viernes, 29 de enero de 2010

Conociendo el bosque de errores. R.Malak


Las impresiones mentales, ya sea en los sueños o en la vigilia, son filtradas por las estructuras ideadas, códigos de conducta, educación y cultura. Ellas no son manifestaciones puras de si mismo. La conciencia esencial es filtrada por la identidad y quien hace de ordenador de la comunicación es la mente, es el aparato medidor, es la función para medir. Ella no está diseñada para dimensionar lo inefable, por tanto no es posible hablar de la realidad y si logramos expresarla, ya no lo es.

La racionalidad está dirigida a moverse con lo conocido, con las cosas que tienen existencia, con las que experimentamos. Al razonar mezclamos la comprensión con las experiencias y con todo el bagaje que mantenemos en la memoria y de ello sacamos conclusiones.

Cuando la mente está en silencio se produce el movimiento que permite que lo esencial se filtre profundamente con toda la comprensión, ello ocurre cuando no estamos definiendo, nombrando ni conceptualizando.

El nombrar es un proceso que puede cubrir varias capas de la mente que son mencionadas en la psicología como aspectos de la conciencia. Sin embargo cuando la mente se ha recogido totalmente en la conciencia, o dicho de una manera más precisa,  la observación no hace juicio, es el modo en que se presenta una comprensión integral, silenciosa, sin las urgencias del deber ser. Entonces aparece lo real  que no recibe ni acepta nombres.

Aparecen posteriormente conclusiones nuevas, siempre nuevas y frescas y profundamente familiares y propias, certeras, sin conflictos. Esta comprensión no es privativa de algunos, todos, absolutamente todos, son por naturaleza la conciencia esencial, y es solo por ignorancia que se mantienen sumergidos en el sufrimiento. Es el conocimiento de Ello lo que produce la liberación del conflicto.

Algunos suponen que por medio de la razón o la devoción es posible aproximarse a la verdad, sabiendo por supuesto que la verdad es lo que nos entrega certeza irrefutable ya sea viniendo de uno mismo o de alguien. Ya se ha mencionado que ese modo es artificial e inestable.

Sin embargo es posible abrir otra vía de comprensión en que se acceda a la verdad sin emitir conceptos, en contra de la vía en que se intelectualiza sin provocar entendimiento. La pregunta que salta de inmediato es ¿cómo se puede en uno mismo, sin el uso de la mente y de sus funciones, trascender las cosas contradictorias? ¿Cómo yo, que soy conciencia esencial infinita, sin cambio, permanente, puedo provocar movimientos en la razón, en la multiplicidad, en el discurrir de la misma conciencia centralizada, para el entendimiento vital y certero?

Hay tendencias a dedicar la vida a la búsqueda de lo Divino, practicar de muchos modos con el objetivo de sentirse cercano o en contacto con Dios y la gente olvida que somos siempre libres, pura conciencia, uno sin segundo. No somos uno con lo Divino, ni hacedores y menos experimentadores de ello. El si mismo que somos es lo Divino mismo, saber eso es el conocimiento auténtico.

De ese modo algunos hablan de descubrir a Dios, oír su voz que los guía en la senda a través de las pequeñas y grandes cosas que hacen, no se sienten con voluntad propia, manifestando que esa voz los dirige incluso en las cosas más nimias.

Los maestros actuales o antiguos de las distintas corrientes espirituales coinciden en afirmar, en relación a la naturaleza de lo divino, que su realidad es inefable. En consecuencia, considerándonos la identidad, nos equivocamos al intentar describirla. No se puede conocer ni por la razón ni por los sentidos a lo esencial, dicho de otro modo, la mente no está capacitada  para comprenderlo. La mente como función se mueve con facilidad en lo fenoménico, es adecuada para elaborar comparaciones dentro de lo conocido.

Nuestro enfoque muestra que así como los sueños parecen ser verdaderos mientras uno no se despierta, este modo de ver la vigilia también parece ser real por la identificación de uno con el cuerpo y la fuerza de los sentidos que presionan a la conciencia dando la impresión de su realidad y apuntando a la acumulación de conocimientos para moverse con mayor soltura en la vigilia.

Damos un especial sentido a la naturalidad o dicho de otro modo a la espontaneidad, lo que provoca que podamos reconocer las limitaciones de la comprensión racional. Con ello desaparece la sensación de estar separados de la realidad, así como las diferencias entre la individualidad y la conciencia del si mismo o lo Real. Esto aparece abruptamente como un resplandor no-dual. Dicho de otro modo, la conciencia que estaba centralizada se desvanece, volviéndose uno con ella se absorbe en esa magnífica certeza intuitiva de Ser.  La cuestión no consiste en buscar nuestra naturaleza esencial, ya lo somos desde el principio, siempre ha estado brillando, es una comunión, es el fin de un conflicto, salir del sueño, abandonar las distorsiones. De ese modo podemos decir: soy la naturaleza de la consciencia esencial, sin restricciones, ya lejos está el falso juicio y la oscuridad, los estados de la mente no son mis complicaciones, soy el presenciador. R.Malak


lunes, 25 de enero de 2010

Relativo y Absoluto



Nuevo lunes, si es que lo puedo clasificar, a esto, al hecho de que me he levantado de la cama y el sol brilla ya intensamente sobre la ciudad y la gente en la calle se dirige a sus trabajos, cosa que ayer no hacía. Es lunes claramente. Alguien colocó en el facebook la foto de un hermoso amanecer, donde el sol sale tras los edificios de la ciudad, dejándoles a ellos destacando el contraste de lo oscuro. Un nuevo amanecer. Una nueva impresión de que ha pasado un día, de que ha pasado el tiempo. Lo cual me recuerda un video que vi hace poco, que me hace comprender que los científicos, los físicos específicamente, consideran el tiempo como el movimiento lineal, secuencial, de fenómenos encadenados por la causalidad. Y a esto lo quieren medir, en función de un tic tac fijo, pero que se les vuelve una complicación al tomar en cuenta la ubicación y velocidad del desplazamiento del observador que está midiendo. La medición del tiempo depende del observador.


