martes, 4 de diciembre de 2012

Atreverse a mirar con ojos nuevos


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El conocimiento de Si mismo se fue volviendo determinante cuando llegó el momento en que traté de ordenar todas las ideas que me estaban aturdiendo. Pasaba por una época sumamente difícil, tremenda interiormente, y digo interior porque estaba referido a los sentimientos y los ideales de vida, mientras que exteriormente, es decir, lo que sucedía a la vista, era síntoma de una vida acomodada, aparentemente plácida y completa. En aquellos momentos me decía: “tengo familia, perro, gato y un bello jardín, pero ¡qué infelicidad!” Pasó un proceso de varios años de estragos emocionales y cuestionamientos que llegaron al punto de quebrar casi todas las estructuras en que había estado cómodamente instalada, (supuestamente cómoda). Probé muchas formas para tratar de salir de esta situación. Muchas, que se movieron dentro de un espectro bastante amplio: terapias psicológicas (psicoanálisis y psicología profunda), terapias florales (Bach), talleres de escritura creativa, iniciaciones espirituales al estilo latinoamericano, Tarot, Astrología, velaciones, limpiezas, armonizaciones y cuanta cosa aparecía a la mano, para nombrar algunas. La situación se volvía desesperada, sin embargo me apoyaba en la facilidad de la experimentación y el cuestionamiento para seguir indagando.
A veces conversando con Malak sale el tema de la publicitación de los conocimientos que se han recogido de los estudios de la filosofía advaita o de otras ramas de la no dualidad como modos útiles de expresar ya sea una comprensión de primera mano o al menos una intuición de que en ellos hay manifiesta una buena señal hacia lo real. Y nos planteamos el asunto de que esto es como esparcir semillas en terrenos de varios tipos. Entre los que recogen estas semillas hay quienes de pronto descubren una forma de interpretar la vida que los deja maravillados en el terreno húmedo y vivo de lo nuevo, otros se arman de un bagaje de conocimientos de los que se sienten muy orgullosos en tierras desinfectadas, aradas y protegidas como en un invernadero de biblioteca, otros han asumido lo que han encontrado como respuestas genuinas manteniendo los pies en la tierra y la comprensión más allá de las estrellas, mas la mayoría simplemente pasan sobre estas semillas como si estuvieran sembradas en cemento, quizás no las ven, tal vez no las entienden o incluso puede que las desprecien. A pesar de que a veces cuestiono el sentido de publicar o compartir tanto el conocimiento adquirido como la comprensión que nace espontáneamente, reconozco que no es algo que se pueda controlar, ni siquiera surge de alguna decisión. Es algo completamente mágico, sucediendo por si mismo más allá de los juicios que pueda hacer acerca de ello.
Ahora regreso al cuento del proceso que viví y que se relaciona completamente con la anterior reflexión. Llegó un momento en que rompí, rompí mi apego a la vida que llevaba y me atreví a mirar más allá del horizonte que hasta entonces había aceptado como válido. Corriendo muchos riesgos comencé a relacionarme con personas que tenían unas formas de ver completamente novedosas para mí, aunque muy atractivas. De esta manera, pasados unos años desde que comenzaron los estragos alrededor de los 30 y en un proceso lento, paso a paso, hasta los 38, acepté en aquel punto la insólita invitación que me hacían las circunstancias y viajé a India en el 98. Diciembre de 1998. Recuerdo la llegada al aeropuerto, sola tras un viaje un tanto accidentado. Iba sola, pero en mi destino me esperaban los amigos. Sola ante aquél colorido repentino de telas, vestidos, tapices, ante aquellos aromas de incienso y especies, música que no reconocía pero llena de un misterio ancestral. Magia, el espectáculo de haber pasado el horizonte. Así fue para mí la entrada en India.
Luego de muchas horas de viaje, tres aviones, un taxi y un richio, llegué a mi destino por la noche. Seguía sola y tuve que acomodarme como pude en aquél Ashram cuando ya era justo la hora de apagar todas las luces. Cada instante de aquél periplo o peregrinación (que es otro modo de verlo) se ha mantenido en mi memoria como llamas encendidas llenas del calor que toda aquella novedad estaba impregnando mi experiencia con asombro y nuevas comprensiones, liberando paso a paso cada cordel de la telaraña que había obstaculizado mi visión. Gracias a esta apertura al día siguiente, a la hora del desayuno y tras encontrarme con mi gente, me recibió la grata invitación a hacer un curso de Reiki. Ni idea de lo que era eso, pero acepté fascinada, y luego pasó a ser uno más de los bellos tesoros que he agradecido de todos aquellos nuevos aprendizajes. Pero el mayor de estos tesoros me llegó durante la semana, cuando una amiga recién conocida que regresaba de una corta visita a Turvannamalai, se acercó a la mesa donde estaba almorzando con un inmenso y pesado libro. Es para ti, me dijo. Otra sorpresa, su capacidad de haber cargado con ese objeto pesado y contundente en un viaje que, siendo como es el transporte en India, seguro había sido más que complicado, y de una forma tan desinteresada proveerme del regalo para la liberación mental que taaaaanto había deseado.
Conversaciones con Ramana MaharshiConversaciones con Ramana Maharshi me llegó de ese modo. Hermoso ejemplar en inglés, un solo tomo de tapa dura, preciosa, con la imagen del amado maestro. Fue tan sólo abrir una página al azar y escuchar sobre “the self”, lo que yo era en realidad, para saber con certeza que allí estaba la respuesta al conocimiento de mi misma que tanto había buscado. Y es que antes jamás había leído ni sabido sobre el enfoque no dual, nada de Advaita en aquellos años llegaba a las librerías conocidas por mi y tampoco habían llegado a mi libros de otras corrientes no duales.
Así que, sea como sea, plantar semillas de esta mirada, esta comprensión no dual, permite que florezca una y otra vez, y cada vez más, esta bella conciencia de ser si mismo, y me mantiene arando, limpiando, sembrando y regando reflexiones, vídeos, enlaces y encuentros, día tras día, en el terreno de la Vida.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Explcando la No dualidad entre tintineo de copas


