martes, 19 de noviembre de 2013

Día a día y la imperturbable felicidad de Ser


Día a día nos levantamos de la cama con la sensación de que una vez más aquí estamos, afrontando la vida, y de una manera que parece inevitable, nos vemos envueltos en un río que ayer llevaba un cauce y hoy parece seguir en la misma dirección. Asearse, en mi caso preparar café y a veces algo de desayuno (otras veces parece que a esa hora nada cabe en mi estómago), y comenzar la rutina revisando en la memoria, o en su defecto, en apuntes tomados en una agenda, para no pasar por alto algún compromiso inusual que hayamos tomado para este día. Rememoramos los acontecimientos del día anterior y de la calma que a lo mejor sentimos mientras dormíamos, vamos pasando a la inquietud. Cada recuerdo puede ir disparando emociones, unas más intensas que otras. Se va formando el panorama de las expectativas, retomamos actitudes que ayer asumimos como definitorias, y es como que a la vez de vestirnos para dar la cara al mundo, nos ponemos el traje de la identidad que llevamos días o años confeccionando.

Dormía exquisitamente y no era alguien. Al presenciar el estado de vigilia que resurge en la conciencia, este viene montado como un show donde el personaje principal soy yo.   Un personaje que sin sus emociones e ideas no se sostiene. ¿Cómo ser persona en este mundo sin una identidad?

Nos asomamos al mundo a través de tres ventanas: cuerpo, mente y emociones. Observamos a través de ellas lo que su estructura nos permite percibir. Vueltos hacia afuera, la atención queda atrapada en el devenir cotidiano y el mundo de los fenómenos.

La calma presenciadora que era evidente durante el estado de sueño se ve envuelta en inquietantes emociones que remueven el cuerpo a la vez que surgen pensamientos, recuerdos o expectativas. Atentamente, observo a la vez que discierno, que esta calma me ocurre a mí. Observo que sin duda los movimientos del cuerpo en conjunto con el caudal emocional me ocurren a mí. Indudablemente los pensamientos se me presentan a mí. Soy presenciadora de todo el movimiento, así como de la calma sin movimientos. No cabe duda.

Desde esta atención que acuciosamente observa y nota el surgimiento de todo esto, también me doy cuenta de algo que resulta abrumadoramente importante. Puedo dejar que mi atención sea arrastrada, por el hábito, hacia las ideas y sensaciones de identificación, o puedo permanecer en esta mirada que, sin dejarse contaminar por el automatismo, es plena por sí misma y libre de identidad. En el primer caso, arrastrada por el automatismo de la identidad y su comportamiento, sucede un vaivén inquieto, a veces contenta, a veces sufriendo. En el segundo caso, al detectar la tendencia al automatismo, este se diluye,  y al diluirse permite que la respuesta a cada pensamiento nazca desde la claridad y no desde la confusión. La consecuencia de esto es un funcionamiento sin trabas, que no genera sufrimiento ni a mí ni a otros. La persona que representa el papel de personaje principal de esta historia se muestra funcional, y llora cuando tiene que llorar, ríe cuando tiene que reír, permitiendo que ideas nuevas, actividades creativas, respuestas que surgen de la inteligencia natural, se vayan presentando.

Ahora…. ¿Cuál es el punto? ¡El punto es que andamos dormidos! Estamos dormidos a lo que es verdadero en nosotros, porque nos creemos el cuento de la identidad. Incluso más, creemos que podemos llegar a construir un modo de ser, de comprender y de comportarnos que definitivamente quede fijo, para siempre, y que a partir de entonces, todo irá bien. O quizás que si nuestras metas y expectativas de una vida llena y completa se cumplen, nuestra vida será feliz y realizada. No nos hemos dado cuenta, cuando jugamos este juego del personaje de la historia, de que es algo que surge ante la presenciación en el estado de vigilia, no notamos su impermanencia, y menos aún la permanente luz de conciencia que somos. Sin darnos cuenta del flujo constante y cambiante del río de conciencia que es la vida, nos dormimos a la realidad de ser, que es esta infinita conciencia, sin comienzo y sin final. Sin notar que el personaje, la persona con sus hábitos, costumbres, conocimientos, estos cuerpos que se modifican instante a instante, el carácter heredado de algún antepasado, los traumas infantiles o de cuando sean, es un conjunto de ideas y creencias asumidas. Estas creencias son pensamientos que atrapo y sostengo con la atención, buscando con ello dar sentido a esta vida.