Y ahora otro recuerdo de otro video ya más lejano en mi memoria (¿en el tiempo?) que menciona el comportamiento de la luz tanto como partícula como onda, y otra vez, con el resultado de que tal comportamiento depende del observador. En la medida que se profundiza en las investigaciones acerca del comportamiento de los fenómenos, se va evidenciando que la base para su comprensión se encuentra en el observador que percibe estos fenómenos.

El observador en estos casos está ubicado como un objeto en relación a estos fenómenos. Yo, como observador, un sujeto que observo esos fenómenos como objetos. Yo en el espacio, defino todo el espacio. Yo en el tiempo, defino el tiempo. Yo como mente, defino las formas. Al salir de  la mente, al moverme de lugar de observación y desubicarme, salirme del espacio y del tiempo, los fenómenos no son más que una fluidez de movimientos en la conciencia. Sin comienzo y sin final, porque ya no estoy midiendo. Ya no hay pasado ni futuro, ni días ni horas, ni marcas de calendario, ni nacimiento ni muerte. No hay temores ni dudas. No hay quien tema, ningún sujeto, solo conciencia, solo el Si mismo.

Bueno, como no soy científica, y en todo caso dudo que los científicos hayan podido especificar la mirada mística, por llamarla de algún modo, aunque sé que muchos científicos en sus profundizaciones llegan a ella y se enamoran de la esencia que todo lo sostiene, muy posiblemente cometa errores de apreciación conceptual que los físicos saben manejar excelentemente. Aún así, este es el cuadro que estoy pintando.
Tampoco es que pretenda entrar en asuntos metafísicos, solo que hay líneas muy finas que separan unas miradas de otras. Llamemos como llamemos a esto de mirar desde lo esencial, lo que es… es como es. Indefinible finalmente. Indescriptible.


Y ahí, bajo este espectro, para algunos abrumador e intolerable por lo insondable, volvemos a lo conocido, lo cotidiano y seguro, lo explicable: al personaje que camina en la calle, ese que va con su maletín directo al banco para organizar sus finanzas. Es lunes, y siendo como es en esta ciudad le pronostico una larga espera, mucho tiempo hasta que lo atiendan. Y es bastante probable que llegue a desesperar. Fue mi caso la semana pasada, así que solo reflejo mi propia experiencia. Para ahorrar tiempo, tomé número en forma simultánea en dos departamentos, y para no perder mi turno, me movía de un extremo a otro del pasillo, haciendo cálculos. No me ganó la desesperación, porque profundamente, el observador que testifica los movimientos de mi cuerpo, los cálculos controladores que hace mi mente, y la emoción de ver cómo los números iban cambiando en ambas pantallas, este observador, se encuentra siempre fuera de tiempo y espacio, fuera de cuerpo y emociones. Y no se mueve. Es… y mira. Plenamente. Este observador… este que no tiene nombre o forma…. Este… soy de verdad. Y el observador observado - y valga la redundancia cuando procuro señalar este escurridizo asunto -  es mi persona, que en lo fenoménico también soy, con nombre, historia, y un carácter al que no le gusta esperar.


Ontológicamente, junto a R.Malak hemos dado nombres precisos a estos dos aparentes observadores, a estas dos modalidades de la conciencia. Siempre una conciencia, no dos, siempre el mismo Ser en su realidad esencial, aunque para la investigación la clasificamos del siguiente modo. La mirada desde el personaje que se mueve en el tiempo y el espacio, definido por su cuerpo, sus ideas y sus emociones, incrustado en la vida cotidiana, lo llamamos conciencia centralizada. La mirada que abarca y contiene no sólo a este personaje, sino también al cosmos donde aparece existiendo, es la conciencia esencial. Cuando me limito a considerarme definida por mi expresión, mi reflejo como conciencia que se ha centralizado, y desconozco aparentemente la esencia de mi, se dice que estoy en la ignorancia de la realidad. Digo aparentemente porque el si mismo o lo esencial ni se conoce ni se desconoce… es. Y el señalamiento que hacemos, es que nada hay que hacer para llegar a ser lo esencial que ya somos. Si no fuera por ello, por la luz que ilumina cuanto se hace conocido, la luz que es tanto onda como partícula, la luz que llamamos también comprensión, saber o sabiduría, si no fuera por ella, nada tendría existencia. Y esta luz, eterna presenciación más allá de las clasificaciones, brilla en autoconciencia de su propia plenitud. Lo absoluto.

Escribiendo estas líneas, disfrutando, o procurando disfrutar el calor del verano, asumiendo una presencia, ya no la llamo reflejo, ni la llamo relativa o absoluta, ni la llamo nada. Soy, y ya no importa si soy esto o lo otro. Respiro, y todo sucede.



jueves, 21 de enero de 2010

La incertidumbre del no saber



Hay cosas que se escapan al entendimiento porque se escurren de la capacidad racional, cosas como lo que llamamos sufrimiento, injusticias, o cuál es el sentido de “mi” vida. Se busca explicar estas cosas por medio de lo religioso, lo filosófico o lo científico, y en esa explicación, encontrar un sentido satisfactorio que otorgue la sensación de estar en control. A veces parece que se logra esto temporalmente. Todo ello sostenido en nuestro sentido de identidad, esa identidad que se refiere a los aspectos limitados de ser, como los asuntos del cuerpo, idealizaciones acerca de uno mismo y del mundo en que se vive, y la espera de una emotividad que deseamos que sea armónica y feliz.

Está claro que cuando nos contentamos con las referencias conceptuales que logran darnos un entendimiento sin ir muy profundo en la esencia de todo asunto, o nos contentamos con especulaciones basadas en premisas y creencias que hemos adoptado como “nuestras verdades”, será necesario hacer ojos ciegos a aquellas cosas y aspectos que a pesar de todo se salen de nuestra comprensión. Porque de que las hay, las hay. Este contentamiento o satisfacción, aunque temporal sin duda, nos ofrece además la comodidad de la seguridad: “yo lo sé”.

