jueves, 28 de abril de 2011

OTOÑO DE LAS SOMBRAS


La luz conquista
todo este espacio
surgen las cosas




Por aquí se acerca el invierno, amenaza, una vez más, con congelar el año, el tiempo. El movimiento. Mientras tanto esta semana en Inglaterra se preparan para la gran boda real, en Canadá una amiga está contenta porque la primavera ha descongelado el río cerca de su casa, en Venezuela durante la Semana Santa que todos aprecian porque es un excelente momento para vacacionar, muchas partes estuvieron inundadas por las lluvias. Aquí en Chile pronto hibernarán los sentidos debajo de los abrigos, en la caverna de la quietud.

Quizás serán sueños, pero alumbrados, vivamente, inevitablemente, por la luz de una atención que los observa, esta que nunca duerme, aunque pareciera escondida por momentos, cuando ignora su propia presencia, absurdamente… velada de ignorancia. Como el invierno.

El otro día una querida abuelita de 84 años me invitó a su casa y con mucho orgullo me mostró su dormitorio donde las paredes están forradas por fotos suyas, desde niña. Caras y caras a lo largo de su niñez, adolescencia, juventud y madurez, de una singular belleza. Y me dijo que las fotografías muestran siempre momentos felices porque nadie se deja fotografiar cuando está triste. Es una mujer regia en belleza física y también en fortaleza emocional, que se acerca a la senitud y a la muerte del cuerpo inminentemente. Su fuerza vital la mantiene muy activa y algunas veces menciona que ella se siente como de 15 o de 30, viva. Es el punto donde me daban ganas de plantear esta pregunta ante su apego a las fotos de su dormitorio y los cuentos que me contó, que denotaban su lamento por la pérdida: ¿y quién eres realmente que se mantiene en plena fuerza vital muy a pesar de los cambios que ha pasado tu cuerpo?

Lo llamo ilusión. Y es iluso porque se demuestra en el propio sabor de sí, la inmensidad del sentido que lo distingue, a Si mismo, pero se ignora el propio ser como fuente de toda cosa concebida y como una irradiación de felicidad pura y paz. Y no es una ignorancia intelectual, sino factual. Se desapercibe que la experiencia es algo vivo, cuando se enmascara y petrifica como un recuerdo.

Alguien que no quiero nombrar por tan cercano, es una muestra genuina del poder que muestran algunas personas inusuales, eso que es creatividad que se desborda. Cuando se pone de frente a la obra que está naciendo, se pierde de su ego, se olvida de sus problemas, y no sabe del tiempo o el espacio, sino de aquello que se está moldeando bajo su destreza de artista. Luego, al guardar sus herramientas, apenas sin esperarlo, los pensamientos del deber, de la carencia, del deseo, le hacen olvidar la felicidad. Y llora ante un sufrimiento de soledad, de pérdida, de situaciones que se pone a destacar, a tal punto, que olvida tantos aspectos hermosos de la vida que está viviendo. Y de nuevo cuando me cuenta sus situaciones que llama terribles, quisiera preguntarle: ¿y quién eres realmente que vibra con tanta alegría tranquila cuando tiene por delante sus bellas creaciones?

Miramos las sombras que destacan olvidando la fuerza, la intensa potencia del origen, como Esto que conoce todos los pensamientos y todas las emociones. Esta palabra sánscrita sale a la vista, tan profunda en su significado, Maya, ilusión sensitiva, sensorial, a su vez creativa y atenuante de la luz. Como el claroscuro del artista, deja tan solo la intuición del foco de iluminación, como si estuviera más allá de los ojos que aprecian los contrastes. Ojos, linternas de luz inapreciada, expresión y vivencia atemporal que contiene la fuerza de lo creativo que emana de si.