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Ayer estábamos en un matrimonio, y sentados en una mesa con otras 8 personas apenas conocidas para nosotros, en el calentamiento antes de la cena empezamos a introducirnos cuando nos preguntaron sobre qué hacíamos, de dónde éramos, en fin, algo de nuestra historia. Y no hubo más remedio que contar las cosas tal cual. Que yo soy venezolana, que conocí a Rodolfo (R.Malak) en internet por medio de unos grupos de estudio y vine a Chile porque decidimos realizar juntos un libro. Entonces nos preguntaron de qué se trata el libro. No dualidad, dijo él. Y comenzó explicando ante la cara de interrogación de los demás:
“No dualidad trata sobre la realidad absoluta y está relacionado con el ser. Para ahondar en esto comencemos revisando lo siguiente. Nos asomamos a ver el mundo a través de nuestras ideas, de nuestras emociones y de lo que hacemos. Pero sabemos que somos más que pensamientos, actos y emociones. Cuando quiero averiguar certeramente lo que en verdad soy tengo que partir por el principio de observación pura, es decir, observar lo que pienso, siento y percibo sin juzgar. Es el modo de saber que lo que soy es anterior a las ideas, emociones y sensaciones. Que estas se sostienen en que hay conciencia de ellas.”
De pronto me pareció que esto era demasiado tema para una cena en medio de cientos de personas que estaban en ese inmenso salón, unos por cercanía a los novios y otros muchos, seguramente, por puro compromiso. Mesoneros sirviendo copas de entrada, música saliendo por parlantes a metro y medio de nuestros oídos, unos en la mesa interesados en saber de nosotros y otros no, así que había conversaciones cruzadas y sin duda muchos pensamientos: un “los zapatos me aprietan” por aquí, un “quién será ese que está sentado en aquella mesa” por allá, “como se verá mi maquillaje”, “cuándo llegará la comida”, “no quiero encontrarme con fulano”, “qué linda estuvo la ceremonia”.  Aun así, me aventuré entonces a mencionar que este estudio es el mismo que ha realizado la tradición mística y espiritual desde hace más de 5 mil años y que es la base de todas la religiones serias, y que, además, está siendo coincidente con los descubrimientos de estos últimos años en el campo de la física cuántica. Entonces, la pareja que estaba en verdad interesada en la conversación, prestó más atención por pura resonancia. Resulta que su hijo es director de la cátedra de matemáticas de una reconocida universidad en Chile, y supongo que esto hizo más cercano para ellos el tema que comenzábamos a tratar. Pero realmente no era el lugar más adecuado para temas tan intensos, por las distracciones inevitables.
Esta mañana recordé ese trozo de nuestra conversación, que obviamente se desvió hacia asuntos más intrascendentes. Y me pregunté de qué manera poder explicar esto de modo que se haga más cercano, tangible y con sentido, en una situación similar. Pero me doy cuenta de que el concepto “no dualidad” apunta a un modo de investigación (llamado también auto-indagación) que tiene sentido llevarlo a cabo solo cuando has comenzado a dudar sobre lo que crees que eres, cuando te preguntas sobre el sentido de ser y de la vida, y no solo eso, sino que ya has notado la impermanencia de todos los estados del hacer, sentir o percibir y has notado también cómo los pensamientos, a su vez impermanentes, dibujan y desdibujan, sin más sostén que la creencia en ellos, todos los conceptos que tienes sobre lo que eres. Sólo de esta manera, notando desapegadamente la impermanencia de todo, te preguntas acerca de tu propia realidad, es decir, hasta dónde permaneces tú, y si acaso llegas a suponer que no eres permanente, te preguntas qué puede serlo. Permanente, o sea, verdadero en sentido absoluto.
La no dualidad, llegando al fondo de esta investigación, muestra que todo lo conocido está sostenido en el conocedor, que sin la presencia del que conoce, de esta conciencia, no hay cosas, sensaciones, ideas o sentimientos que puedan existir por si mismos. Esto se muestra de una forma completamente lúcida y no sostenida por alguna idea o concepto. Se revela. Y al hacerlo se muestra tu verdadera naturaleza como eterna e inmutable. Ante esta evidencia de pronto descubres que no hay separación real entre el conocedor y lo conocido, y que no hay más ser que el que yo soy. No hay dos. Y se demuestra que esta es la realidad que siempre ha sido así, nada que haya sido alcanzado como si fuera un estado de conciencia o una alteración en la percepción. Solamente se caen los velos del pensamiento que habían separado la realidad en dos: yo y lo demás.
Uno puede apuntar a esto, por supuesto, pero la mayoría de las personas están inmersas en construir su historia, como si el hacer fuera a determinar quién soy yo. Están sumergidas en sus ideas e ideologías, además de tener su visión cubierta por la malla de construcciones mentales y condicionamientos que se presentan con el paquete completo de la manifestación, del venir a ser, del nacimiento y su progresivo aprendizaje e interacción con el mundo. Así es como el apuntar a lo no dual no se capta por lo general, ya que muchas veces produce temor cuando se refiere a cuestionar la personalidad, la persona, el ego, el alma individual como nuestra verdadera identidad. Por eso entiendo que por muchísimos años la enseñanza de la no dualidad estuvo relegada a una modalidad de tipo secreto, sólo para los iniciados, o sea, para los verdaderamente interesados y capacitados para cuestionar e investigar. De ahí tantas ceremonias iniciáticas, prácticas preparativas para la mente, el cuerpo y la estabilidad emocional, buscando las condiciones favorables para la completa soltura de la malla del pensar. Pero hoy en día es inevitable el flujo de información y acceder a ella, y qué bueno me parece, solo que se presta también para tomarla de forma un tanto ligera y asumir la no dualidad como materia de conocimiento y erudición. También para que las prácticas, que originalmente se diseñaron para acomodar la mente, el cuerpo y la emocionalidad de forma que sean funcionales y no estorben, se tergiversen suponiendo que dichas prácticas son para “llegar a ser” y que la realización de la realidad depende de ellas, ya no como medios útiles para calmar el flujo de pensamientos y en muchos casos, incluso con suma lentitud, para llevar a una estabilidad psicológica, entendiendo que la cosa no para allí. Lo diré corto para no extender más: Se trata tan simplemente de ver ahora lo que siempre es y ha sido, la realidad absoluta. La no dualidad es un modo de conocimiento ontológico que apunta a ello.
Maria Luisa