Los acontecimientos, antes o después, se ocupan de sacudirnos y sacarnos de ese lugar cómodo. Al fin y al cabo, las emociones no se pueden elegir, y cuando surgen, surgen y se sienten, por más empeño que nos demos en orientarlas, y qué decir del tratar de controlarlas.

De este modo, cuando nos encontramos con orientaciones que nos llevan a indagar más profundo, donde se deja lo superficial de los conceptos y se penetra en el área de “no saber”, no saber incluso lo que soy, al perder el control que supone poder explicarlo todo, se siente una incomodidad con esos señalamientos, ya que estos no son complacientes para satisfacer las demandas del manejo intelectual, emocional o de acción. 

La vía de la indagación profunda que cuestiona todos los paradigmas en que nos hemos sostenido, es una de valentía, de atreverse a dejar la aparente seguridad que ofrecen las ideas y todas las explicaciones conceptuales. ¿Se promete algo como final de esto? No, definitivamente no hay promesas ni ofertas. No hay méritos que obtener, ni el premio de alcanzar la felicidad. ¿Por qué? Por la sencilla razón, y usaré la razón explicativa, de que la felicidad - esta que no depende del acontecer - ya Soy, y de que la verdad de la realidad ya está aquí, y todo este asunto trata solamente de darse cuenta de ello, en el presente, no hay futuro para lo Real. Por tanto, así como no hay nada que ganar, tampoco hay algo valioso que perder, porque solo se deja el error de habernos identificado con “el controlador”. Y esto es libertad, la que siempre ha sido, las alas que no usábamos creyendo ser polluelos de gallina aunque éramos águilas, el rugido escondido del león que se creía cordero.  

martes, 19 de enero de 2010

Madurez espiritual



He estado buceando por varios Blogs donde se muestra el amor hacia la no dualidad como enfoque, encantada. En verdad que hay muchos señalamientos que invitan a descubrir lo esencial, lo real, la realidad o irrealidad de nuestra identidad. Así como encuentro muchas hermosas señales, también puedo ver muchas indicaciones de que el que transita el territorio no comprendió el mapa. Cada vez que noto esto, se me enciende la pasión por la comprensión, de manera que me entrego a escuchar lo que la inteligencia descontaminada me va diciendo y es el modo como mis textos se van armando. Así es que plasmo lo que se ofrece como comprensión, sin que por ello pretenda dictaminar o marcar algún dogma. La luz de la realidad no tiene dueño.

Descubrir lo esencial es el norte del verdadero buscador o aspirante espiritual… aspira al término de su incertidumbre existencial. Este descubrimiento consiste en una apreciación intuitiva e instantánea, que ocurre como resplandor, radicalmente, mostrando la irrealidad evidenciando la verdad, y de este modo, abriendo la comprensión que estalla como una claridad donde ha desaparecido el dueño de dicha comprensión. Me fascina mirar los innumerables modos que se han utilizado a lo largo de milenios para procurar que se produzca este estallido, esta chispa. Y ya que aparece esa metáfora, voy a entrar en el tema que me motiva hoy. La madurez espiritual.


En la tradición se habla básicamente de tres tipos de buscadores espirituales. Los que están como la madera, es decir, con cierto grado de humedad. La chispa que el indicador o maestro enciende sobre ellos tarda en hacer fuego. Luego están los que son como el carbón. Este enciende bastante bien, pero necesita a su vez de un poco de aire para alentar la llama. Y finalmente los que son como la pólvora, es decir, basta un chispazo de indicación y se provoca de inmediato el estallido de comprensión. Estas tres condiciones indican el grado de madurez espiritual de los aspirantes al conocimiento de la realidad.


La madurez en toda manifestación - un durazno, un aguacate, un niño o cualquier individuo - es algo que no se puede forzar, sino que más bien, con paciencia, se puede ver como esta se va produciendo. Sin embargo, una vez que la semilla de la comprensión básica: “no soy este cuerpo, mente, emociones”, se ha plantado en el buscador gracias a la enseñanza, la asimilación misma genera más y más capacidad de comprensión, produciéndose de este modo la maduración del aspirante al conocimiento de la verdad esencial. Ha madurado, o sea, tiene mejor disposición a “escuchar” lo que dicta la inteligencia esencial impersonal sin intervenir con ideas propias.


Suele entrar aquí, y confundirse con el asunto, el tema de la evolución, en que se supone que el individuo escala una serie de niveles hasta llegar a estar preparado. En este proceso suele reafirmarse el ego, es decir, la identificación y el apego a ella, pues va creciendo la autoestima espiritual debido al tema de los méritos. Quienes suponen proceder evolutivamente se basan en una serie de creencias, dogmas y ritos que alimentan la identidad, las fantasías, las experiencias, las cuales de facto no facilitan la comprensión. Todo el bagaje que se ha adquirido se protege, y esta estructura impide la adecuada disposición de entregarse a la escucha silenciosa de la realidad.


No es por medio de “hacer” y lograr que se llega a madurar, sino por medio de observar, comprender, siguiendo procedimientos de discriminación, reflexión y discernimiento. La efectividad de esta práctica inteligente requiere inicialmente una base ontológica que funcione como plataforma para tal movimiento mental de indagación. Estos procesos intelectuales sirven tan solo para discriminar y en última instancia, van llevando a madurar y dejar de creer incongruencias. “Neti-neti” es un proceso de discriminación intelectual. Reconocer lo impermanente y distinguirlo de lo permanente es un proceso de discernimiento. Tomar las palabras de un maestro o enseñanzas y llevarlas a que se filtren profundamente es un proceso reflexivo.