Una chica joven, graciosa, inteligente y bella preguntaba hace unos días por qué la felicidad parece siempre escaparse. Estudios, preparación, admiradores, amigos, y sin embargo, siempre parece que hay un paso más allá para completar la felicidad. Quizás la sociedad, la cultura, el medio ambiente citadino lleno de propaganda comercial, problemas financieros creados por el mismo sistema, necesidades implantadas por los creativos publicitarios para vender productos como seguros de vida y salud, promesas de cuerpos siempre jóvenes, ofertas de la moda que hará que las personas sean más apreciadas, la educación que instala la urgencia de ser siempre más, más educado, más erudito, más diestro, más competitivo, sean semillas que se van tragando y asumiendo como admisibles, hasta el punto de llegar a no ser capaces de cuestionarlas. Se deja de discernir y se es un reflejo del pensamiento colectivo conveniente. Yo quisiera preguntarle a esta joven: ¿quién eres realmente que es capaz de recibir, asimilar, ver y responder, más allá y antes de todo lo aprendido?

Me hace decir: ideales, como fulgores de intuición de lo inalcanzable, que está siendo esperado desde el fondo de la caverna, temblando miedos y argumentando escalofríos. Nuestros cuerpos como seres humanos están exquisitamente diseñados, y a la luz de los últimos descubrimientos acerca de las potencialidades del cerebro, aparece como un mecanismo dispuesto de antemano para un inmenso desarrollo, una evolución continua de las posibilidades expresivas. La propuesta constante de algo más, aunque es sin duda un potencial inseminado en este diseño del “hombre”, es decir, del instrumento orgánico de cerebro desarrollado, al proceder desde el ego-mente, en el olvido de si mismo original, se encumbra con arrogancia como si fuera un dueño de algún poder superior que desea ejercer en la obtención de algo externo a si mismo, y lo que nos muestra como efecto, la sociedad y mundo que tenemos actualmente, deja mucho que desear en cuanto al ideal de una vida civilizada, culta o armónica.  

Así es como vemos lo que hace este “hombre” con lo que lo rodea… desde el deseo de la posesión y el dominio. Un poder que como fuerza de vida no tiene pertenencia se muestra presentando a un amo y señor de las cosas, si bien es cierto que lo esencial, como si mismo sin forma, es amo y señor de toda existencia. Donde surge la confusión es cuando se usa el poder para suplir una carencia de sentido o de autoestima. Significa que es un poder que se está encarnando desde el error perceptivo. El error de haberse supuesto inestable, carente, mortal.

Todas las tradiciones sagradas y la filosofía perenne señalan las vías y los modos del verdadero conocimiento de sí mismo. Menciona el zen la Mente, el advaita vedanta la Conciencia, el cristianismo la Conciencia Crística o al Dios Padre como fuente de lo existente, así mismo el sufismo presenta la unión con lo Divino. Conciencia Cósmica, lo Divino, el Origen, la Fuente, en definitiva, sea cual sea el nombre, eso que no requiere trascender ni evolucionar porque en si mismo es el sostén universal, como esencia suprema, de todo lo existente. Y es mencionado como Ser Conciencia Felicidad - Vida Luz Amor. Lo que Es, lo que Soy.

El amor es como una llama para el discernimiento. Bhakti (devoción) o Jnana (discernimiento y sabiduría), ambos son idénticos mientras no haya ceguera. El amor ciego corre el riesgo de caer en la trampa del vanidoso. En cambio el amor verdadero no miente, lleno como es de intuición pura, porque el si mismo sabe perfectamente dónde está la vía más clara, quién se muestra con autenticidad. Se sabe con certeza cuando el oído está limpio, cuando la escucha sucede desde lo profundo, sin juicios. Y es aquí que amor verdadero y observación sin juicios no son diferentes.
Ahora volviendo al amor… ¿qué puede ser más enamorante que la lumbre y semilla de toda manifestación? Enamorarse de si mismo viéndose en cada cosa. Cierto que es tan extraño el olvido, cuando se aprecia la cosa y no esto que la está sosteniendo. Este olvido, esta ilusión, esta Maya, hace parecer que algo falta y hace buscar siempre algo más que complete la plenitud.