Descubrir desde dónde conozco, desde dónde percibo, desde dónde hay conciencia tanto de la calma como de la inquietud, desde dónde sé de esta identidad que ha cambiado a lo largo de los años… descubrir la confusión… este es el punto. Pretender, por otro lado, modificar el comportamiento, adquirir cosas, conseguir que me amen, comprar y tener, poseer y ser admirada, son artificios que nublan la mirada porque se sostienen en la idea de que la felicidad es algo alcanzable y que espera por mi… porque no he notado la felicidad que ya soy, esencialmente perfecta… pues de nada carece, jamás ha nacido, no se modifica y no es vulnerable. Notar el Ser Conciencia de la felicidad que emana naturalmente, infinita e imperturbable… ese es el punto.

Maria Luisa




viernes, 15 de noviembre de 2013

Sal de vida - R.Malak


Si detecto la unidad de las cosas, si abandono la idea del yo, si paso por alto los conceptos limitadores y duales, la comprensión queda sin obstrucciones siendo la consciencia el sustrato de todo lo que existe en el universo, de manera que su misma  expresión queda en libertad.

En todas las personas la conciencia aparenta estar cristalizada como las diversas e ilusorias identidades centralizadas, que se muestran como mente-cuerpo-emoción, constituyendo la barrera que se llama autoestima o “Mi”. Cuando comprendemos que lo permanente nunca se separa, que es el Todo y su naturaleza se expresa como la Realidad, asumimos que esta es la consciencia que, como la base de Ser, se evidencia en la perfección de lo no manifiesto, quedando en lo manifiesto la posibilidad de auto-conciencia.

Cuando ello se evidencia, la mente se destroza en vocablos aparentemente desordenados y la luz se desenvuelve. Las doctrinas caen como estatuas doradas y la esencia queda vestida de bruma y sal de vida. Se observa la autoconciencia en un estado de permanente inicio, aunque cuando estamos en el presente activo parece que estuviera atrapada en el tiempo. Cuando la comprensión se evidencia el apego se diluye y el Si mismo aparece como si fuera luz y fuego. Ese vacío de conceptos realmente está lleno de Si mismo, mientras que el ego, sin defensas, queda en el olvido. Se bebe de la vida, sintiéndola y respirándola a cada instante.

La principal obstrucción para esta comprensión es la misma mente, que necesita algo nuevo todo el tiempo: un trabajo que realizar, algo a lo que dedicarse, algo que mejorar, un pensamiento que seguir. Cuando detectamos este absurdo juego queda en evidencia nuestra naturaleza esencial. Al descubrir la paradoja, nuestros pensamientos, sensaciones y emociones cambian, aunque no haya habido el propósito de provocar ese cambio. Lo fundamental es saber lo que somos, conocer a través de la cualidad de la observación sin juicio, de la presencia consciente, o dicho de otro modo, ver que Si mismo da cuenta de que toda vivencia depende de saber de esta auto conciencia. Desconocer esta cuestión hace que toda compresión se de en relación a la obstrucción, por desconocimiento de este proceso. Podemos ver a través de lo que sabemos de la mente, el cuerpo y el mundo, es decir, a través de los condicionamientos como expresiones temporales que están sujetas a las ilusiones de tiempo-espacio, o podemos ver sin el velo de maya, quedando abiertos a la plenitud  y a la pura conciencia. R.Malak


Comentarios del texto a través de chat

R.Malak: Aquí, en este texto, puedes ver la mecanicidad de la mente, que no puede estar sin un trabajo que realizar. Esto es tan automático, que todos se confunden con esta cuestión. La mente, en el trabajo, es tan demandante, que obliga a la presenciación a moverse detrás de ella. Incluso se fija metas como:
“voy a verificar el funcionamiento de la mente”, o cosas similares. La cosa es que intenta hacerse cargo del movimiento. La mente no puede estar sin ejecutar.