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El pensamiento no alcanza al amor, expresión de lo Real


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Tres textos que me llegaron en el espacio de 30 minutos aproximadamente. El primero, porque me lo envió mi amigo Roberto Machado desde Brasil. El segundo lo recogí del blog de Victoria “Lecturas Advaita”. El tercero, haciendo unas revisiones a nuestro libro, abriéndolo al azar. Tiene todo que ver en común, está claro que la señal hacia lo real puede provenir de distintas partes, pero apunta siempre a lo mismo. Comparto con ustedes.
MEDITACIONES 1969 PARTE 1. J. Krishnamurti
En el espacio que el pensamiento crea alrededor de si mismo no hay amor. Este espacio divide al hombre del hombre y en él está todo el llegar a ser, la batalla de la vida, la agonía y el temor. La meditacion es el fin de este espacio, el fin del yo. Entonces las relaciones tienen un significado muy distinto ya que en ese espacio, que no está hecho de pensamientos, el otro no existe ya que tú no existes. La meditación entonces no es el logro de alguna visión santificada de alguna manera por la tradición. Más bien es el espacio infinito donde el pensamiento no puede entrar. Para nosotros el pequeño espacio hecho de pensamiento a su alrededor, que es el yo, es extremadamente importante, ya que esto es todo lo que la mente conoce identificándose a si misma con todo lo que hay en ese espacio. Y el temor de no ser nace en ese espacio. Pero en la meditación, cuando esto es comprendido, la mente puede entrar en una dimensión de espacio donde la acción es inacción. Nosotros no sabemos lo que es el amor ya que en el espacio hecho de pesamientos a su alrededor como el yo, el amor es el conflicto del yo y del no yo. Este conflicto, esta tortura, no es amor. El pensamiento es la negación misma del amor y no puede entrar a ese espacio donde el yo no es. En ese espacio está la beatitud que el hombre busca y no puede encontrar. Él la busca dentro de las frontera del pensamiento y el pensamiento destruye el éxtasis de esta beatitud. Meditaciones 1969 Parte 2.
 FUERZA VITAL. Nisargadatta Maharaj
Esta fuerza universal, expresión de «yo soy», se manifiesta en una multitud de nacimientos y de muertes. Usted la considera como una sola entidad, como «yo he nacido y voy a morir». Ahí está su error. Esta fuerza vital toma nacimiento en formas innumerables y cada una de estas formas contiene también su propia muerte.
Éste es el gran juego de la fuerza vital, pero usted no quiere considerar más que un elemento aislado. Usted se dice «yo he nacido y, por consiguiente, moriré y renaceré de nuevo». Usted forma estos conceptos como individuo, pero usted es inseparable del conjunto de esta fuerza en movimiento.
La tierra vive bajo múltiples formas. Considere las diferentes vegetaciones, plantas, hierbas, flores, árboles. Reflexione sobre cuántos nacimientos y muertes supone toda esta vegetación. Y el agua forma parte de ella, es un aspecto de esta fuerza vital, y vea el número de organismos que viven en el agua.
OBSERVACIÓN SIN JUICIO. R.Malak
1.5 ML: En cuanto a tu propia vivencia desde que descubriste esta forma de mirar y comprender, ¿podrías decirme si la forma en que nos concebimos a nosotros mismos constituye una obstrucción para que igualmente accedamos a esta observación?
