martes, 17 de marzo de 2015

RECUPERAR EL EQUILIBRIO - VOLVER AL ORIGEN


Muchas personas descubren en algún momento que la vida no tiene sentido, y por desconocer el trasfondo real de su existencia desesperan y sufren. Por eso, para mí, lo que tiene sentido ahora es hablar de estas cosas que hablo, por empatía, ya que considero que no es suficiente buscar la medicina temporal de las creencias, ni comprarse ideas sobre la fe. Eso, según lo veo, es como pretender sanar una herida grave y profunda con agua hervida. Es necesario ir a la raíz del asunto, a la causa original del desconocimiento, o, como algunos lo llaman, la ignorancia de Sí mismo. Está escrito por sabios de todos los tiempos que el sentido esencial se conoce al conocerse a Sí mismo.

La Vida se expresa, se manifiesta sin que se pueda evitar. Es manifestación de Conciencia sin propósito. La Vida es el movimiento de la Conciencia, pero pocos reconocen esto.  Por mi parte es un hecho que me reconozco, a mí, Sí mismo que soy. Me reconozco sabiendo que soy, que existo y que todas las cosas existen y dejan de existir ante mí, la Conciencia. Aun así, sufro o disfruto la vida en base a las exigencias de mi identidad, muchas veces sumergiendo lo más brillante de la comprensión para quedar opacada temporalmente por las tendencias latentes. Una y otra vez veo cómo se produce esto, y me hace comprender lo que nos pasa a todos.

Necesitamos, para recuperar el equilibrio de la comprensión, y para deshacernos de la aparente ignorancia, conocer los pensamientos y el movimiento que los va destacando, la mente, ya que son los pensamientos los que nos perturban cuando hay crisis. La mente es una función de la Conciencia que ordena los pensamientos, las burbujas de pensamientos. Unos se destacan sobre los otros, se disminuyen, se muestran, se esconden, retroceden, explotan, desaparecen. Son como latidos con distintas pulsaciones. No son ajenos a mí, pero los conozco. No pueden estar en ningún lugar distinto de mí, pero los observo. Como si me desdoblara, la Conciencia se centraliza y me hago yo que observo eso. El latido permanente de la Vida entra en juego con el latido intermitente de los pensamientos. Donde en esencia no hay dos, parece haber dos conjuntos de latidos, a veces sincronizados, a veces no. Pero uno es permanente y real, el otro es intermitente, transitorio, cambiante, por tanto no es absolutamente real. Sin embargo existe, pues se manifiesta y lo conozco.

Cuando hay sincronía entre el pensar y la Vida, hay amor, hay perfección, hay belleza, claridad. La mente está en su fuente, la Conciencia. Y sigue funcionando desde ahí diciendo nombres tales como: amor, perfección, belleza, claridad, unidad, armonía, paz. Desde ahí, la función es impecable.

¿Qué es lo que rompe esta sincronía? ¿Cómo sucede el sufrimiento?  
Cuando la mente pretende independizarse de su fuente, es como olvidar la realidad de ser. Construye persona, construye pasado y futuro, como si fueran míos y me definieran. Construye ego, un yo con historia, un yo vulnerable, carente, necesitado, que busca completarse, mejorarse, ser apreciado. Un yo separado de millones de otros yo, ustedes.

Sufrimiento es ego, es cuando el yo que observa se separa de lo percibido, se independiza de lo percibido y a la vez, de su propio origen. Ego es un yo ilusorio, por eso cuando lo busco no puedo encontrarlo, puesto que no puede haber dos yo.

Es cuando me adormezco a mi verdadera naturaleza, y me envisto de una personalidad buscando reconocimiento, mérito, proyección, que esta ilusión hace presa de mí. Al perseguir creencias o pensamientos ideales, muchas veces se entra en conflicto con la pulsación de Vida que está aconteciendo naturalmente. Se produce una lucha desgastante por insistir en la construcción de una artificialidad. Y solemos no darnos cuenta de esto, porque el ego ciega y obstruye la claridad con la cristalización de la mente, que deja de fluir tratando de mantener las ideas fijas sobre el deber ser y la consecución de nuestros deseos. Se niega el acontecer, se rechaza, y se procede a poner la atención en un pasado en apariencia mejor o un futuro ideal.

Esta ilusión, el sufrimiento, puede presentarse en algunos casos como una alarma que me llama la atención, me despierta del ensueño de ser una soñadora, y entonces la ilusión se desvanece, el yo separado desaparece, el ego se sumerge, las dudas se disipan, los miedos se apartan, la oscuridad deja de existir, porque la he alumbrado con la visión aguda, clara, reposada, de la atención plena, la observación sin juicios. Es como recuperar un carruaje descarriado, como volver al equilibrio, como despertar de un desmayo. Es como retomar el norte. Es Vida en presente activo.

No hay donde ir, pero tampoco hay donde quedarse. Todo viene y se va, pero yo permanezco. Tanto el dolor como el placer vienen y se van, ambos, dos extremos de experiencia en el fluir de la vida.

El cuerpo, la mente, las emociones, son como motores ya diseñados y condicionados a existir de una manera determinada. Aparecen los pensamientos, se sienten emociones, se hacen cosas que responden de forma automática ante algunos estímulos. Desde la fuente, en observación sin juicio, soy presenciación de todo este movimiento, Conciencia que conoce y observa los automatismos, Conciencia, en realidad inafectada, que sostiene este movimiento. Desde la claridad, con la comprensión inmediata de esta situación, de esta realidad constante, el movimiento automático tiende a armonizarse, la respiración se calma, el cuerpo se va relajando, las emociones se apaciguan y el entendimiento va surgiendo limpiamente. La mente se va recogiendo de este modo, de nuevo, en su origen, la Conciencia.

La Vida no tiene un sentido conceptual en sí misma, porque es el despliegue de mi propio movimiento, un despliegue libre, como arcoíris de luz convertida en miles de colores. Una expresión suavemente fluida de mí, de Ser que es Conciencia, y se muestra en plenitud sin ninguna atadura. Sin embargo, la mente, mi función para manifestarme, mi función para experimentar y poder descubrir la variedad de colores que me conforman potencialmente, procesa datos, información. Procesa las tendencias latentes, los pensamientos. Y arma un posible sentido de vida, un propósito, una dirección que tiene comienzo y tiene final. Mi función, la mente, me da un disfraz temporal, me idea un papel que jugar, un personaje para vivir los episodios del juego de la vida. La realidad de Ser Conciencia es plenitud y perfección, sin embargo la ilusión de ser la persona solo muestra un reflejo de la totalidad, tan solo una selección de aspectos. Si lo olvido, sufro… o juego a sufrir.

Es necesario discernir entre lo que es real y lo que es ilusión, notando aquello que permanece y aquello que es transitorio. Es necesario que la mente funcione desde su origen, y ahí aparece todo el sentido, la dirección necesaria, un funcionamiento impecable que no necesita creerse el cuento del yo – identidad, sino que sólo lo usa, como quien asiste a un baile de disfraces… y lo goza.

Maria Luisa



Amigos

Buscar en este blog