En la senda de la profunda indagación espiritual, en el camino que se presenta ante nosotros con la fuerza de lo veraz, unos van en brazos del padre cruzando el bosque de la vida, otros caminan a su lado, valientes, corriendo el riesgo de caer para volverse a levantar. El que va entregado es como quien acepta todo absolutamente sin un solo gramo de duda. El que camina con sus pies comprende la duda como es, la simiente del pensamiento, que mantenido ante la visión de fuego verdadero se convierte en puro discernimiento, inteligencia activa. Como rayos X, la mirada que discierne sabe distinguir lo falso, como ave fénix de mirada potente, la inteligencia esencial consume el proceso de búsqueda, y renace a cada instante con nueva visión. Y al producirse el resplandor no dual, padre e hijo, son vistos como Uno. Amor y sabiduría no son dos.

Maria Luisa 

lunes, 25 de abril de 2011

SIN RENDICIÓN


Nace el deseo de ser
como un fulgor consciente,
que bajo el influjo de una fuerza
que emana del corazón,
va construyendo en adobe
los palacios del pensamiento.

Si un terremoto de dudas
retumbara con fuerza,
¿dónde quedaría la estructura
de lo que creo que es cierto?

Navegar por la vida
como viajes de un errante,
respirando los aromas de cada instante,
hace escombros del tiempo pasado,
y solo sigue la ruta
del iluminado camino sin meta.

No hay finales donde no hay comienzos
y el ahora eterno nunca ha amanecido.

Es verdad lo que sostienes e incierto lo desconocido,
¿quién estará ahí para darte las respuestas?

Vivimos, respirando cada hora
sin conciencia del aire,
revisando como quien mira las cuentas
en una antigua máquina registradora,
si todo está en su lugar.

No, nunca está en su lugar cuando hay expectativas,
siempre hay algo que alcanzar.
La contabilidad mental se ocupa muy bien de mostrar
las fallas y carencias,
el posible perfeccionamiento del hacer,
de los ideales, de cada relación
con la otra persona que me importa,
ya sea por cariño o por conveniencia.

Sin ser capaz de asumir la rendición
se sigue en una batalla de construir y desbaratar las ideas,
para que se acomoden
a alguna esquematizada concepción
que una vez se asumió como perfecta,
y es posible que ni siquiera se sepa
de dónde surgió esa semilla.

Pero la fuerza de la vida no cesa,
inafectada por todo el cuento que me cuento,
una fuerza de luz que alumbra
y a la vez juega a las escondidas,
dejando espacios oscuros para futuros descubrimientos.

Maria Luisa

miércoles, 20 de abril de 2011

Huellas en el agua



Hay  instantes de inspiración, para escribir, para cocinar, ¡hasta para planchar! En cada simple cosa que se hace puede haber una fuerza inspiradora que la sostiene y no es egoísta. Solo que apegados al “fui”, “vine”, “hice”, como sujeto a las acciones, se muestra la “conciencia yo” apegada al hacer. Como cada situación en este mundo manifiesto, cada aspecto tiene una contraparte. Lo contrario al hacer inspirado es el hacer condicionado. Por suerte existen ambos aspectos. Averiguar acerca de la naturaleza de la conciencia y permanecer como uno mismo, es el modo de entender. Por las mañanas me despierto, voy de inmediato al baño, mi primer contacto con el agua, elemento primordial de la naturaleza… lavarse los dientes y el cuerpo. Aparece como mecánico y condicionado y sólo se sabe de ello cuando hay carencia del elemento.

Son acciones como proceder, ir y venir, que pertenecen al cuerpo, diciendo yo, aunque la mecanicidad del proceso es completa y total, mientras noto que queda libre una escucha, un ver lo que se va presentando. Recuerdos o proyecciones pasan por el registro mental. Pero ni el cuerpo es la conciencia yo, ni la mecanicidad es la conciencia yo, dado que ninguna existía antes de nacer, ni se encuentran en el sueño profundo. Mientras que simultáneamente están la viva presencia que todo lo ve, observa, escucha… y la presencia física, condicionada, la que se mueve según causa y efectos, incluyendo la mecanicidad y la charla de la mente con los pensamientos condicionados que intentan presentarse como fondo.