R.Malak: Como personas hemos nacido en una cultura, poseemos un lenguaje que nos distingue, información variada y mucho conocimiento. Genéticamente tenemos una estructura física y funcionamos de una manera determinada, eso es lo que se conoce como carácter y personalidad. A todo esto lo identificamos como “yo”. Muchos creen que solo con la racionalidad se puede saber de lo auténtico y que esta facultad nos entregará los mecanismos para explicarnos la vida, ser felices y vivir en forma plena. La mayoría ignora que las teorías se mantienen mientras sean capaces de continuar recogiendo informaciones congruentes. La mente, como cuervo, recoge todo lo que brilla y luego lo lleva a su nido, a la memoria. El cuervo desconoce que esas cosas brillantes provocarán problemas en su nido y no podrá dormir plácidamente. De igual forma los estudiosos racionales, con el exceso de información recogida, no tardan en darse cuenta de que la mayoría de las veces esta es contradictoria
Otros creen que mente es lo mismo que conciencia y se tiende a suponer que la mente es la que conoce. En la observación sin juicio la mente se ha detenido en forma natural, queda en “stand-bye”. Los pensamientos disminuyen y no son trascendentes, mejor dicho no son exigentes de atención. La comprensión es mayor. Aparentemente existe una distancia entre esta inexplicable apreciación y lo que se mueve a través de lo formal y usual, que es lo racional manejado por la mente, ya sea desarrollado de forma condicionada, por unas motivaciones de la vida, o incondicionada, por un gozo en la vivencia de la experiencia en sí misma.
Asumí que mi modo de ver me llevaba a seguir viviendo en el mundo con una comprensión que no es la que se conoce comúnmente y, por tanto, seguí manteniendo respeto por la diversidad de conceptos de los demás aunque pudieran diferir de los míos. La diferencia con los demás consistía en que lo que miraba era un reflejo de otra comprensión que provocaba en mí una disposición interior, que probablemente no era coincidente con la comprensión de las demás personas en el uso de la racionalidad vía mente y comprensión formal.
1.6 ML: Por favor, amplíame más cómo fue el proceso de comprensión a partir de esta forma de mirar, y dime: ¿con la observación sin juicio puede uno conocerse mejor a sí mismo?
R.Malak: Las vivencias permanentes de la observación sin juicio me ofrecieron comprensión y poco a poco fui contrastando a esta con las ideas de las tradiciones, las religiones y, en especial, con la mirada de otros que antes que yo habían caminado por sendas similares. Certifiqué que hay un modo de reconocer el gozo en este modo de conocer la realidad esencial, aunque nunca me sentí alejado de los problemas que tienen todas las personas y, lógicamente, de intentar solucionarlos, más aún en un país como el mío, el cual se encuentra aún con muchas carencias y limitaciones estructurales y con una fuerte y poderosa influencia religiosa.
La persona es la máscara, una identidad a nivel mental. Refleja la idea de cómo pienso de mi mismo, lo que deseo y temo, la representación de  hacer, tener y sentir, la cual se reafirma constantemente. El reflejo enmascara la esencia del Ser e impide saber de sí mismo, limitando la acción y la expresión debido a las ideas negativas o positivas de uno mismo, las cuales están enquistadas en el subconsciente. Las angustias y las euforias, los fracasos y los éxitos, la miseria y la gloria, los modos de comportarse, se diferencian por encima del Ser en sí mismo. La observación sin juicio permite conocer el sí mismo real y no la máscara.
Nombrar las cosas es una cualidad importante, de igual forma es conveniente clasificarlas y establecer parámetros para que sirvan de guía. El problema es que esto no es suficiente para lo trascendental, siempre queda algo afuera en ese modo de buscar. La mariposa de la verdad, clavada en el alfiler de la racionalidad, ya no está viva, y el buscador intolerante se torna en un ente frío y desapegado de la vida que no soporta las miles de formas distintas de mirar. RESPANDOR NO DUAL