La madurez, una vez adecuada, permite entregarse entonces al verdadero “no hacer”, es decir, donde la mente llega a su límite, pues con los procesos intelectuales o cualquier otro proceso, no se puede acceder a la radical comprensión no dual. Esta sucede como un resplandor y permite el descubrimiento del error de la identificación falsa con la entidad pensante y senciente tal como se había mantenido, y una vez se descubre, todo cae, toda la estructura que armaba mi sentido de vida, mis falsos juicios, mis inquietudes y miedos. Esto es la llamada Gracia, que me deja plenamente siendo real, siendo lo que soy y siempre he sido, sin nacimiento ni muerte, sin pasado o futuro que puedan definirme. Ni entidad, ni identidad, ni ausencia, ni presencia, ni esto, ni lo otro. Ser Conciencia Felicidad, eso queda.

lunes, 18 de enero de 2010

El Jnani



Jnana es conocimiento esencial. 
No conocimiento de algo, 
no es tener respuestas. 
Jnana se refiere 
a la inteligencia esencial 
que se abre en plena comprensión, 
o reposa como el Si mismo.



















El jnani, por otro lado, es el individuo que muestra esta comprensión, y que como tal, no se considera una entidad aislada… ni unida. El jnani es quien ya no tiene preguntas… ni respuestas. Porque no se sostiene en la mente. El jnani sabe, quizás y según el caso, de haber tenido un recorrido, y sabe que esto fue una ilusión, ya que ha descubierto su esencia inmutable, y como lo absoluto, comprende que las proyecciones son reflejos de su mente. Proyecciones tales como ser un buscador o un encontrador. El jnani es el realizado, para los que lo ven… pero para si mismo, es solo ser. Porque se comprende que ser “realizado” apunta a alguien con el mérito de haber encontrado la respuesta final, y esto es contradictorio con el hecho de que esta respuesta hallada es: que no hay entidad sabiendo algo… sino puro saber, como conciencia esencial. Así… ¿qué realizado puede ser uno?









 Hay una historia acerca de un reconocido sabio que reposaba en una piedra en medio de la ladera de una montaña, acompañado de su discípulo, quien silenciosamente se mantenía a su lado. Existía el conocimiento popular de que en algún lugar de este monte, quizás al tope o a medio camino, habitaba un sabio con todas las respuestas a las dudas que el ansioso buscador espiritual tenía. Muchos iban en su búsqueda. Un par de estos personajes, subiendo por la ladera, se toparon con este hombre de sencillo atuendo y semblante sentado en la piedra. Le preguntaron si sabía dónde podían encontrar al jnani que se decía habitaba por allí. El sabio les señaló que siguieran camino, y así hicieron. Al rato el discípulo le pregunta: maestro, ¿por qué no les has dicho que ya habían llegado? Y él responde: ¿Acaso he de cargar con una etiqueta en la frente que diga: Jnani?





jueves, 14 de enero de 2010

Vislumbre No-dual. R.Malak



La generalidad de las personas desconoce la auténtica espiritualidad. Suponen que se apunta a la devoción o a lo religioso. Incluso por este lado del planeta, de una mayoría preferentemente católica, no se encuentran en condiciones de comprender, ni intentan averiguar el sentido de lo sagrado, de lo espiritual, de lo que sostiene la vida misma. Algunos ven lo espiritual como un giro hacia lo interior, una búsqueda de la paz, en contraste con las urgencias de la vida cotidiana que son demandantes, exigentes, complicadas y difíciles. Este modo de mirar lo espiritual es clasificado como algo antiguo, una manera que no ha evolucionado, que es intuitiva y no clara ni precisa, además, que no se puede expresar en forma detallada, e imposible de explicar con palabras. La gran mayoría de las personas la ubica en esa categoría, más aún, ignoran o no saben qué es lo no-dual, expresando simplemente que es inefable.

El conocimiento de la conciencia y la relación con el pensamiento y el no pensamiento, a lo que le llamo la observación sin juicio, provoca o nos muestra la realización, lo que sobreviene como un destello, una inmediatez de iluminación, filtrándose en los intervalos entre los pensamientos. Cuando esto ocurre, los pensamientos se lentifican y comienza la observación sin juicio. “La esencia, como la naturaleza original de la mente esencial, se muestra como un reflejo en el espejo de la conciencia.” Si pudiéramos usar la terminología conocida diría que es el pensamiento absoluto, más allá de la dualidad, de los problemas que estructuran a la conciencia centralizada. Cuando la mente ha regresado a la conciencia, aparentemente se vacía y se vuelve serena, apacible, hay una corriente profunda y apacible que aparece de lo profundo de nuestro Ser, que no es producto del pensamiento, más bien es como un flujo de actividad de lo esencial, como luz, armonía, plenitud.

Coincidiendo con la tradición, hablo del uno sin segundo, mostrando la auténtica negación de limites o clasificación, como lo absoluto que niega todo lo demás porque no hay nada fuera de si mismo, una expresión que no es una afirmación, ni siquiera una negación, como una paradoja en movimiento que está más allá de la negación y de la afirmación, mas allá de cualquier uso de la mente dualista, más allá de cualquier apreciación lógica.
Cuando me refiero al corazón apunto al Ser, y ocasionalmente podré coincidir con los maestros orientales que mencionan “Yo-Yo”, la conciencia del yo como el si mismo, que apunta a la individualidad y que se sumerge como Atman. De ese modo se reconoce como el Parabrahman, lo Absoluto, la realidad suprema, nuestro ser verdadero. La complicación está en que no se percibe, la impresión queda en observar los pensamientos, el movimiento de la mente, los recuerdos o los proyectos por realizar, por tanto se supone equivocadamente que ese es nuestro ser y al verse incluso o con presentación incompleta, no se dan cuenta que es solo el movimiento de los procesos interiores. De allí que apunte al presenciador que no juzga, que aparece como comprensión. R.Malak

martes, 12 de enero de 2010

La búsqueda del Si Mismo



Como no es cuestión de elaborar constantemente un tratado completo sobre el enfoque y las enseñanzas no duales, se precisa de metáforas que señalen directamente. Entenderán los que ya entienden, y los que no, vislumbrarán un paisaje nuevo, aunque aún no entiendan lo que ven, ni al que ve.

