sábado, 16 de enero de 2016

La Persona


Cuando la persona -o consideraciones que sostengo acerca de mi misma- no es importante, sino que ser es importante, todo es reconocido como contenido y reflejo del ser mismo.

Cuando digo que la persona no es importante me refiero a que no se mantiene la idea de ser la persona, esto da igual. La persona es la máscara, es la imagen de uno mismo, no lo que uno mismo es. La persona está construida de ideas, pensamientos, juicios y criterios, gustos y aversiones, y un bagaje llamado historia personal, que no son sino recuerdos de experiencias que no están presentes, sólo quedan en la memoria.
La disposición adecuada para que se evidencie la realidad de lo que Es, de lo que Soy, de lo que eres, implica la quietud del juicio separador, el silencio del parloteo que tiende a estar presente diciendo lo que hice o no hice, o debí haber hecho mejor, lo que deberé hacer, lo que me falta para llegar a ser la proyección ideal que he aceptado. En la disposición adecuada reina la observación sin juicios, permitiendo que los pensamientos se presenten, que las ideas se desplieguen, pero sin seleccionar en base al interés de la persona que construye méritos. El funcionamiento mental se aligera permitiendo que la inteligencia entregue las respuestas, que la creatividad resuelva y se exprese. Esta disposición se abre al amor, toda persona es vista a través de su máscara, reconocida como el mismo ser que soy. No se presenta el juicio que me separa del otro, tampoco aparece la intención de mérito como que yo voy a ser una persona amorosa… todo esto se disuelve en el océano de la conciencia. En la disposición adecuada no cabe la importancia personal…. El ego queda supeditado a la comprensión inteligente e impersonal, es un ego funcional para dar cara al quehacer social.

Maria Luisa

viernes, 15 de enero de 2016

La observación sin juicios

La adecuada disposición para la realización y comprensión de la realidad absoluta de ser implica preferentemente una mente tranquila, sin agitación y sin estar adormecida… una mente que no está planteando juicios, separando unas sensaciones de otras, unas ideas de otras, prefiriendo o descartando en base a un interés personal. Cuando la persona -o consideraciones que sostengo acerca de mi misma- no es importante, sino que ser es importante, todo es reconocido como contenido y reflejo del ser mismo.
Hay una alegoría acerca de un estanque con agua muy tranquila donde se refleja la luna. Se indica que la luna representa la realidad y el agua a la mente que refleja la realidad. Ver el reflejo de la realidad es como ver la luna en el estanque, pero seguiría siendo un reflejo lo que se ve. Es como cuando hay comprensión que filtramos por medio del pensamiento, interpretando la Realidad. La Realidad en sí misma está más allá de la mente y se reconoce de manera directa sin el concurso mental. Es como dejar de ver el reflejo de la luna en el agua, levantar la mirada y observar la luna en el firmamento.
La mente tranquila en el estado de vigilia nos da la oportunidad de entregarnos a observar sin juicios, sin separar lo observado, y sin separar al observador de lo observado. La observación sin juicios se da cuando la mente retorna a su fuente, que equivale a decir que se deja de emitir conceptos para nombrarlo todo, y hay pura conciencia, sin sujeto ni objetos, pura observación en plenitud.
Maria Luisa

jueves, 14 de enero de 2016

Los tres estados de la mente


La mente, como función, fluctúa en innumerables estados, así como el agua, dependiendo de la temperatura, pasa de líquida a sólida, de sólida a líquida, de líquida a gaseosa y de nuevo se hace líquida. Se puede decir que los estados puntuales son líquido, sólido y gaseoso, aunque haya situaciones intermedias. De esa misma manera podemos decir que la mente tiene tres estados: vigilia, sueño con sueños y sueño profundo. Aunque haya situaciones intermedias entre ellos, para efectos didácticos se plantean estos tres.