 Maria Luisa: ¿Y eso es un problema a la hora de estar en realización?

 R.Malak: La realización es detectar esa cuestión. La realización es saber y conocer el yo, y la realización es saber de Si mismo, en Si mismo y desde Si mismo.

 Maria Luisa: ¿De manera que si la mente sigue en su proceso de hacer no es un problema?

 R.Malak: La mente nunca ha sido un problema, es una función de la conciencia que ha quedado en movimiento circular, detrás del Hacer y del logro, sin objetivo preciso.

Cuando se reconoce esa cuestión, el Hacer ya no constituye problema,porque el hacedor no es el Ego. Hay acción sin hacedor, sin hacedor egoico.

martes, 5 de noviembre de 2013

Lo verdadero no es lo mismo que la verdad

Lo verdadero no es lo mismo que la verdad, esto es algo que llevo rumiando un rato. Se le da demasiado valor a eso llamado “Verdad”. Cuando uno habla de “La Verdad” es casi imposible no caer en el dogma.

Quiero discernir un poco acerca de este tema, esta palabra que ha surgido de mis disertaciones de esta mañana. Es una inspiración que aparece después de unos momentos revisando mis quehaceres pendientes.

Lo verdadero, eso que es íntimamente cierto para uno mismo, a pesar de lo que diga nadie - siendo muy cuidadosa al revisar que no haya condicionamientos por detrás marcando la ruta de este mirar - surge del centro, del origen. En cambio la verdad es una estructura conceptual que trata de definir qué es verdadero y qué no lo es.

Lo verdadero es lo que busqué por años. ¿Qué es verdadero en esta vida?, era mi pregunta aunque no la formulase así.  Auténtico, sin trampas, sin máscaras, sin ideas preconcebidas por mi o por alguien. Sin las estructuras del buen comportamiento que me han enseñado, sino lo que es nacido del corazón, que no está mediado por ninguna idea. Eso es valioso para mí. Y así todo lo contrario, lo que es falso me produce rechazo inmediato. Quiero decir que lo descarto de mi vida en cuanto lo detecto.

El amor es verdadero. No existe amor si no es verdadero. Y esto es una conclusión que suena a verdad… así que cuidado. No quiero irme por las ramas de las verdades.

Lo verdadero es íntimo, es casi impronunciable. Se sabe si alguien nos mira desde lo verdadero de sí mismo o si lo hace a través de las máscaras del ego. Esto se sabe cuando miro a esa persona desde lo verdadero de mi misma, sin los velos de mi propio ego. Cualidades como la honestidad, sinceridad, esa comunicación que es directa y sin tapujos, son síntomas que podría decir que son de lo verdadero.

No me refiero a un hecho que sea cierto. Si algo fue o no fue. No. Tampoco me refiero a algo que sea verdad, alguna verdad establecida o asumida. Me refiero más bien a algo detectable solo cuando no hay prejuicios, estructuras, ideas concebidas o recordadas. Lo verdadero no está en el pasado, tampoco en el futuro. Lo verdadero no se puede encontrar como si fuera un objeto. Lo verdadero tiene que ser verdadero ahora, tiene que ser permanentemente verdadero, y a la vez inapresable. Lo verdadero se mueve… no permanece estático. Pero lo verdadero se asienta en el corazón, se reconoce con el corazón, por eso, al no ser mental, no se puede encontrar en el recuerdo. No se puede aprender lo verdadero, es más bien innato, nace con uno y desde uno - si es que uno naciera, que es otro tema. Aprender implica seguir lineamientos conceptuales o de comportamiento. Esto no tiene nada que ver con lo verdadero.

Lo verdadero es lo mismo que lo real… podría decir eso…. Real y verdadero son sinónimos.