La mirada desde el Si mismo es siempre plena. Tiene toda la visual que ofrece mirar sin fronteras. He subido al Cerro San Cristóbal en Santiago, viendo desde allí toda la ciudad en la que vivo. Todos los edificios, pequeñas colinas y la inmensa cordillera de Los Andes al fondo, como su pantalla, la que define a esta ciudad en particular.
He subido al Avila en Caracas, y desde allí toda la ciudad es también apreciada. En este caso, estoy en la pantalla misma, pues el Avila es el símbolo que estereotipa a esta ciudad venezolana. He subido el Empire State, y cuando estaban, me monté al tope de las torres gemelas… y desde allí, toda esa mítica ciudad – gracias a tanta propaganda, todos sabemos cuál - es apreciada. Del mismo modo, subí al tope de la Acrópolis en Grecia, al tope de la pirámide del Sol en Méjico, a las montañas nevadas de Arizona, al borde del Cañón de Colorado, y tantas más, pero mencionaré de último la montaña de Arunachala, que representa mucho para mí, desde donde se ve la ciudad – o quizás debería decir pueblo, al comparar con las metrópolis descritas – de Tiruvannamalai. ¿Qué quiero señalar con esto?  En algunos casos hice un esfuerzo grande, como trepar la escarpadura de Arunachala donde no hay caminos marcados para llegar “arriba”. En otros casos tomé un teleférico o un funicular o incluso un aceleradísimo ascensor mecánico-eléctrico. Para subir, los esfuerzos fueron variados, en grado de intensidad. (¿Como las prácticas espirituales?) Lo que miraba desde arriba era variado, en cuestión de calidad, forma y expresión de cada ciudad. Muchas variables y una sola condición común. Estar inmersa en las formas no me podía dar la perspectiva correcta del lugar donde estaba. Desde “arriba”, desprovista de los volúmenes que marcan las posibles perspectivas y que hacen muy variada la experiencia de moverse dentro de la ciudad, se ve “todo”. Aún así, esta no es la condición común a todo ello. Veremos cuál es.

Luego de este preámbulo, describiré técnicamente el asunto de la realidad y cómo es que se muestra. El que pueda, que haga las similitudes pertinentes, y el que crea que pueda pero no pueda aunque no lo sepa, espero que no haga una mala interpretación suponiendo que para ver la realidad hay que llegar a algún lado más alto. Vamos con ello, en base al Atma Vichara.

La búsqueda espiritual asume que se encontrará algo que me muestre lo que realmente soy. Me busco… ¿tiene eso sentido? Mirar los movimientos o mirar la quietud no me puede definir de manera definitiva, porque lo que sucede ahora cambia a continuación. Sin embargo, una constante se mantiene, y es que aunque yo no vea lo que soy, de que soy… soy.

La misma que subió con esfuerzo o sin esfuerzo todas esas alturas que mostraban la ciudad y sus laberintos de calles, soy yo. Vi distintas ciudades, de diferentes ángulos, y pude notar dónde estaba yo metida cada vez que recorría una calle o un espacio urbano. Siempre yo he mirado, así sea desde lo alto o desde dentro del laberinto de las formas. Ese yo, es inencontrable, porque es el mismo yo que busca. La confusión de perderse en una atestada e intrincada ciudad se comprende clarito cuando la ciudad es reconocida, y observada en su total extensión. -¡Ah!, entiendo, por eso no encontraba tal plaza o no podía llegar a tal barrio desde allí.- La comprensión se abre al ver sin barreras, sin duda, pero es la comprensión de funcionar adecuadamente, sin miedo a perderse. Eso no me hace más yo de lo que yo soy. No me hace comprender mi esencia, aunque sí mis movimientos.

En Atma Vichara, todo el esfuerzo posible se remite a encontrar el pensamiento base de todos los demás, y este no es ni más ni menos que: “yo soy”. El pensamiento “yo soy”, está como sustrato de cualquier cosa que relacione a mi con mi entorno, ya sea físico, emocional o teórico. Este pensamiento también, como pensamiento que es, viene y se va. Sin embargo, lo que se da cuenta de la aparición o desaparición de tal pensamiento sigo siendo yo. En Atma Vichara se recomienda mantenerse allí, atento a ese primer pensamiento, y ese es todo el esfuerzo posible. Más allá de eso, solo está el si mismo, que no necesita decir “yo soy”, ni necesita absolutamente ningún esfuerzo para ser lo que es, ni siquiera para saber de si mismo sin la idea… de ser.

Teniendo de frente al primer pensamiento yo, nos damos cuenta del propio ser que lo sostiene. Salir de ello solo puede ir en dos direcciones: o expandirse hacia todo lo visto en base a esta idea de yo… o remitirse al que ve… donde todo lo visto y el que ve son: no dos pues nada define ni a lo visto ni al que ve. Porque cuando no hay ideas, no hay juicios. Y esto es todo lo que se puede mostrar para certificar mi propio ser como la base de toda experiencia, y por tanto, de toda existencia. Saber de esta claridad se muestra a su vez como una inmensa alegría, y eso es todo.

