lunes, 28 de septiembre de 2015

Paz en época de angustia


Ya no recuerdo cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que escribí un artículo. Este año han pasado muchas cosas de impacto para mí. Se casaron mis dos hijos y se murió mi mamá, desde Junio hasta Agosto… sin treguas.

Mi mamá venía mal desde hacía casi dos años, mal ella y puso mal a toda la familia, una etapa de estrés y sufrimiento. Ella era el pilar, y la estructura se quedó de pronto sin bases para los siete hijos y los 13 nietos. Verla decaer, volverse dependiente y sufrir nos puso en apuros de todo tipo, y sobre todo emocionales. Estos son los hechos en crudo.

Han pasado dos meses y medio de su fallecimiento, y todos hemos podido relajarnos y mirar desde otra perspectiva, la del alivio porque ella descansó. En esta situación de alivio aparecieron las cosas bellas, agradables, opciones liberadoras para cada una de sus hijas. Cosas que estaban siempre presentes pero inadvertidas. Cuando durante la etapa de convulsiones, médicos y enfermeras, decenas de pastillas diarias, sordera con tinnitus, alucinaciones, depresiones, pérdida de sentido absoluto, gastos, peleas, discusiones, colas para comprar un suero en Venezuela, escasez, y una lista interminable de condiciones presionantes para todos, tanto para los que estaban cerca de ella en Caracas, como para los demás allende los mares, las posibilidades de ver lo hermoso se escabullían entre las sensaciones de angustia. Ahora aparece la música y el tiempo ligero para observar un eclipse de luna para mi hermana ME, la posibilidad de cambiar de rumbo de vida y notar unas guacamayas que se paran en la ventana de la casa de mi hermana MC, fines de semana frescos frente al mar para mi hermana C, y así, opciones de disfrute sumadas a oportunidades de crecimiento económico, reencuentros y perdón.

La gran pregunta del buscador espiritual es: ¿cómo sería posible mantener la paz, que se siente en la época de ligereza, durante la época de presión?

Si nos fijamos bien, cuando hay ligereza no es porque algo se ha añadido, sino por el contrario, algo se ha soltado. Para estar en paz no hay que agregar nada. En cambio cuando se está en angustia, hay pensamientos, sensaciones y emociones que generan dicha angustia. La mayoría de las personas creen que no hay forma de evitar el que una situación dispare una idea, a continuación explote una sensación y por último desencadene una emoción. Por ello se le atribuye a las situaciones la razón de la angustia. Y suponemos que para no sentir la opresión en un momento determinado, hay que eliminar la causa, es decir, el hecho o situación que lo provocó. Esto nos vuelve dependientes del acontecer, y sólo en épocas de benevolencia sentimos paz, con su consecuente alegría.

De nuevo con la pregunta, ¿cómo sentir paz constante, pase lo que pase? ¿Cómo ser capaces de ver lo bello cuando ocurre algo que oprime? Indudablemente lo grato no está presente cuando se siente malestar. Placer y malestar son pares opuestos que excluyen a uno del otro. En cambio, observar lo bello no tiene nada que ver con el placer, tocar en el piano una pieza bella como el Ave María no depende sino de tocar con el corazón, con el alma al descubierto. Lo bello arrebata a pesar de cualquier circunstancia paralela. Pero es posible no detectarlo si mantenemos la atención puesta en el miedo, en la protección egocéntrica, en los pensamientos que una y otra vez aparecen contándonos una triste historia sobre nosotros mismos. Para escuchar y ver lo bello, la atención debe pasar por alto los pensamientos destructivos… simplemente no darles alimento.

En el fondo de todo, el sostén del existir es pleno y confiable, amable y poderoso, residir en ello es paz y es alegría natural. Cada vez que soltamos las riendas del miedo y el control de las circunstancias, nos estamos entregando a lo natural de ser. Esto es para mí real, no algo que necesite creer, ni un pensamiento “positivo” para reemplazar a los negativos. El sostén del existir es mi propio ser, es lo que descubrí tras buscar quién era yo realmente.

No tengo una receta mágica para ofrecerle a quien esté en angustia, no tengo los 10 pasos a seguir para liberarse del sufrimiento. No hay píldora ni oración milagrosa. Lo que sí sé es que hasta que no se descubra que nuestras ideas no nos definen, que el acontecer es como las escenas de una película, que así como empieza termina, y que no soy sino el espectador inafectado del flujo de sensaciones, percepciones, sentimientos, emociones y pensamientos, no salimos de la dependencia del acontecer.

Lo bello, la paz de corazón, el sentimiento de júbilo, la plenitud, no dependen de las cosas que pasan. Son expresiones espontáneas de ser. Y son nuestras ideas encapsuladas las que velan nuestra percepción, haciendo creer que ese fino velo es más verdadero que el trasfondo de existencia plena que se está dando momento a momento con todo… con sus placeres, sus dolores, sus alegrías, encuentros, soledades, éxitos, fracasos… todo es como una película sobre una pantalla, como olas moviéndose en el mar, como nubes pasando por el cielo. Con la mirada amplia y sin estructuras, la conciencia liberada de las ideas, la atención despierta y la observación sin juicios, la paz se destaca por sobre toda perturbación y la alegría sonajera vibra más fuerte que la tristeza pasajera. Tener ojos para ver, oídos para escuchar, tacto para sentir… y respiraremos los aromas de la armonía. Reconocer los velos del ego, y descorrer las cortinas para ver el paisaje completo, en plenitud… pero sabiendo desde dónde se sostiene. 
Desde el Ser.

Maria Luisa

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