gozo que sólo cuando se deja de lado la duda, se muestra como esta Vida centrada, íntegra, completa, en la total comprensión de que todo aquello que existe, está ahí sólo porque lo percibo, lo veo, lo asumo, lo comprendo y le doy validez.

Dedicados a tratar de conocer la personalidad que se ha formado, creemos que así nos conoceremos a nosotros mismos. La personalidad es un modelo resultante de estructurar las ideas acerca de cómo soy, y creo que soy eso que expreso. El verdadero conocimiento de Si Mismo es saber de la eterna e inmutable Presencia que todo lo sostiene en la infinita Conciencia.

Desde ese eje, centro o corazón de donde irradia la expresión de la vida, como estando en el ojo del huracán, toda acción nace de la integridad de Ser, no dando cabida a la mentira, el engaño o la falsedad.

Coherencia entre lo que se piensa, se siente y se dice es luz que nace de Si mismo libre de confusión, confiado en ser, algo imposible de encasillar en algún concepto.

Lo que fortalece el ego es la creencia de que el cuerpo, la personalidad o la historia me definen, lo fortalece la sombra que generan las vendas de la ignorancia, de haber sido atrapado en un mundo de dualidad, separación, intereses, pérdidas y ganancias, miedos y dudas, verdades a medias, manipulaciones, mentiras, y sobre todo un engaño que conduce a la separación, un mundo al que le doy validez tan sólo porque creo que existe.

Sólo en mi está la libertad de observar la realidad o irrealidad de cada cosa, de cada idea, y principalmente, qué tan real es la idea que tengo acerca de lo que soy. Las ideas son eso, sólo ideas… la pregunta fundamental es: ¿quién presencia las ideas? ¿Es acaso esta Presencia anterior a todo lo que aparece y desaparece? Esta es una investigación valiente.

Esta indagación es mi invitación a que sea hecha, alentando de la manera siguiente. Cuando con todo el ser, corazón, inteligencia, ímpetu, deseo, anhelo, atención, énfasis, como si fuera lo único importante, como si la vida dependiera de ello, se acomete esta potente mirada, atrevida y sin miedo, se revela de inmediato esta dulzura de la flexibilidad, belleza y fluidez de lo que siempre ha sido. Y cuando sentimos que no podemos solos, en esta intensidad que nace como genuina, el universo mismo manifiesta lo necesario, ya sea bajo la forma de algún apuntador, algún libro, algún evento… la Totalidad está permanentemente aquí, como la Gracia que te mueve en el sentido de la verdad.

La felicidad siempre es presente, presente como regalo, presente como presencia… en esta ininterrumpida corriente de conciencia que es el puro y libre movimiento de Si Mismo, eternamente aquí, con o sin dualidad, con o sin opuestos, más fuerte y poderoso que ninguna causa o que ningún efecto.

Coherencia entre atención, sentimiento, sensación, percepción, conocimiento, acción… así es esta totalidad expresiva, como infinitos colores sucediendo en la luz.

Maria Luisa

viernes, 6 de mayo de 2011

MEDITACIÓN COMO DISCIPLINA


El otro día un amigo me preguntó: ¿Maria Luisa, tú meditas? Le contesté que la meditación es nuestro estado natural.  En realidad en meditación se muestra que no hay alguien meditando… sólo hay meditación, conciencia. Esta mañana recibí una invitación por facebook a un evento para la práctica de la meditación, veo que es una opción que poco a poco se va mostrando a más y más personas. Se ofrece en primera instancia como algo muy beneficioso para librarse de las tensiones que proporciona lo cotidiano: los miedos, las dudas, la incertidumbre e inseguridad. Algunos lo entienden como ir a un spa de fin de semana que les permitirá limpiar los poros de toda su expresión (cuerpo, mente y emociones). Como práctica constante de vida, diría que la meditación es la práctica por excelencia del que vive en el mundo sin pertenecerle, cuando se evidencia como la condición más natural, libre de todo esfuerzo y simple. Al comenzar el acceso a esta instrucción, el individuo, desde una mirada centralizada en su persona, espera armarse de un poder que le ayude para lograr sus metas. Las personas buscan en varias direcciones, por lo general sin saber inicialmente cuál es su punto de partida. Ponen su mirada en ideales, esperanzas, metas a largo plazo o a corto plazo. Las metas de cada cual son muy variables, van desde el logro profesional hasta la realización de lo real, desde asuntos del mundo y las relaciones personales hasta cuestiones de la profundidad de comprensión.
Me fui a extraer algunos párrafos de un largo capítulo dedicado al tema en el libro Resplandor No-dual, tal como nos lo expone R.Malak..

