lunes, 10 de enero de 2011

ANESTESIA



Inconciencia de ser, y…. ¡de pronto! … hay conciencia de que estoy siendo algo, sumergiendo mi atención en la identidad, asumiendo estar, asumiendo alivio o asumiendo miedo o asumiendo dolor, como si fueran míos. Apareció la mente como ese funcionamiento que genera un continuum aparente, una continuidad de ser alguien que se puede contar un cuento a si mismo. Y este es el cuento de mi experiencia con la anestesia.

Una semana antes el médico me dijo que era necesario hacer una operación, cosa que acaté y a la que me entregué. Llegado el momento, con un relativo buen ánimo, fui llevada en silla de ruedas, con una aguja fija en el antebrazo, hasta la sala de operaciones. Lo inevitable… y entonces me piden que me siente en la camilla, que me acueste en la camilla, (y ver esas típicas tres brillantes lámparas en lo alto), que extienda un brazo a un lado sobre una tablilla, y me lo amarran… que extienda el otro al otro lado, y lo amarran… y algún enfermero pasado de chistoso me dice: esto es para que no pueda salir corriendo. ¡Ups! Entregada, como si me fueran a crucificar. Sólo un instante me restaba para recordar un propósito que me hice 10 años atrás en otra intervención quirúrgica, una especie de experimento de toma de conciencia que en aquella oportunidad no pude completar. Y el propósito era: tomar nota del evento en que la conciencia ordinaria desaparece debido a la anestesia, y el instante en que vuelve a surgir. Con esto en mente, la mente desapareció… todo desapareció……………………… pero no todo, y esto lo supe después.

No soy experta en anestesia ni mucho menos, pero me queda claro que inhibe el sistema nervioso, con lo cual el funcionamiento de la memoria y la capacidad de asociación consciente con las acciones y reacciones del cuerpo quedan desconectados. El cuerpo quedó entonces (según el cuento) a merced de una violencia, acaecida como intervención quirúrgica, de la cual no pudo defenderse. Cómo es que hay esta inteligencia que mantiene los fenómenos en sucesión de causas y efectos por medio de la memoria, es algo que no puedo explicar, pero es evidente que el cuerpo, mucho más allá de que haya o no una voluntad personal o un ego que pretenda protegerlo, se defiende solo. Es como que el cuerpo no es más que un conjunto de memoria genética. ¿Y por qué digo esto?

El cuerpo reaccionó con una tembladera inevitable, intensa, al instante en que apareciera ante mí la conciencia de estar despertando en la sala de recuperación. O sea, apareció la mente que decía: aquí estoy, este es mi cuerpo, esta es mi situación, y entonces surgen las reacciones. El cuerpo estaba primero inerte debido a la desconexión del sistema nervioso con la voluntad, pero al instante que resurge la voluntad asomándose por los ojos del cuerpo, una inevitable reacción psíquica, a sabiendas de haberse sometido a una violencia que de ninguna manera se hubiera aceptado en pasividad estando en una situación de control de la memoria de datos, sucede bajo la forma de temblores y espasmos. Así reaccionó el cuerpo cuando la voluntad de ser se reasoció con él. A la vez estaba latente el deseo de una mano amiga que se posara en mi piel, la piel de este cuerpo que me identifica en este sueño de vigilia mundana, con un cariño que reafirmara: todo está bien.

Desde la silenciosa y muda, pero no sorda, presenciación inmóvil pude ver cómo en este umbral en que renace la memoria individual, la eseidad, desaparecía un sueño que era azul, indefinido, no sé si plácido, pero sin duda inocuo, que se me escapaba, que no podía recoger: imágenes, figuras, algo que se movía, … se desvaneció este para dar paso ahora a las imágenes, sonidos y frío gélido de una borrosa habitación helada donde algunas personas, dos o tres enfermeros y enfermeras se movían pendientes de mi retorno. Dolor, vista nublada, sonidos, temblor, espasmos, horror, el paso de la inmovilidad al desgarrador movimiento voluntario. Así se adueñó la mente de este cuerpo dando inicio a una nueva historia. En este umbral inmóvil donde resurge la continuidad, pude rearmar una secuencia sabiendo que mi atención había estado en algún sitio que debía dejar, para retornar a otro sitio en que debía ubicarse ahora. Pasar de un sueño a otro. Planos paralelos de existencia, como sueños superpuestos de los que el sentido individual no puede participar simultáneamente. Pero al menos quedó un regalito a la memoria… ahora el espejo de mi mente pudo constatar la inexistencia de la ausencia.

Esta vivencia inevitable en plena atención consciente, puede sonar algo extraña o fuerte al ser relatada, pero fue el experimento que tenía pendiente desde hace diez años… observar con hechos fehacientes cómo la inconciencia simplemente no existe, por medio de una atenta investigación del proceso de anestesia. Fue impactante la verificación de que la anestesia no produce la inconciencia, y esto tiene sentido ante la comprensión y certeza previa que ya tenía asumida en mi memoria de datos, de que la conciencia no le pertenece al cuerpo. La conciencia está aquí siempre como lo que soy, en verdad ajena a lo que esta presencia y contiene, y es la mente, ese funcionar que se apropia de una continuidad, una memoria y una identidad, la que hace decir: yo soy esto, este cuerpo.    