Digo de este cuerpo en su ducha matinal y lavado de dientes, como algo que aparece como yo, pero es el efecto inmediato que responde a lo aprendido. Y la presencia que todo lo ve y escucha, todo lo siente y sabe, está ahí igualmente. Donde quiero apuntar primeramente es a la conciencia yo que aparece en el comienzo, en relación al cuerpo, mostrando juicios como ignorancia, egoísmo, soberbia, vanidad. En todo ello, ya sea  abierto o cerrado, amplio o restringido, claro u oscuro, siempre soy. Eso que todo lo ve y escucha y siente, muchas veces parece solo ver pequeñas cosas, aspectos, partes. Lo que aparece como yo puede sentirse en el centro de si mismo como una especie de resplandor sin conceptos, como conciencia pura, dejando de lado las ideas, sensaciones o sentimientos, que rueda que rueda, una y otra vez dando vueltas y rumiando, son identificados como el Samsara.

Eso que todo lo ve y escucha y siente, en su infinita amplitud y apertura, sostiene mucho más de lo que parece. Infinitamente más. Se descubre que no hay un modo más correcto que otro, darse cuenta está presente. Es como bajar a un sótano oscuro, una oscuridad que acoge y protege. La linterna de la atención puede estar en manos de la mente, de los procesos duales, haciendo que el cuerpo permanezca adueñándose de la identidad aunque no pronuncia la palabra yo. Se indaga con agudeza. La pequeña linterna va alumbrando entonces algunos rincones pero otros siguen en la oscuridad. A donde dirijo la linterna, la oscuridad desaparece, pero lo que no está siendo apuntado por ella vuelve a estar a oscuras. Así que veo tanto los rincones alumbrados como los oscuros. La luz se mueve, apunta, alumbra y es este  yo quien la dirige. Así es la atención manejada por la persona, puede sostener un pensamiento, una cosa, un instante cada vez. En el tiempo lineal no puede ser de otro modo. En el proceso de causas y efectos, en lo manifiesto, siempre es así. Una cosa tras de otra. Una por vez.

Cuando desaparecen los innumerables pensamientos que cruzan la pantalla de la conciencia, permanecer en calma, y las trabas que complicaban como el egoísmo absorbente apegado al sentido de ser el cuerpo se disuelven. Estoy ahí, la luz dirigida hacia la impermanencia iluminada, permanezco en una revelación muy simple, obvia y tremendamente esclarecedora. La comprensión aparece mostrando la diferencia de claro-oscuro en una comprensión absolutamente inmutable, la forma yo se extingue en una liberación sin lugar a dudas.

Todos los pensamientos aparecen en la conciencia, surgen del conocimiento de la forma, del ego como causa y origen de la aparición de ellos, con el yo como primer pensamiento. Hay cosas que agradan y otras que no, hay deseos y miedos, y hay un querer que se va detrás del placer escapando del sufrimiento. El movimiento lineal en lo manifestado es así, como el cauce de un río, entre dos riberas. Si se destruye la soberbia del ego, raíz de la ilusión Samsara, los pensamientos llegan a su término. Se descubre que el hacer se da por sí mismo y el si mismo lo presencia en la observación sin juicio, como en un ascensor donde las paredes están forradas de espejos. Me veo en ellos, y me veo y me veo y no termina. Cierro los ojos y sé que el mirar nace de mi, inafectado por lo que es visto. Abro los ojos y esta realidad no cambia, sin duda soy quien todo lo ve.

De este modo la mente vuelve a su fuente, y abandona la tendencia a que el cuerpo aparezca como el si mismo, que es la razón de todos los problemas indicados. Nada me completa ni me define, y cuando esto es descubierto, entonces puedo olvidarme de mi, ya que no requiero estar pendiente para cuidar de esto que se sostiene por si mismo, desde la eternidad hasta la eternidad. El cuerpo, la mente, el sentimiento, ocurren, el cuidado necesario del instrumento sucede. El placer, el dolor van sucediendo y el cuerpo tiene mecanismos ya diseñados para dar aviso, la intuición para la supervivencia del cuerpo ocurre por si misma.