lunes, 19 de noviembre de 2012

POR QUÉ ESCRIBO


Estoy sintiendo el brote de una nueva semilla en mi, quizás no es nueva, quizás estaba congelada esperando la ocasión. Esta semilla carga una fuerza sobrecogedora que sobrepasa mi comprensión. No puedo vislumbrar aún la planta que crecerá y se mostrará ahí.

Tal vez la edad, la experiencia… permiten ahora vislumbrar algo y lo que se muestran son las trabas que no dejaron nacer antes el poder y la fuerza que me abrasa.

Por ahí escuché que cuando se escribe se hace por puro placer y alguien lo debatió aludiendo que eso no es cierto, que se escribe porque se tiene algo que decir. No sé cuál guarda la verdad, me está pareciendo que los dos aspectos son ciertos. Escribo, porque al hacerlo, primero me ordeno, y segundo me permite expresarme. Ordenar me produce placer, una cierta satisfacción, un desahogo. La otra parte es la de la expresión, pero esta necesita verse reflejada como un compartir. Es como la luz de ser conciencia que se expresa sin razón sin embargo se reconoce a si misma como existente gracias a que se refleja en el espejo de la mente. Así es como escribir puede que sea solo una acción de expresión pero quedará latente la necesidad de satisfacción plena y total mientras no haya eco, para que escribir sea también comunicar y recibir el reflejo que demuestra que no solo se está diciendo, sino también compartiendo.
Lo que digo muchas veces no resuena, no produce eco. Me pregunto por qué. ¿En qué sentido se hace lejano al lector de estos textos el contenido que presento? A veces me desalienta, me digo: tengo esta necesidad aún de seguir escribiendo, pero ¿qué sentido tiene si no toco a alguien con ello? A veces supongo que lo que digo no se comprende, otras que su fuerza es demasiado arrolladora, aniquiladora, sin dejar oportunidad para el intercambio. Me sobrepasa. Entiendo que hay una cantidad de cosas que van determinando la manera como digo lo que digo, y deshacerme de ellas, limpiar el modo, no sé cómo permitir que suceda.
Es más fácil ver lo externo, describir los hechos. Contar una historia. Supuestamente más fácil, porque no habría involucramiento, necesariamente, de la fuerza psicológica que suele acompañar la experiencia de vivenciar un hecho o una historia. Sin embargo cuando un cuento se narra destacando la emoción y la cualidad psicológica de cada vivencia se hace más vivo y cercano. Es más completo. Un personaje no puede desligarse de su emocionalidad y una historia no es tal sin personajes.
Ya esto me va quedando más claro. La doctrina Advaita ha sido una adecuada descripción de lo que he comprendido acerca de mi verdadera naturaleza. Como doctrina, como enseñanza, como algo que muestra (enseña) me parece fabulosa… mas reconozco que hasta un cierto punto. La realidad no puede encasillarse dentro de ninguna doctrina y menos aun cuando la realidad que se comprende está más allá de la tendencia estructuradora de la mente. Toda doctrina es una estructura de enseñanza que puede ayudar si está bien dirigida, aunque también puede trabar porque en las estructuras mismas se encuentran las trampas que encasillan la libre y completa comprensión.