lunes, 11 de enero de 2010

Acerca de las experiencias y la realización



Acerca de las experiencias y la realización. Referencias técnicas.
El si mismo, el ser… es lo que siente, percibe, capta, observa, nota, se da cuenta. Por eso es lo que percibe la existencia. De hecho, no hay ninguna existencia objetiva si el si mismo no la experimenta y por eso se puede decir que la existencia objetiva es relativamente real, mientras que el si mismo es absolutamente real.
El si mismo es uno mismo en si. La consideración de la forma, el cuerpo y el sentido objetivo, sólo ocurren en la conciencia que el si mismo tiene de si, en alguna o varias de sus infinitas posibles percepciones. No percibe algo fuera de si, sino que todo es sostenido en la conciencia, en si. Incluso el proceso de ordenar estas percepciones, llamado mente o función consciente, le ocurre a la conciencia misma del si mismo. Las diferentes formas, objetos, sean animadas o no, son apreciaciones en la propia conciencia.
Las experiencias, por tanto, son todas del si mismo. Toda experimentación, sensación, reflejo, percepción, parezca o no durar en el tiempo, es algo pasajero. En este sentido, ninguna experiencia, por más sublime que se pueda llamar, muestra la realidad del si mismo, ya que la realidad es que esta experiencia es conocida sólo por el si mismo, por lo tanto se sostiene en él.
Cuando pensamos, o mejor dicho, se sostiene el pensamiento, de que soy un ser incompleto que debe llegar a conocer la realidad, es porque el si mismo está sosteniendo estas afirmaciones, negaciones, dudas… todas ellas producto del funcionamiento mental.
Cuando sentimos inestabilidad, desarmonía, miedo, vacío o plenitud, felicidad, alegría o completud… todos estos sentimientos están siendo sentidos, conocidos, por el si mismo, y se presentan debido al funcionamiento de la conciencia que se ha centralizado, como un objeto compuesto por las percepciones mismas: los sentidos corporales, sentimientos o emociones y el proceso mental.
Cuando aparece la sensación, idea o convicción de ser un actor separado de las situaciones y demás objetos, es una sensación que se sostiene en la conciencia que se tiene de ello. Y se arma debido a la ilusión producida por el sentido de eseidad que relaciona el sentir la existencia, con el cuerpo. Es una aparición de expresión en la conciencia del si mismo o conciencia esencial, que produce el sentido de ser un sujeto observando el mundo y contenido en él. Esto es una aparente centralización de la conciencia, formando la ilusión de ser un individuo separado como entidad y con voluntad propia.
Ningún acto nos acerca más a ser el si mismo que ya somos. Tampoco, un acto puede mostrar o desencadenar un efecto convincente acerca de la realidad de lo que el si mismo es. Sólo la certeza de ser se muestra a si misma con evidencia auténtica, cuando se retira la atención de los objetos percibidos, e incluso el sujeto que percibe queda fundido en el sí mismo, pues ninguna diferenciación produce la segmentación entre observador y lo observado. Nada tiene que desaparecer o aparecer para mostrar la realidad. Cualquier cosa que sea experimentada será siempre un reflejo producido como un movimiento en la conciencia.
Hacer o dejar de hacer no producen la realización. La realización no tiene causa. Sólo se muestra, resplandece, no dualmente. Por eso lo llamamos resplandor no dual, que no ocurre en el tiempo y tampoco en el no tiempo.



Acerca de las experiencias y la realización. Referencias poéticas.

Tiempo… medida dada al movimiento
Movimiento real de si mismo
Que ilusoriamente trata de atraparse
Midiendo su estancia, segmentándolo
Observador ilusorio que se ha separado
Para relacionar lugar y momento
Como si el sol observara la tierra
Cuando solo sus rayos le dan vida

Si dejo de medir solo hay,
como los días,
Movimientos de luz y sombra
en la superficie de mi eternidad

Instantes del fluido constante
se cristalizan en mi memoria
como fotos de vidas pasadas
que evocan lo bueno o lo malo
de la reacción al suceso

Si el sol juzgara las tormentas
que evitan a sus rayos llegar al suelo
lloraría amargamente
sin embargo no se afecta
ahí sigue, siempre refulgente

La experiencia no es más que
esa fotografía congelando el momento
eternamente fluctuante
de mi propio Ser eterno
manifiesto en plenitud expansiva


Acerca de las experiencias y la realización. Referencias amigables.

Párate en seco.
¿De dónde vienes amigo mío que llevas el paso tan apurado?
¿Qué motivación te hace esperar el final de este trayecto?
Quizás se te ocurra que puedes pasar por alto
el sabor de un helado de dulces frambuesas.
¿Te has dado cuenta de cómo el sol brilla en tu cabeza?
¿Dónde están tus preocupaciones cuando las estrellas impactan tus pupilas?  
¿Son importantes los misterios de este cosmos omniabarcante?
Deja por un rato de lado tu mochila.

Descansa y observa cómo te miras a ti mismo desde esa estrella.

domingo, 10 de enero de 2010

Acerca de la presencia y la ausencia



17.14 ML: ¿Dónde está Dios realmente, dónde está en nosotros, acaso es sólo una idea?
R.Malak: Dios es un nombre que se le da a la conciencia de si mismo. No hay espacio entre uno y Dios, somos Dios. He repetido en forma reiterada que el cuerpo viene y se va, para el cuerpo existe el nacer y el morir, mas no somos el cuerpo. En cambio el Dios indescriptible se muestra en su manifestación, estando al mismo tiempo no involucrado con ella, es ausencia y presencia al mismo tiempo en la manifestación. Aparentemente son como estados espirituales independientes entre sí; sin embargo, la ausencia es conocida por la presencia, pues una ausencia en uno mismo, sin la presencia de lo Divino, no tiene sentido.
Por ejemplo: son muchos los enfermos mentales que están ausentes de sí (idos) y de la gente, sin embargo ellos no muestran concientemente presencia de lo sagrado, por tanto, la presencia de la comprensión y la ausencia de si ante lo contingente, puede estar mostrando la presencia del corazón. Parafraseando la sentencia hermética: "Dios es un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna", o sea, una ausencia siempre presente. La conciencia centralizada es atraída hacia el Dios desconocido por un movimiento de su gracia, llámese conciencia esencial o lo indescriptible, y esto solo puede ser conocido por si mismo. Dios no es otro que el si mismo.
(Tomado del libro Reslandor No-dual)

viernes, 8 de enero de 2010

Lo Cotidiano y lo Sagrado

Hay un silencio que engloba y sostiene un recuerdo y a la vez... todo lo que este momento manifiesto me muestra. En este momento... este presente... esto... late una sensibilidad que me embulle, y no sé si soy esa sensibilidad, ese contenido, o si soy esto que lo sostiene, que lo contiene. No sé.