Sobre la superficie manifiesta del Océano las olas suceden, permanecen en el tiempo, más o menos largo y luego desaparecen. En la arena del desierto quedan las huellas de los nómadas y el viento las barre, como si nadie hubiese pasado por allí. Así de impermanente es la apariencia de lo que soy. Transitoria, como el rotar de los caballitos del carrusel. No así la realidad de lo que soy, absolutamente permanente. En un solo instante acontece el resplandor que aclara toda la confusión. Lo Esencial permanece como la naturaleza de si mismo, que resplandece en el corazón o el centro.

R.Malak y Maria Luisa




miércoles, 13 de abril de 2011

SER Y HACER



Desde el punto de investigación que se emprende para el conocimiento de si mismo hay dos direcciones, que parten de un mismo deseo y enfocan a lo que en principio aparece como opuestos: 

1- Conocer y comprender el cómo soy, el hacer en el mundo (tiempo, espacio, manifestación, fenómenos) personalidad, mundo psicológico, esto se refiere a la identidad como persona, como entidad psíquica y física.

2- Conocer y comprender el Ser que soy anterior al mundo (invisible, indescriptible, atemporal) Ser Conciencia Felicidad, esto se refiere a la realidad fundamental y que trasciende toda expresión.

Maria Luisa

¿Qué relación hay entre lo que uno hace y la conciencia?

R.Malak: Lo que uno hace procede del estado que filtra el cuerpo, la  mente y la emoción, por tanto podemos decir que así nos asomamos a ver la vida a través de lo cotidiano; es la mirada hacia lo fenoménico.  La manifestación de esta vida se observa, la mayoría de las veces, a través del atuendo corporal. Este instrumento se mantiene activo por el alimento que se consume. Por otro lado, el darse cuenta está filtrado por la conciencia centralizada que es una emanación de la conciencia esencial procedente del Ser. La conciencia manifiesta o centralizada, se halla infundida por el soplo vital, que con su dinamismo, permite que  funcione  mientras el cuerpo esté sano, de ese modo se ejecutan todos los procesos elementales de percepción, o movimiento, todo gesto, toda palabra y toda acción. Eso desencadena una sucesión de acontecimientos que marcarán  las rutas de lo que ocurrirá con el transcurso del tiempo. Algunos filósofos hablan de conciencia de esto o aquello, que es distinto de la conciencia en si misma. Se confunde generalmente el hacerse consciente de algo, como constatación por vía  de la percepción, con la conciencia que es independiente de los modos de percepción. De esa confusión proviene que uno se considere a sí mismo un individuo delimitado por los modos de percibir,  por tanto se mueve entre el dolor y el placer. En la conciencia en si misma no se plantea la cuestión de la felicidad o de la infelicidad, sin embargo, el hecho de experimentar está aquí, y se debe a la aparición de la conciencia de lo manifiesto, por tanto si la conciencia de lo objetivo no aparece, no hay experiencia y no hay hacer. Incluso antes de la conciencia manifiesta, está el principio esencial de observación sin juicio, como presencia que conoce a la conciencia de las cosas, dándonos cuenta que si no está la conciencia del movimiento, la observación se detiene. De esta manera, si desaparece el yo personal que hemos tomado por real, que nos permitía unir las experiencias como por un hilo conector, sobrevienen inicialmente, para algunos, unos instantes de confusión, para entonces aparecer con toda propiedad la realización de sí mismo, que es saber el propio condicionamiento que teníamos. (Resplandor No-dual 15.7)

jueves, 7 de abril de 2011

No Dualidad Conocer la mente 8/8


Conciencia es darse cuenta.

Si el darse cuenta está condicionado por la identidad... carácter... personalidad... medio ambiente... sociedad... cultura… educación... entonces hablamos de función de la conciencia... y ese darse cuenta es mente.