Para los que les gustan las definiciones, se puede decir que la meditación es la comprensión de sí mismo, es despertar y escuchar a lo Divino pasivamente y en recogimiento. Allí pedimos a lo sagrado con recogimiento, y si no nos da, sabremos que es lo mejor, que aún nos falta preparación. La comunicación está abierta en un umbral que no es posible imaginar ni especularse, el yo comienza a cesar y quedamos atentos a escuchar. 3.1

Para conocer qué es la meditación es preciso tener claro qué es la conciencia. Conciencia es darse cuenta. La conciencia funciona como una corriente y no como serie separada de segmentos. Es una sola, continua, homogénea y sin interrupciones, conteniendo todo aquello que pueda ser observado. La mayor o menor inmediatez en el acceso a estos contenidos, produce la impresión de que hay niveles o capas. En este sentido se considera que la conciencia está compuesta de capas superficiales y capas profundas. Los estudiosos han establecido distintos nombres para estos niveles, como lo consciente y lo inconsciente (subconsciente).

Conciencia es el trasfondo permanente donde todos los contenidos objetivos y conceptuales se mueven como un río. Ante la primera objetivación consciente, la definición del yo como entidad identificada con un cuerpo, un modo de ser y de pensar, la conciencia se centraliza y de ese modo se da cuenta de la persona y el mundo que la rodea. Por tanto, se considera en una primera instancia que conciencia es el saber que tenemos de nosotros mismos y de nuestro alrededor. Se detecta a través del cuerpo, la mente y la emoción, a través de sensaciones, pensamientos y sentimientos. De la conciencia centralizada, o de la individualidad, se deriva la mente (entendiendo a esta como la función que ordena todos los contenidos o pensamientos), y se le reconoce porque se mueve entre el pasado y el futuro, nunca en el presente.

En la centralización estamos solamente conscientes de cosas que están terminadas o que imaginamos o proyectamos. La conciencia centralizada, al atender exclusivamente a estos ordenamientos mentales que buscan sentido racional y lógico, basándose como referencia en la identidad personal, funciona como un péndulo que oscila hacia atrás y hacia adelante en el pasado y el futuro. En esta limitación de la atención, el pensar está condicionado por los aprendizajes y acumulación de experiencias que generalmente se mantienen en forma subconsciente, por el pasado, que se proyecta al futuro, conformado por los pensamientos acerca de la búsqueda de logros. Al momento que admitimos el pasado debemos admitir el futuro, porque uno depende del otro, produciendo una linealidad en un tiempo mental, que siempre ocurre en la conciencia presente. 3.2

En la senda se propone la meditación, en un inicio, como un modo que apunta a reconocer primero la realidad de lo que somos y lo que es el mundo, para entonces recogerse y disponerse a escuchar o tomar conciencia de lo Divino, lo esencial. Meditamos porque vivimos en un mundo de lucha, en permanentes conflictos, estamos constantemente expuestos a fuerzas que se mueven y provocan odio, envidia, miedo, sufrimiento, ignorancia y preocupación. Meditamos porque el mundo está cada vez más competitivo y deshumanizado de modo que solo nos entrega pequeños minutos de sucedáneos de paz a través de entretenciones, a cambio de muchas horas que nos dan conflictos y preocupaciones. No meditamos para escapar del mundo, no es una actividad que nos encierra y nos aísla, es para buscar comprensión del mundo y su forma de comportarse, ya que de este modo descubriremos como todo este bullicio son proyecciones generadas a partir de las limitaciones y divisiones producto de la mente.

La meditación de la mañana, aunque sea por unos pocos minutos, nos entrega armonía para todo el día. A través de la meditación obtenemos instantes de paz y armonía, ya sea por 5 o 15 minutos, que nos permitirán cargarnos de energía fortaleciendo nuestro cuerpo, nuestra mente y las emociones. Con la meditación provocamos un desenvolvimiento y podemos escuchar a lo Divino, transformándonos en lo que somos, lo inmortal en el mundo interno de lo Divino. Con la meditación, recogemos lo que nos pertenece por derecho: paz, luz y deleite. Necesitamos llenarnos de ese alimento espiritual, de la luz, así como necesitamos conocer la estructura de la vida cotidiana, con su competencia y su codicia, ambición y búsqueda de poder, y se justifica cada vez más acceder al nivel de la meditación, provocado por el instante de silencio de la mente permitiendo que la conciencia se abra a lo más alto en paz, luz y deleite. 3.3 (Resplandor No-dual. Meditación, Capítulo 3)

Cada día se abren más modos para ayudar a las personas, tales como coaching, PNL, Psicología en sus variados enfoques, asesoría filosófica, terapias alternativas, maestros espirituales, prácticas devocionales, entre otros, a lo que incluyo la meditación, como efectivo modo para reconocer dónde estamos ubicados, escuchar desde lo que nos dice la sabiduría que surge de si mismo y asumir una comprensión certera que nos despeja la vía en pos de seguir la ruta que va marcando la vida misma.

Maria Luisa

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