Ahora, iré al punto que me concierne en este momento. Si al comprender la naturaleza de ser se descubre la no existencia real (que se sostenga por si sola) de la persona, si al comunicar esta avasalladora revelación uno se desprende de la persona, el que escucha, enmascarado como se encuentra dentro de su personalidad, no puede, de ninguna manera, ni asimilar ni aceptar este enunciado: la persona es irreal. La exposición que se entrega a este que escucha hay que aliñarla de persona, de cuento, de historia llena de todo lo que concierne al ser manifestado. El ser manifestado es como el reflejo de la luz en un espejo, es decir, lo esencial se manifiesta como una persona, una identidad, en el caso de lo humano. Y como animal, planta, mineral y todo lo existente, en el resto de las cosas de este universo. Ahora me interesa lo humano, porque es donde nos ubicamos.
Nuestra humanidad es compleja. Es el vestido con que la luz se mueve dentro de si misma, con hilos tejidos de tiempo y espacio. (Nuevamente no se quien va a entender esto, necesito salirme de tanta profundidad, a ver, de nuevo lo intentaré).
Sabemos que somos, sin ninguna duda. Podemos percibir y darnos cuenta de la solidez de nuestro cuerpo y de las no tan sólidas emociones que nos movilizan energéticamente. Sea como sea,  nos percibimos a nosotros mismos como una densidad que se mueve en el mundo y que recorre el tiempo, sometidos a la impresión constante de experiencias que dejan huellas en esta masa de cuerpo y psique. Huellas de la edad, huellas de recuerdos dolorosos y placenteros. Estas huellas van moldeando el paquete que parecemos ser, van dando forma y produciendo maneras de ser. Estas maneras perfilan nuestras personalidades. Nos identificamos, armamos identidad con ellas. En base a esta identificación resonamos con unos o con otros. Así que cuando se plantea que no somos estas identidades perdemos el piso donde sostenemos toda la comprensión de las cosas que vivimos. Y aquí, o se penetra en el territorio de la investigación, o la comprensión queda perdida al azar de las vivencias, sin anclas que ayuden a la irreprimible capacidad de la mente de concebir y racionalizarlo todo.
Por eso la labor de compartir la comprensión de lo real es difícil, muchas veces complicado, generalmente muy lento, y la mayoría de ellas es desalentadora. Además, aquí también está la masa llena de huellas de existencia, de condicionamientos, de yo. Digo que mi comprensión me sobrepasa cuando la veo a través de este yo marcado por las huellas. Cuando no hay este yo, cuando hay placidez total, ni siquiera hay necesidad de escribir. Así que comprendo la dificultad que se plantea al pretender deshacerse de un yo que no puede desaparecer, porque cuando se dice yo, se está apuntando de dos maneras posibles: yo como esencia (donde no existen dos, tú y yo) y yo como persona. Así que siempre hay yo, porque siempre hay ser, y no hay otro ser que yo mismo, es decir, si yo no existo, ¿qué otro ser puede existir? Obviamente al escribir, si está presente la mirada desde lo esencial, basta escribir sin necesidad de recibir respuesta, y si está presente la mirada desde el yo dual, entonces junto a ello surge la necesidad de un compartir de doble vía. Es ahí donde surgen la inestabilidad, el deseo, la movilización. La manifestación es inestable, por eso siempre está en movimiento, nada queda fijo, absolutamente nada. Solo la existencia misma es eterna, la existencia de todo lo posible, la conciencia plena de todas sus posibilidades, de todos sus contenidos, es decir, de todas sus manifestaciones en movimiento constante, por siempre.
Hasta aquí llegaré por hoy. Y recibiré de muy buen grado cualquier comentario que muestre que alguien leyó todo esto hasta el final, que sea como un juego de ping pong, donde vea que alguien ha recibido alguna comunicación, ya que yo soy, tanto lo esencial eterno que todos somos realmente, como la persona que es humana, sensible y con necesidad de compartir.
Maria Luisa