La vigilia es un funcionamiento donde la memoria objetiva juega un papel importante, puesto que es la que determina el modo lineal del tiempo, del pasado al presente y al futuro. Es una linealidad propuesta por el pensamiento que genera la ilusión de que dicho transcurso del tiempo es real, verdadero, existente.

El sueño con sueños o ensoñaciones es un funcionamiento no lineal, no es lógico ni secuencial, que recoge impresiones (de la memoria) que han sido sumergidas y a las que no prestamos atención en el estado de vigilia.

El sueño profundo es un funcionamiento sin movimiento, es decir, el no funcionamiento del pensamiento, la ausencia de memoria, de proyección, de imaginación. Es el descanso de la mente, de la identidad, del cuerpo, de la emoción, del mundo. La mente está congelada en este estado, sin embargo la conciencia permanece como fondo primordial. La razón por la que aparentemente no hay conciencia en ese estado es porque no hay movimiento, no hay recuerdos que observar, por tanto no hay identidad que observar.

Lo que pasa en el sueño profundo no es lo mismo que cuando se señala que la mente regresa a la fuente. Que la mente regrese a la conciencia, su fuente, implica que la mente esté quieta, equilibrada, tranquila, sin embargo hay atención alerta.


Ante la presenciación eterna (Conciencia) se despliegan los contenidos, la mente funciona ordenándolos en dos estados, y en el sueño profundo no se presentan los contenidos. Es como ver una pantalla de televisión. Cuando el televisor está encendido (vigilia y sueño con sueños) observamos los programas que hay, y cuando está apagado (sueño profundo) observamos la pantalla negra. Yo, el presenciador, sigo allí, solo que no hay historias que observar.

miércoles, 13 de enero de 2016

La mente y la disposición espiritual adecuada


La disposición adecuada.

La adecuada disposición en la vía espiritual se refiere a una disposición en nuestra mirada que se basa en cómo está funcionando la mente. La mente es la función de la conciencia que establece diferencias, mediciones, comparaciones, etc., mediante pensamientos. La mente discurre ante la presenciación, ante la conciencia y en la conciencia. Soy testigo de lo que se presenta en la pantalla de la conciencia. Hay conciencia de los contenidos conscientes, de su movimiento y del orden que la función mental hace de ellos. Estemos claros en que la esencia primordial es conciencia. Desde la conciencia y en la conciencia se mueve la mente. 

Las tres características de la mente.

La mente funciona básicamente de tres modos: lento y aletargado (tamásico), agitado y excitado (rajásico), o equilibrado y tranquilo (sátvico). Estos modos o características no son fijos, son variables. Por ejemplo, en un momento puede estar la mente muy agitada y al rato se vuelve tranquila. La mente surge en la conciencia, se sostiene en ella funcionando de alguno de estos tres modos, y regresa a ella. Que la mente regrese a la conciencia, su fuente, implica que la mente esté quieta, equilibrada, tranquila. La conciencia es equiparable al océano y la mente a las olas que se mueven en él. Una ola tranquila casi no es una ola, sin embargo siempre es océano. No necesita regresar al océano puesto que es simplemente un movimiento del océano. De mismo modo, decir que la mente regrese a su fuente es una indicación alegórica, una señal para decir que en la quietud se nota la quietud que siempre hay de fondo. 

La conciencia, en sí, es perfecta quietud, como el papel blanco donde se imprimen las letras. Como la pared donde se cuelgan los cuadros. Los cuadros pueden ser puestos, cambiados o quitados, pero la pared, en su absoluta quietud, siempre está ahí. Sin pared, no se pueden exponer los cuadros. Normalmente vemos los cuadros y no la pared. Así mismo, notamos los pensamientos presentados por la mente sin notar la conciencia de fondo. Los pensamientos, las ideas, las imágenes, la percepción, los sentimientos, las emociones, el conocer, el saber, no pueden existir sin que haya conciencia de ello, por eso su fuente es la conciencia. Suceden en la conciencia, a la conciencia y por la conciencia.