Así da comienzo este nuevo año, este nuevo sueño…. Nuevo en verdad, siempre nuevo. Porque nada se queda, jamás. Nada acontece que se pueda llamar real. Todo nace y muere ante mi eternidad consciente. Y esto que fue vivencia es ahora tan solo una mariposa sin alas, pinchada con el alfiler de la memoria: una experiencia. Mas como dice el sabio: nada es ni deja de ser, y lo real de lo que soy es pura presenciación sin dueño, sin forma, ni ubicación, más allá del tiempo, en la eternidad de un presente activo en paz silenciosa.

Algo quisiera decirle a todos los cirujanos y directores de hospitales, clínicas y ambulatorios donde se practiquen operaciones quirúrgicas con anestesia total: Ofrezcan un voluntario o voluntaria que tan solo con manos suaves y voz cálida reciba a este nuevo nacer al mundo a la presencia de ser en el cuerpo. Una caricia y una frase de acogida, una suave presión en el brazo y sentir compañía puede ser lo que salve del peso que significa recobrar un cuerpo, sin duda afectado y adolorido. Ustedes que están investigando las terapias del dolor, añadan este pequeño detalle. Porque una vez el si mismo se muestra como existente en este tumultuoso mundo, el maravilloso milagro es el amor, y por algo nos vemos como reflejos interminables, muchos seres aparentes en el espejo de la conciencia. Es el amor lo que salva.

Maria Luisa
10-01-2011

6 comentarios:

aviló dijo...

Mi querida Maria Luisa.

Gracias por compartir tu experiencia. Ahora también es nuestra. Y por ese relato detallado de la constatación largo tiempo esperada.

Que precioso suena... ¡la inesistencia de la ausencia!.

Un abrazo.

MARIA LUISA dijo...

Gracias amiga Aviló por tu compañía en mis relatos, que del mismo modo que una mano amiga, hace sentir que el amor es compartido, y bello, más aún, cuando se suma la comprensión inteligible. Y sí, es maravilloso... no existe la ausencia, sino solo la presencia que siempre es, aún y más allá del existir tempo-espacial. Un abrazo grande.

QUEOQUINA dijo...

Ma.Luisa, antes que nada, es bueno saber que te encuentras mejor, aprecio mucho tu experiencia por que ahora comprendí con las palabras exactas también mi sentir cada vez que se me aplicaba anestesia, yo he pasado más de cuatro veces por esto y vaya que si es una experiencia y estoy de acuerdo con tu reflexión y en verdad, sería muy bueno poder contar con alguien cálido cuando uno va despertando de la anestesia. Espero tu pronta recuperación y gracias.

MARIA LUISA dijo...

Gracias por tus deseos Queoquina. Y qué hermoso es esto de compartir la comprensión, una manera de que la mente inevitable deje de poner sombras donde solo hay, realmente, luz. Hacer inteligible algo que antes era nebuloso o indescifrable deja más tranquilo al proceso del pensamiento... ahí se abre el espacio a la presencia que fluye en expresión espontánea desde el Si mismo. Un abrazo!

José Manuel dijo...

¡Vaya!, María Luisa, qué bueno que una intervención quirúrgica pueda ser utilizada para reafirmar esa comprensión: "la conciencia no pertenece al cuerpo". El núcleo de la ignorancia también ha sido operado.
Y sí, una mano amorosa es lo mejor de todo en esos trances, tampoco es tanto pedir!
Me alegro, María Luisa, que todo haya ido bien, en todos los sentidos.
Un abrazo.

MARIA LUISA dijo...

Querido Jose Manuel, gracias por tu alegría.
Que la conciencia no pertenece al cuerpo es una certeza que está conmigo hace mucho tiempo, sin embargo estaba basada en una experiencia tan radical que sólo me mostró la luz magnánima, y no me terminó de dilucidar acerca de si era cierto lo que algunos mencionaban como una ausencia absoluta que yo solo podía interpretar como un vacío negro y que no me hacía el menor sentido. Ahora sé con toda certeza que si acaso los contenidos de conciencia quedaren absolutamente diluidos, en lo que se diluyen es en el esplendor de lo total, sin ausencia. Y ahora sé también con toda claridad que no hay rupturas en el río de conciencia, sino sólo incursiones intermitentes de un sentido individual que tiende a hacer fragmentaciones por medio de la memoria, a fin de organizar datos.(mente)El caso es que esta experiencia de anestesia está basada en una observación científica que estaba aliñada por el miedo oculto a la intervención misma, por lo que estaba carente de amor, era fría y tal vez por eso se reafirmó la necesidad de que el amor se mostrara al despertar a la vigilia de nuevo. Así que viene al caso anexar un comentario que me hizo Malak esta mañana:
"El escrutinio científico queda lejos de lo esencial, quizás la puerta que abre a la comprensión es solo el amor, el entendimiento y la humildad."
Un abrazo afectuoso.

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