jueves, 22 de julio de 2010

¿Avanzar y aprovechar el tiempo?


En la medida que sigamos suponiendo que vamos escalando por las ramas del aprendizaje, siempre habrá un esfuerzo por llegar más allá, sin descanso. Acostumbrados a asumir y aceptar que el devenir, todo este mundo que parece suceder, esta vida que parecemos transitar, es real, en esa misma medida aceptamos ser algo que se mueve, evoluciona y cambia.

Esta ilusión es tan atrayente como una excelente película, de esas en que olvidamos lo referido a nuestra vida y nos quedamos inmersos en la vida del personaje. Del mismo modo, en la vida cotidiana, en este despliegue de memorias que suceden ahora, olvidamos la plena realidad del ser esencial, quedando inmersos, identificados y fragmentados en cada cuadro de acetato (como los de un rollo de film) llamado deseo, miedo, recuerdo, impulso, siempre pendientes. Pero, ¿pendientes de qué? ¿Por qué siempre parece que hay algo pendiente e inacabado?

La respuesta es bastante simple. La mente despliega ante la observación una serie de alternativas y un cometido a ser cumplido. Son las semillas que cargamos en la mochila, que hemos permitido y aceptado que nos definan (como “yo”), y que requieren dar raíces, tallo, flor y frutos. Por ejemplo, el hombre de oficina tiene obligaciones ante su trabajo, él depende de este trabajo para su manutención. Le asignan labores a las que se ve obligado a prestar atención. El preferiría estar en otro lado, haciendo otra cosa, y al mismo tiempo que desempeña su función, mantiene el silencioso y constante deseo de que llegue la hora de salida. De pronto, el problema que le han asignado atrapa su atención tan por completo, que ya no hay espacio en ella para acoger otro pensamiento o deseo. Y esto no sucede en forma intencional, solo se presenta. Queda atrapado en la labor de tal manera, que se olvida por completo de sus deseos personales, y simplemente la ansiedad desaparece. Está iluminando el asunto presente con absoluta inmersión. Su yo desaparece y solo queda presencia y contenidos, en una sola unidad: lo que está siendo. Ya no hay hacer, solo hay ser en movimiento, sin fragmentación.
¿Cuánto esfuerzo se requiere para esto? Basta que desaparezca el deseo de que las cosas sean de otro modo. Es como tirarse de lleno a una piscina desde un alto trampolín.

Plenitud no es algo a ser logrado… es lo que se evidencia cuando la ansiedad de cumplimiento desaparece. Hay tanta plenitud en la observación de un hoyo en la pared como en la observación de un colorido atardecer. Pleno es lo que no está dividido entre el que observa y lo observado. No está llenando el espacio personal de alguien. Pleno es el Ser, tanto continente de conciencia como contenido de conciencia.

El yo creado por la mente es como una fina capa de gel que cubre la visión. Basta remover esto, pero, ¿cómo? Olvidarse del logro, ver desde si mismo, sin atrapar los pensamientos que distraen… dis- traen: Nos traen a distancia de lo observado, produciendo dualidad como si esta fuera real.

El Si mismo es la plenitud de la no dualidad. En un comienzo de la investigación se plantea poner una distancia mediante el discernimiento entre lo permanente y lo cambiante, señalando que el Si mismo es lo permanente. Cuando la atención se hace una con el objeto, sin separación, sin necesidad, sin mente, sin discernimiento, todo lo que es, es Ser, lo que siempre ha sido, permanentemente. No - dos es lo permanente.

Finalmente, esta vida, este despliegue que emana de si mismo, no es otro que el Si mismo. Sin la cortina de los conceptos: yo soy esto, o yo no soy esto, o yo quiero ser esto, o yo quiero saber lo que soy, sin la cortina del yo, todo es el Si mismo real. Con la cortina del yo, todo es ilusión.
Maria Luisa

1 comentario:

Anónimo dijo...
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