Maria Luisa

lunes, 11 de enero de 2016

Los velos de la ilusión


La vía de realización espiritual directa es descrita por las enseñanzas no duales. En la mayoría de ellas no se invita a un proceso largo de despertar de la conciencia, de unión de la persona con la esencia, de evolución, transformación o crecimiento de ningún tipo. En la vía directa se indica que lo Esencial, primordial, el Ser fundamental, ya es… aquí, ahora. Y este ser es lo que somos. No sabemos de esto porque estamos cubiertos por la ilusión.

Ser Conciencia Plenitud es la esencia real de la existencia. Se manifiesta en múltiples formas, y ahora está manifestada como tú, como yo, y como todos los seres, las cosas, y al mismo tiempo, el universo que las contiene. Si investigas profundamente será evidente por medio de la gracia, que eres ese supremo Ser Conciencia Plena. La investigación consiste en disipar la ilusión, y esto puede suceder de forma inmediata o de forma paulatina.

La ilusión primordial o inicial es la identificación con el cuerpo.
La próxima ilusión es caer en la trama estructurada de la sociedad donde vivimos.

A veces se habla de la persona libre, y es supuestamente porque esta no se deja llevar por los condicionamientos… o al menos los conoce y se mueve con ellos. Pero esta persona no está libre de la ilusión primordial, que consiste en creer que es una persona.

La liberación completa sucede al saber de la naturaleza esencial, al librarse de la idea de ser el cuerpo, o de ser una entidad de cualquier tipo que está separada. Esta liberación no significa que la persona deje de funcionar, ni que las ideas dejen de aparecer, ni que la vida deje de darse como se estaba dando…. Solo significa que uno conoce su Ser real, no nacido, sin forma, que no es diferenciado de alguna otra cosa o existencia. Sabe que nunca estuvo preso… por eso se llama ilusión, ya que la ilusión sucede, pero no se refiere a algo real.

Una disposición por convencimiento, una disposición por rendición.


Poco a poco puede suceder el irse convenciendo de que soy algo más que esta persona, más que esta limitación. Después de haber probado maneras para liberarse del sufrimiento psicológico, y quizás llegar a tener suficiente autoestima, o lo que es igual, un ego fuerte y estable, puede llegar el punto en que se reconozca que hay otro sufrimiento quizás escondido, más profundo, un dolor por ausencia de algo. Puede verse que la felicidad no está en el hecho de funcionar bien, ni siquiera de sentirse satisfecho con ciertos logros, comodidades, confort. Puede ser también que, habiendo sido un investigador para solucionar las carencias psicológicas, se haya encontrado con la existencia de las enseñanzas de la no dualidad, sean cuales sean, de la corriente que sean, y se haya escuchado la señal: no eres el cuerpo, no eres la persona, eres Si Mismo, absoluto, eterno e inmutable… y tal vez, resuene esto con fuerza y se empiece a practicar, de algún modo, o a leer o escuchar sobre estas enseñanzas. Puede entonces llegarse a la convicción de lo que dicen esos señalamientos, y esto produce una disposición por convencimiento.
Por otro lado, la disposición por rendición sucede cuando se ha intentado todo y no se logra salir del meollo psicológico, o cuando ni siquiera se ha intentado algo al respecto sino que simplemente se cae en el hoyo más profundo de la desesperanza.

La disposición te pone en el borde, abre el espacio para la gracia. Quizás escuchar una simple frase, quizás sólo el quedar estático, cualquier cosa puede permitir que la realidad de lo que eres se evidencie por sí misma, cuando ya no se hace nada, absolutamente nada, para mejorar o cambiar las circunstancias. Y este es el punto, dejar de desear que las circunstancias cambien, que el pasado haya sido de alguna otra manera o que el futuro se presente según los deseos que tenemos. La disposición adecuada te pone en observación sin juicios, te deja desnudo en el presente activo.

Maria Luisa

Amigos

Buscar en este blog