lunes, 29 de noviembre de 2010

Vida y Pasión (en homenaje a tío Antonio)



Muchas veces la reflexión abierta produce un incendio en mi interior, que cruje con la pasión más ardiente. Reconozco en cada expresión de vida una biografía propia, una historia cargada de situaciones intensas. Se muestren o no, estas están ahí, contenidas… y cuando no en la vigilia, por seguro en los sueños estas semillas cargadas de su propia tendencia echan sus ramas y forman sus propios bosques de experiencia.
La vida es una intensidad llena de colores, sabores de si mismo.

Querida, amada familia, hace pocos días tío Antonio, (para los que no saben lo que este nombre significa para este, nuestro clan, se refiere al más antiguo de la familia), nos dejó para quedar tan solo en la memoria de cada uno que lo tocó y se dejó tocar por él. De mi bello tío tengo un último recuerdo. Hace unos meses, en uno de mis viajes a Venezuela fui a visitarlo y tras una conversación informal y llena de gracia, se produjo el instante de una despedida silenciosa, un Namasté (1) abstracto, de corazón a corazón. Muy anciano y con un cuerpo que ya difícilmente soportaba más aliento, él valiente ahí, parado a duras penas, con orgullo de haber tenido una vida maravillosa y diciéndomelo, “la vida es bella, estoy muy agradecido”, se le salieron una dulces lagrimitas y me dijo: te quiero mucho.

Honro la presencia de cada expresión de vida. Cada historia merecería ser contada, la de los personajes anónimos, que son héroes de sus propias batallas.

Mis amigos advaitines, investigadores que usamos la filosofía espiritual llamada Advaita Vedanta, esta es una herramienta más que estupenda… de las varias que he revisado es la que más me ha ayudado en cuanto a poder concebir conceptualmente algunas modalidades de expresión muy precisa, señales de lo infinito e indescriptible, en el camino de esta existencia que solo dura un instante, de momento a momento, y que la aguda mente (capaz de reproducir la fabulosa ilusión del tiempo) se ocupa muy bien de configurar como un trazo lineal, más o menos derecho, curvo o en bucles, pero lineal. Sin embargo, así como la poesía no lo es todo aunque el poeta la atesore, la filosofía no es todo aunque el filósofo se restriegue profundamente con ella, la sociología no es todo porque además de lo social está lo personal, la psicología no lo es todo, porque además de la psique está lo que la trasciende, de la misma manera, el Advaita (como doctrina) no lo es todo, porque además de la bella precisión intelectual está el corazón de la Vida, que late, en cada uno de esos instantes que se unen como las perlas en un collar. Y esto es indescriptible. Ninguna filosofía, doctrina o manojo de palabras ni de imágenes puede describir la realidad atemporal, pues aunque lo que soy no tiene forma, la lágrima que se desliza por una mejilla está ahí demostrando algo muy misterioso. Un tesoro innombrable.

Ninguna cosa, es todo. Y El Todo es todas las cosas… A pesar de las complejidades que el intelecto es capaz de producir, es el instante tan simple del susurro, del aliento, del contacto (considerado hacia fuera o hacia adentro, no importa), lo que enciende esa chispa de comprensión sin palabras, de sentido total de ser. De ser la vida misma. Como ese toque de y con mi anciano tío, que personalizó en nuestro clan familiar al sabio, en la medida de su estructura como médico pediatra, como auxiliar y pivote de la familia en muchas ocasiones, quizás muchas más de las que él pudo imaginar, porque siempre, siempre, en su larga vida, mostró una solidaridad y ecuanimidad sencilla, sincera y libre de arrogancia, de apoyo hacia afuera, a cada uno, aunque por dentro tuviera sus quiebres, temores y angustias, como toda persona que no haya hecho contacto directo con su esencia primordial, esa que todo temor despeja. Aquel toque, aquel infinitesimal momento quedará en mi memoria, sabiendo que él sabía que todo estaba bien… que todo está bien… y aunque la vida, como historia, biografía, es intensamente bella, así como quebradiza… el brillo que resplandece en la comprensión y clamor inmediato opaca completamente toda la ilusión de haber sido algo, de haber tenido algo, porque Todo se Es, antes y después del tiempo llamado “mi vida”.

Maria Luisa

(1) Namasté: Saludo desde el ser que habita en mí, al ser que habita en ti, reverenciándolo como uno y el mismo.

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