jueves, 4 de julio de 2013

La identidad es la forma proyectada en el espejo de la mente


Con el conocimiento de Si mismo desaparecen todos los signos de la ignorancia de Si mismo. Saber lo que eres realmente, cuál es tu verdadera naturaleza, eso diluye el malestar que produce la ilusión, es decir, el sufrimiento.

Lo que eres en verdad es Ser Conciencia, pura divinidad. Lo que proyectas es la identidad.
Lo que eres es permanente, eterno. La identidad es un surgimiento impermanente en la conciencia.
Lo que eres es lo que conoce, la identidad es lo conocido.
Lo que conoce no puede ser conocido, es como la luz que sale de una linterna, no puede alumbrarse a si misma, a menos que se proyecte sobre un espejo.
La identidad es una creación mental. Yo soy Pedro, yo soy filósofo, yo soy padre, yo soy temeroso.
La identidad es la forma proyectada en el espejo de la mente.
La mente es el funcionamiento de la conciencia que genera la dualidad. Yo y lo otro.

Si mismo es Ser Conciencia, uno sin segundo, no dual.
Si mismo Es, y por su propia naturaleza se mueve en si mismo y de ahí emana Conciencia. Conciencia es el movimiento de Ser.
La Conciencia se despliega formando un infinito anfiteatro donde surge lo existente, lo conocido.
El primer conocimiento es Yo Soy. Y enseguida se identifica con yo soy esto o lo otro. Se comienza a conocer la identidad dentro de un mundo. Yo y el mundo. Esto ocurre en la Conciencia debido a su función mental, mediante la dualidad sujeto - objeto, el conocedor y lo conocido. Yo Soy, siendo puro conocimiento, se ha identificado como el conocedor, separado de lo conocido.
La Conciencia entonces se despliega de dos maneras, como Continente y como Contenido.

La identificación con lo que no soy ocurre por haberse velado la "mirada", una suerte de ilusión que acontece debido a los condicionamientos o tendencias latentes. Cuando eras un bebe recién nacido había pura conciencia unitiva, indiferenciada. Poco a poco, debido a los sentidos físicos, comenzó la sensación de ser el cuerpo. La mente comenzó a operar para la protección del instrumento cuerpo. Después comienzan los aprendizajes, se van imprimiendo las vivencias en la memoria, convirtiéndose en experiencias. Así, el condicionamiento familiar, social, cultural, medioambiental, va dejando huellas, tendencias, inclinaciones. Se van tomando estos aprendizajes como señales de deber ser y deber hacer. Todo ello, por la confusión que se produce porque la mente, como función organizadora de los contenidos conscientes, es también protectora del organismo físico, el cuerpo, y de la identidad que se va formando. La mente protege el organismo a tal punto, que presenta continuamente las opciones de peligro. Cuidado con esto, cuidado con lo otro. Eso puede llegar a convertir al individuo en alguien temeroso, pues le está dando completa credibilidad a los posibles peligros que la función mental presenta.

Con este proceso ocurre que la mirada pura y descontaminada se cubre del velo de la confusión. Ocurre el aparente olvido de Si mismo, para pasar a creer que eres un ser vulnerable. Crees que lo que aparezca en la conciencia es algo que puede hacerte daño. Se pasa por alto que lo que eres es no nacido, eterno, luminoso, resplandeciente, lo que sostiene desde siempre y para siempre cualquier contenido consciente, cualquier "existencia" o cosa existente, o situación o evento.

La mente, función de conciencia, genera el tiempo y el espacio, gracias a la capacidad de medir, comparar, dar valor y juzgar. Es como el sueño, en que aparecen imágenes y sensaciones que parecen reales. Sin embargo al despertar se descubre que todo esto era producto de la ilusión.

Maria Luisa

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