En este no saber, está el recuerdo del paseo de ayer por la tarde. Poco menos o más que glorioso. De casa al supermercado, unas cinco o seis cuadras. Las palomas regadas por el parque, el paseo peatonal, cerca de las fuentes, y mientras recuerdo que alguien muy cercano me comentó que estos animales no son más que ratas con alas... ladró un perro. Al voltear a mirar, mientras mi paso seguía un ritmo desacostumbradamente lento, mi vista se topó con una jardinera un tanto abandonada, por lo salvaje, cosa rara en este lugar de la ciudad. Salvaje, pero plena de flores rosadas, tan hermosas que me apabullaban. El sol bajaba reflejándose en la cordillera, que al Este, funciona como un espejo enrojecido a esta hora, y que por suerte enorme, en este lugar tan atestado de edificaciones de la ciudad, aún se puede ver entre espacios mágicamente vacíos. Silencio y aún mi persona caminando a mi paso. Silencio e infinidad de percepciones adornando el camino, que no avanzaba realmente, porque estaba más allá de transitar... estaba en mi. Sagrado, y un niño se cae de su bici y se raspa la rodilla. La mamá le da valor y lo monta de nuevo al volante, a pesar de sus llantos, y se atreve a seguir el paso de su hermanita pequeña que va delante con el padre. Pájaros, cielo, peatones, bicicletas, cordillera, nubes, palomas o ratas, nombres. No sé. La mente en este instante funciona lenta como la miel, como dicen algunos sabios, y así, es como se siente tan dulce esta simplísima cotidianidad, que deja de ser común para convertirse en sagrada a la luz del silencio y el paso lento.

En esta tónica, como quien se ha metido una volada de... ni sé cómo lo llaman... recojo leche, tomates y no recuerdo qué más, para emprender el regreso... lento. Y ahí, en ese instante, cuando mi razonamiento comenzaba a aparecer tratando de definir todo esto, me topo en paralelo con tres peatones a mi lado. Muy singulares, comunes a la vez... y tan cotidianos, que por su aspecto y conversación me dieron la clave. La mujer, bastante mayor y desgastada, empujaba una silla de ruedas con una anciana que parecía su madre, y obviamente, caminando a su lado, el marido, que iba recibiendo las agrias quejas de su esposa, refiriéndose esta al tipo de almuerzo que debe preparar cada día. Una letanía de notablemente cansada repetición de argumentos, tan áridos como absurdos a mi oído. Y ahí fue cuando me pude explicar: Esto es lo cotidiano, lo que absorbe mayormente a las personas, el yo y sus circunstancias, sus sinsabores, sus frustraciones, que como un disco rallado suenan una y otra vez en su cabeza. ¡Y no ven las flores!, ni el atardecer. No escuchan el ritmo de su corazón al paso, ni las sensaciones de este indescriptible movimiento emocional que se mueve por el cuerpo, ni parecen prestar atención a la brisa que refresca la tarde veraniega. Nada. No están en el presente, y mucho menos apreciando la Presencia silenciosa y eterna de su propio y esencial Ser sagrado. Qué lástima. Así es cuando el ego queda suelto, toda la armadura acostumbrada a movilizar al caballero andante, perdiendo este así cada batalla en la que la mirada se confunde entre sombras y reflejos, desperdiciando la oportunidad que siempre se encuentra plena... en esto de aparecer siendo humanos como emanaciones de nuestro propio Si mismo.

Resumen técnico: la mente en su fuente, es simplemente ausencia de identificación con el ego, aunque este vaya a mi lado como una sombra. Mucho mejor tenerlo a la vista. La mente dejada como un mono suelto, es la forjadora de las miles de sombras que se convierten en armaduras estructurantes, que como confusiones de si mismo, se mueven tapando la percepción de lo inmenso, con sus limitaciones tan tontas como insensatas.
Ser es ser... es Esto, y nada más. Bello, sagrado, porque he emanado para percibir mi propia esencia como felicidad. Y cerrando este texto, en este instante me ha llegado un poema de Huang Po, más que mejor para terminar.

Toda enseñanza del Buda
tiene un solo objeto
conducir la mente humana
más allá del pensamiento
si yo lo logro por mi mismo
realizar este portento
¿De qué me servirá entonces
el Dharma del Buda y su enseñanza?


lunes, 4 de enero de 2010

El que vé las señales


 

Compartir comprensión me mueve, es el estímulo que motiva mi expresión. ¿Qué es lo que comprendo? Comprendo, entre otras cosas, que el juego de Conciencia, la magia inspiradora, emana de si misma toda la expresión que se muestra como un universo a la vez insondable y majestuoso, y por otro lado, entramado muy complejamente a partir de la materia y la energía que lo compone. Lo inefable, eso que no se capta, parece misterioso, y es que la racionalidad lineal así es. Busca trazar deducciones aplicables a todo, conocer siempre “algo”, definirlo y explicarlo. Y cuando no lo puede explicar, lo tilda de misterio. Comprendo que el asunto de lo espiritual es que ya somos el espíritu, la esencia, lo que Mira y Conoce. Y que siendo así, es lo que sostiene ese inmensurable universo, siendo a la vez el universo mismo. Única versatilidad, donde del Ser emana la infinita diversidad, siendo No Dos.

