domingo, 6 de mayo de 2012

Actuar dichoso es sin esfuerzo


Como el viento que se mueve sin intención, así es el amor deshojando flores y moviendo ramas, bañando de plenitud como la luz de la aurora.
Aunque con paciencia antigua se puede ver como se siguen levantando sueños como muros cristalinos formados de espuma.
En los minutos y las horas de las noches de la ignorancia seguirán existiendo preceptos que pretenden buscar una mente de pureza imperturbada. Eso sería como escribir en el agua. En cambio saber que Soy, Ser, es conocer Ello incausado.
Actuar dichoso es sin esfuerzo. Las palabras no llegan más allá de la mente y los objetos en el mundo son muchos pero el ojo que los ve es solo uno, R.Malak




Se forman ideales, siempre seguirán apareciendo. Incluso el ideal de realización, como por ejemplo suponer que se necesita haber eliminado todas las vasanas mentales, es decir, haber vivido, quemado, todas las tendencias que estaban latentes, antes de poder vivir en paz profunda, quizás en la soledad íntima del puro ser. Cuando aún nos consideramos una persona separada de los demás, de las cosas, de las situaciones que aparecen como contingencias ajenas a uno mismo, se vive, como dice R.Malak, como hojas al viento, empujados por un devenir que nos arrastra, y que muchas veces no nos gusta. Sin embargo, cuando este sentido de separación se ha descubierto como la gran ilusión, cuando se comprende, no intelectualmente, sino de facto, de hecho, por evidencia, que no hay ninguna separación entre Si mismo, es decir, lo que soy, y cualquier otra “cosa” apreciada conscientemente, se termina, en comprensión radical, el sentido de vulnerabilidad, de temor y de riesgo que habían sido los estandartes del ego-identidad. Siendo lo que nunca ha nacido, siendo esto que sostiene toda la existencia, siendo la luz misma de conciencia que ilumina todos los contenidos conscientes, ¿a qué se le puede temer? ¿Por qué habría de desear modificar cualquier situación con miras a deshacerme del temor? El asunto es que el temor puede ocurrir, temores que presenta la mente, es decir, ideas que aparecen: “¿y si esto fuera de otra forma?”. Son tendencias a estar corrigiendo la película, situaciones producidas por la naturaleza misma de la mente. La mente es una función ordenadora, generadora de interpretaciones, que permite dar valor y sentido al existir. Gracias a ella podemos contrastar opuestos, ver lo que está cerca o lejano, caliente o frío, incluso agradable o desagradable. Pero esta misma función genera la ilusión que en conciencia se presenta como que soy un sujeto, como ente individual y separado, diferente de los objetos, y creo que es desde este sujeto separado que estoy siendo consciente. El sujeto viene a ser la persona, compuesta de cuerpo, mente, emociones, y se pierde la conciencia de la realidad cuando olvidamos que el poder de conocer no viene del cuerpo, el poder de ver no está en los ojos, el poder de escuchar no está en los oídos. Estos son instrumentos que permiten que el ver suceda, el escuchar suceda, pero la conciencia de la percepción visual o auditiva no está en el cuerpo, sino en si mismo, que no está limitado al cuerpo. Sucede la confusión de ser el pensador, porque los pensamientos que ocurren en la pantalla consciente están envueltos en un pensamiento mayor que proclama: estos son mis pensamientos, y este “mi”, por la misma ilusión que menciono, se relaciona con la persona, es decir, el cuerpo-personalidad. El gran pensamiento “estos son mis pensamientos”, y el gran pensamiento “yo soy el cuerpo”, generan que todos los demás pensamientos nos arrastren, que arrastren la atención de una manera contaminada por la idea de separación. Nos creemos el sujeto (la identidad formada con el cuerpo, mente y emoción) como quien piensa, quien hace y quien siente. Cuando el sentido de separación, cuando la identidad, cuando la idea de ser un yo individual desaparecen, queda la pura conciencia que es sostenedora del infinito continente donde se mueven los contenidos conscientes, incluyendo las ideas de ser esto y lo otro.
Maria Luisa


4 comentarios:

Juan dijo...

" Nos creemos un sujeto ".

Piénsalo M. Luisa, esta proposición circular de la existencia de un "Nos" carece de sentido y sobre ella se construye un edificio imposible. No por repetirlo un millón de veces se edifica correctamente, ni por presentarlo de manera coherente el "Nos" alcanza ningún discernimiento. Lo que presentas parece la resolución intelectual del conflicto, pero es su presentación la que otorga la existencia del mismo. Como si hubiera algo que comprender y alguien que comprende, el "Nos".

Es la operación de la ilusión que no puede dejar de operar despareciendo en lo Real.

Más sutil, más profunda.

Por tanto mas encadenada a si misma.

MARIA LUISA dijo...

Hola Juan. Prestando mucha atención a lo que mencionas. Qué buen aporte entregas. Gracias. Aquí estamos Nos-otros, tú y yo, como existencias que parecen independientes una de la otra, entregando reflexiones e interacciones. En el sentido de una comprensión última se encuentra el absurdo de toda disertación, si es que esta va a estar dirigida únicamente a construir más edificios conceptuales. La finalidad del edificio conceptual es mostrar como un espejo la irrealidad de todo conflicto. Y en este punto, los conceptos quedan mudos. Un abrazo.

Juan dijo...

El punto tal como yo lo veo, no consiste tanto en construir nuevos edificios conceptuales desde la disertación. Tal como lo observo consistiría mas en girar en círculos infinitos, rediseñando cual estilista_equilibrista_malabarista advaita el mismo concepto..

Que suelto..que me suelto, pero al final doble voltereta mortal poetizada en imágenes verbales, agarrados los dos a una barra llamada disertación.

Un abrazote

MARIA LUISA dijo...

:) Ok Juan... ya está aclarado, dejemos los conceptos para lo que sirven, ninguno nos lleva ni a la comprensión real ni a lo que uno es. Otro abrazo.

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