Uno mismo es verdadero, y se reconoce lo verdadero de otro en su sí mismo… de lo real a lo real hay una comunicación silenciosa, un saberse uno. En cambio, las construcciones que hacemos de nosotros mismos cubren, como un velo, como máscaras, lo verdadero. Presentan una cara aparente, un disfraz que a veces incluso nosotros nos creemos, nos llega a confundir lo que hemos creado de nosotros, y llegamos a creer que eso es lo verdadero o real de nosotros. Cuando busco lo verdadero de mí, me pierdo sin remedio, porque no puedo encontrarlo afuera como si fuera un objeto o un producto. Es imposible. No puedo construir ni alcanzar lo verdadero de mí, de ser. Tampoco puedo imaginar lo verdadero, ni de mí ni de nadie. Lo verdadero palpita por su propio pulso, es algo vivo, espontáneo… lo verdadero infunde mi corazón, lo hincha…. Es como si mi pecho se llenara… un síntoma infalible de que estoy de frente a lo verdadero. No hay ningún pensamiento que pueda certificar lo verdadero. Por eso no se puede definir, solo se puede saber intuitivamente, es impronunciable porque lo verdadero no es algo… lo verdadero se escapa entre los dedos en cuanto la mente quiere estrujarlo. Lo real y verdadero es de inmensurable valor, lo más preciado y lo más difícil de hallar, mejor dicho, es imposible hallarlo, solo se puede develar. O se reconoce aquí y ahora, o sigue quedando velado.

Vivir desde lo verdadero implica que cada acto surja de manera natural, espontánea. Implica ser cuidadosa y perspicaz en cuanto surgen los síntomas del ego. El ego es separación, es protección, es ideas, es recuerdos y fantasías. El ego aparece cuando se quiere algo distinto a lo que hay ahora en la búsqueda de acomodar mis aspiraciones de construcción personal. Cada vez que deseo cambiar mi persona, mejorarla, completarla, estoy construyendo ego y estoy desconociendo lo verdadero que ya es en mí. Lo verdadero no son ni el carácter, ni los modos de ser, ni la personalidad… no, lo verdadero es verdadero en mi desde antes de sufrir las dificultades o logros de mi historia. Ningún éxito o fracaso construye lo verdadero de mi misma.

Muchas veces nos asomamos a ver qué hay de nosotros mismos, y solo somos capaces de notar nuestra personalidad, o el personaje de una historia, con el que podemos sentirnos defraudados o contentos, dependiendo de cada caso.  Nos identificamos con eso, y creemos que eso es verdadero en nosotros, pero es un añadido, son una serie de historias o adjetivos que hemos agregado al yo.

Puedo identificar lo básico con lo que me presento al mundo, por ejemplo, un carácter fuerte, una personalidad introvertida, unos modos de ser adquiridos con el tiempo. Esto no es verdadero, son añadidos. Lo verdadero de mi lo veo y lo muestro en el pudor de una autenticidad íntima, donde no media el ego, donde la separación desaparece, donde tú y yo somos lo mismo.

Desde lo verdadero hay tranquilidad y hay alegría. Todo está pleno. Si no hay tranquilidad o alegría, son síntomas de que tengo la mirada perdida entre las sombras de ideas viejas que pretenden armar una verdad y un sentido de vida. Sin embargo hay ideas antiguas y cosas aprendidas que me sirven ahora para contribuir a la ejecución de algo creativo, nuevo, vivo, dinámico, bello.

Lo creativo y bello no tiene otro propósito que el gozo mismo de saborearlo. Disfrutar lo bello, contribuir a su expresión, por puro gusto.

Así, recordando ahora cómo me sentía perdida esta mañana ante el cúmulo de asuntos pendientes antes de reflexionar y recogerme en estas expresiones, me doy cuenta de que las cosas que tengo pendientes por hacer pueden muy bien seguir pendientes…. Sólo encuentro gozo desde lo verdadero, lo bueno, lo bello… y me entrego a su expresión en este mismo momento, participando del embellecimiento de la casa que ahora habito… así, voy a visualizar si decido pintar una pared de color amarillo o de color beige…. Ahora mismo… está esperando por mi…. Y todos los asuntos pendientes pueden esperar a que el fuego que surge de mi corazón los avive cuando corresponda.




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