He estado observando tanto apuntadores que despliegan en toda la posible medida su maestría, como buscadores, los que suponen transitar una vía o senda espiritual para alcanzar su meta añorada. Los buscadores escuchan a los apuntadores y se quedan mirando las señales sin seguir con la mirada a dónde apuntan. Comprendo y sé que no es cuestión de un recorrido en el tiempo, sino de voltear la mirada al lugar donde se apunta, al centro, corazón, origen, raíz, sustrato, la esencia que parecemos contener, y que nos contiene. Y nos parece que esto es así, porque nos creemos individuos contenidos en el cuerpo, y atrapados por él y por los hechos, el tiempo, la edad y las circunstancias, pero nos apuntan que somos el contenedor o continente. Continente y contenido, ¿cuál de los dos soy? Y no se logra comprender el punto esencial de todo esto. En nuestra linealidad de pensamiento no cabe algo tan misterioso como la realidad de ser ambos, Conciencia como continente y como contenido.

Nuestra incapacidad de aprehender esto que parece tan difícil se muestra con lo siguiente.
Deseamos ser amados, comprendidos, apreciados. Queremos llegar a ser esa persona ideal que todos busquen o al menos, uno, un solo ser que nos valore. Necesitamos mirarnos en ese espejo, que refleje nuestro brillo, y tomar certeza de lo genuino de mi mismo. Y esto a veces parece que no se logra, o si se obtuvo, luego se pierde.
También deseamos la felicidad, y por lo general la buscamos afuera, en lo que sucede, en las cosas, lo que obtenemos, ya sea éxito laboral, sentimental, de salud. Logros. Esto es natural para la instrumentación organizada en nuestro mundo virtual, el que cada uno crea desde sus latentes tendencias. Buscamos maravillarnos con la existencia y sus experiencias. Y ciertamente que la expresión de la naturaleza es preciosa. Ayer miraba unas fotos y me sentía ahí, en los cañones, las cataratas, los campos floridos con tulipanes, los cielos rosados de los atardeceres, montañas que se elevan con un sentido que evoca lo sagrado. Extremadamente hermoso.
En el río de la vida que parecemos transitar, entre las dos orillas de lo bueno y lo malo, lo sagrado y lo profano, lo puro y lo sórdido, el placer y el dolor, estamos constantemente filtrando la vivencia en base a la memoria de datos, comparando y convirtiéndolo todo en experiencia vivida. Nos dedicamos a acumular experiencias, para luego recrear nuestro sentido de existencia en los recuerdos de ellas. Y así, olvidamos prestar atención al presente y más aún, a nuestra propia presencia, que todo lo observa. Hay muchas instancias en que esta Vida, que algunos consideran Maestro, se ocupa de recordarnos la realidad. Por ejemplo, caso bastante común, si hemos perdido la salud, o un ser querido se encuentra enfermo, rezamos y rogamos, y hacemos todo lo posible por recuperar lo perdido, la posibilidad de una experiencia de vida plácida, completa. En estas circunstancias, puede que nos cuestionemos la forma en que hemos venido mirando nuestra vida y significación. Y ahí, quizás, aparece la búsqueda de la realidad, de cuál es la Verdad de todo esto.

Darse cuenta de cómo ya es la “cosa”, eliminar el error, en eso consiste la investigación de la Verdad. La “cosa” es la realidad, la cual ya es. No podría dejar de ser lo que es real. Lo real no puede aparecer luego de la nada. Lo real es permanente. Cuando se busca la realidad, ese algo más allá de lo que vemos, se supone que no está al alcance inmediato. Esto sucede debido a la mirada dualista, que separa y fragmenta, divide y pone medidas. Sucede debido a la función mental que está diseñada para generar la realidad virtual del individuo viviendo en el mundo que habita. Es el error, es lo que la Conciencia de Si mismo genera cuando se aplica el ser si mismo a la entidad temporal que se forma con el cuerpo y la mente, además de lo emocional.
Si vamos por una calle a medio día, mucha luz sin nubes, buscamos nuestros lentes de sol y ahí la intensidad se atenúa permitiéndonos transitar por el espacio de manera más apacible. El lente no es el que ve la virtual realidad sombreada, la vemos nosotros. Del mismo modo, el Si mismo se manifiesta en el espacio y el tiempo, genera una identidad con el cuerpo que es semejante a un lente de sol. El cuerpo parece ser lo que percibe el mundo, mas no es así, es la conciencia del Si mismo que lo hace, mientras el cuerpo funciona como un instrumento que filtra y define lo percibido. El cuerpo es para un uso temporal, siendo el Si mismo la conciencia divina y eterna. 

En el hecho de la identificación, ocurre la confusión de ser el individuo separado y distinto de los objetos en el espacio llamado mundo. Debido a esta confusión, básicamente mental, el Si mismo, que es eterno y no nacido, sostiene la formación del ego. Este ego, cuya función sirve excelentemente para preservar el cuerpo, es usado por el Si mismo en forma confusa, pues se sabe intuitivamente, es decir, más allá de la contingencia, que está latente esa eternidad, pero el error hace que el ego busque perpetuarse, buscando cumplir una correspondencia ya latente, ya existente como esencia. El ego, siendo una función, se convierte en un objeto de la conciencia, como una identidad propia que pretende hacerse más completa, más plena. Todo el problema es el error que produce la identificación con el instrumento. Esto es lo que genera el miedo y las dudas. Por eso se señala constantemente asumir que no soy el cuerpo, pues con ello, en el adecuado momento, entre las ideas o pensamientos, se filtrará el resplandor de comprensión de lo real. Saber que lo real ya es, y esa realidad no es lo externo que veo, ni lo interno que siento, sino el Si mismo que Ve y Siente, que nunca ha nacido, aunque puede parecer que si. Es inútil la búsqueda de lo real que va tras algo, porque jamás lo podrá alcanzar, ya que ese algo Divino más allá de uno mismo, simplemente no existe sino como una idea, mente, proyección.
Lo que es, ya es, y no puede estar en otro lado más que aquí y ahora, y a la vez más allá del espacio y el tiempo, pues estos son solo virtualidades, mediciones producidas por la función ordenadora de la mente.

En el silencio de la mente que ha regresado a su fuente, lo Real brilla por si mismo, en plena conciencia, paz y felicidad. Sat Chit Ananda.

Maria Luisa (04-01-10)
  

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