La propiedad de Ser sin condicionamientos de ninguna naturaleza... en pureza... sin contaminación...  es Conciencia...o Conciencia pura... o Presenciación consciente.
La mente como función de la conciencia centralizada y condicionada... tiene 3 estados...
dos con contenidos y uno sin contenidos. Vigilia y sueño con sueños presentan contenidos de conciencia. El sueño profundo no contiene algo que observar.
A pesar del movimiento rotatorio de estos tres estados, la presencia de Ser Si mismo es constante y atemporal.

Darse cuenta en forma abierta - observación sin juicios - devela y aclara, presenta comprensión.
Darse cuenta en forma limitada es la dualidad que presenta la mente al individualizar un sujeto que percibe objetos y subjetivaciones finitos.
Darse cuenta sin fronteras es Ser y Ser es darse cuenta… Ser es Vida y Vida es Ser felicidad, Plenitud.
El funcionamiento de la conciencia se conoce como mente. Soy Conciencia y se produce la ilusión de Yo pienso. La vida deviene espontáneamente y se produce la ilusión de Yo hago.
Al funcionar la mente, lo que es fluido se cristaliza. Lo que es pleno presenta la idea de carencia debido al contraste de opuestos y dualidad.
La presenciación permanente se cubre con la ilusión de ser mortal. Esta ilusión conlleva al miedo, que está sustentado por la mala interpretación de la realidad.

Punteamos una especie de recorrido de retroceso desde la mirada velada por lo automático de una mente que no se conoce... hacia el origen mismo de esa mente, un origen que es nuestra esencia, Conciencia que sostiene el funcionar de la mente y toda la compleja gama de pulsiones emocionales y de carácter, las pasiones que buscan aflorar por medio de cada expresión.
Poder verlo, en forma acogedora y consciente, para no dejarse arrastrar por las sombras, sino caminar por si mismo. La sombra, entendida como mente, se produce. En todo caso que la sombra te siga. Y aun más allá de esto, de poder caminar la vida... más allá de una vida funcional o de una persona feliz, está el que ansía reconocer su esencia como el único deseo… reconocerse como lo absoluto... pleno y libre de las preocupaciones de cómo procede a moverse lo manifestado.

El reconocimiento de este Presente Activo en que se está desplegando continuamente la Vida, Pura Conciencia que observa los cambios y los fenómenos, que observa la aparición y desaparición del ego, el surgir y sumergirse del sentido de yo soy, es Realización.
Conociendo la formación mental y desapegándonos de los pensamientos, la identificación se diluye en su fuente, que es la conciencia, comprendiendo a la mente estructuradora como  parte de la manifestación no separada de lo Indescriptible.

sábado, 2 de abril de 2011

SE HA DADO

 
Hay capacidades y habilidades, como dones que se muestran  y despliegan en cada manifestación de ser.
Algunos el canto, la música, la pintura, las matemáticas, las relaciones humanas, la carpintería, esculpir, hacer cuchillos y espadas. El baile, la poesía, contar cuentos, cocinar, ordenar, construir y hasta destruir. Se han mitificado estas capacidades en dioses y diosas, deidades, musas, ninfas. La filosofía, amor a la sabiduría… las artes marciales. Expresión en movimiento de las capacidades y posibilidades de la esencia que es Conciencia. Conciencia que deviene en Hacer, Noúmeno que deviene fenómeno, lo Primordial se hace Verbo.

Estas expresiones, como dones, se dan en el ser que se ha presentado como hombre, mujer, niño, niña, bebé. Un instrumento evolucionado en cuanto a sus capacidades de procesar y producir los hechos que nacen de su arte de “venir a existir”. Esculturas, poemas, arquitectura, ciudades, programas electrónicos, diseños de arte publicitario, discursos, óperas, casas, barcos, objetos, algunos de gran belleza, otros de mucha utilidad, algunos completamente inútiles aunque atractivos por su impacto visual o táctil.

La fuerza y poder de emanación se manifiesta como objetos apreciados por los sentidos: escuchar, sentir con la piel, saborear, oler y ver.
Escuchar el canto de un pájaro o unas palabras amistosas, sentir el agua cálida del Mar Caribe, saborear un mango o un exquisito plato gourmet, oler el aroma de una Dama de Noche o un perfume de último diseño, ver un paisaje o la última película taquillera… o ver tus ojos y la profundidad que se muestra de tu alma silenciosa… que es la mía. Todo ello es mío, lo siento, percibo y disfruto. Hacer de la naturaleza y hacer del hombre.

Me he dado yo, te has dado tú, se han dado ellos, en esta sinfonía de expresiones del Si mismo, Uno Mismo, Único e indivisible en Realidad. Se da esta ópera de los muchos en un escenario llamado mi vida. Opertura y sus etapas hasta el Finale. En el justo descanso la emanación regresa a su fuente, una y otra vez, como una respiración.

Se da el cuerpo, con la magnífica disposición de los sentidos sensoriales, el sistema nervioso y endocrino, la estructura ósea, muscular y los tendones… todo ello un instrumento maravilloso que ocupo para moverme por el espacio. Se me ha dado la mente o capacidad discursiva que convierte mis percepciones en palabras, memoria e imaginación, pasado, presente y futuro, y se me ha dado la capacidad de sentir, sentimientos y emociones como placer intenso de alegría, fascinación ante la belleza de una música armónica o una puesta de sol, el miedo ante un peligro inminente que me alerta y me hace salir corriendo o proteger este cuerpo. Toda una instrumentación: el cuerpo, la mente y las emociones, un exquisito diseño con el que me he vestido para expresar mi propia emanación y percibirla, como mundo, como si este fuera otro ajeno a mi. Lo infinito de mi se hace finito y por medio del contraste de la dualidad (sujeto-objeto) disfruta sus múltiples formas objetivas y subjetivas.

Se ha dado a la luz de la omnisciencia presentarse aquí y ahora, como yo en el tiempo y el espacio, para poder disfrutar los infinitos colores del arcoiris de este universo que no es otro ni distinto de Si Mismo. Utilizar mi instrumento de expresión para disfrutar la propia manifestación de ser entre todo lo que es posible vivenciar con los sentidos, relacionar con la mente y experimentar con la emoción.

Lo esencial se mueve armónicamente hasta que ocurre el quiebre. La distorsión que se genera debido al apego a la identidad o ego que se ha ido formando en este desenvolvimiento de vivir. Se cubre la luz de ser, la belleza, la armonía, la creatividad, la inteligencia, el amor, con el velo de la identidad, con un yo creado por la mente, un yo que significa suponer que soy el instrumento, que se adueña del hacer y pretende adornarse con todos los méritos. Que se cree completamente vulnerable, ya que sin duda el cuerpo es mortal y la mente encapsulada en la memoria también es mortal. El miedo a su muerte lleva a que suceda la idea predominante de sobrevivir por encima de todas las cosas, y en el proceso de esto, acumular méritos y eliminar del camino lo indeseable. La ilusión de perpetuar y sostener el ego como si fuera algo real que me define. Se filtra la mirada de pura verdad, armonía y amor, por la centralización cristalizada, los lentes oscuros que hacen que el ego acontezca como un inmenso pegoste, cubriendo de lodo el brillo de un diamante que fue sumergido en el charco de la identidad.

Reconocer el ego y su aspecto funcional como medio de relacionarse socialmente, testificar todo esto sin involucrarnos, nos devuelve a la fuente original, a la gestión suprema que es Conciencia Pura… donde se quiera o no, ya somos lo que somos… se comprenda o no, eres el Si mismo, no el instrumento.

Ocurre la ilusión del velo o sombra que hace de la luz que soy, un reflejo de ser, que olvidando su Real naturaleza indescriptible, me identifico con el instrumento. Si se presenta miedo, temo que seré destruido, Yo… el Ser infinito indescriptible ¿cómo puedo ser vulnerable? Esta vulnerabilidad es parte o aspecto de mis formas, de la experiencia. Y es preciso que suceda esta ilusión para que se aprecie por contraste el descubrimiento, una y otra vez, de la libertad de ser, que quita el velo que lo cubre. Se des-cubre y valora, aún estando vestido con este cuerpo, la grandiosidad indescriptible de lo que Soy.

Maria Luisa


Amigos

Buscar en este blog