lunes, 5 de noviembre de 2012

Lo que Es


Teóricamente, comprendo que no somos este cuerpo ni mente ni emoción, que somos más que eso, y hay instantes en que tengo esa certeza, pero muchas veces vuelvo a caer en el juego de creerme que soy solo esto, y lo veo como un zigzagueo. Pero fíjate que con los co-ayudantes que uso, como la meditación, la respiración, el silenciarme, que en verdad doy gracias a la vida, que puedo gozar de esos instantes, los momentos de certeza de que lo que soy Es, sin principio ni fin, se multiplican. Creo que es solo la vorágine del trabajo y que necesariamente se desvía la atención a temas prácticos, es cuando lo olvido. Hasta el momento esa situación no me ha tenido complicada. Pero algo me dice que he de estar en un 100% con mi atención a cada instante en lo que Es, aunque esté realizando labores cotidianas, no me refiero tanto en la casa, pero si en el trabajo, sobre todo en la clínica. Pero aún no lo hago. Crees que podrías decirme algo al respecto?. Gracias!


Esa pregunta que haces no es rara. Pero aclaremos algo primero. Cuando dices "lo que Es", ¿a qué te refieres?

Nosotros lo que señalamos es que lo que eres es todo lo que Es. De manera que si "mantienes tu atención 100% a cada instante en lo que Es", lo que en algún momento vas a certificar por ti misma es que lo que Es, es desde donde surge y siempre ha surgido la atención. Si surge desde ahí y no desde algún otro lado, dime, acaso no eres tú misma lo que Es? Todo lo que se despliega ante esa atención que nace de ti es el mundo con su cotidianidad, la imaginación, los conocimientos, todo. Solo no te identifiques con lo que consideras que eres, esa persona, ese cuerpo, etc. O sea, no te engañes :) Verás que solo existe y Es... lo que Es. 
 Un beso, ML 

sábado, 27 de octubre de 2012

Vivir la “enseñanza”



Hola Maria Luisa, 
Buscando videos q hablan del advaita encontré sus videos. Hace algún tiempo estoy leyendo algunos libros relacionados con el tema Advaita, y me identifiqué mucho con esa clase de enseñanza, pero tengo problemas en olvidar los errores que cometo durante el día, una palabra mal dicha o una reacción, entonces tengo dificultad de comprender esa parte del conocimiento advaita, puesto q me parece ser algo muy pasivo. Cuando las cosas van bien es fácil pero cuando las cosas van mal me pierdo y no se como conectarme con esa realidad. No se si fui claro con mis explicaciones, quedaré muy agradecido si puedes ayudarme.
abrazo
 
Cuando se comienza a ver la enseñanza advaita con inteligencia, es muy natural que resuene y uno se identifique. Lo primero que hacemos es notar racionalmente que tiene mucho sentido. Entendemos y aceptamos la lógica de la enseñanza.
Cuando escuchamos sobre esto, suponemos que hay un estado perfecto. Esto nos atrae, lo deseamos. Pero aquí hay dos problemas. Primero, que solo conocemos “estados”, es decir, todo lo transitorio. Los estados son transitorios, cambian y no permanecen, por lo tanto, ningún estado es en si mismo la realidad. El segundo problema es que tenemos una idea preconcebida de la perfección. Suponemos que perfecto es no sentir tensiones, dolor, complicaciones… idealizamos la perfección como si fuera no sentir… Fíjate en esto: no sentir tensión es relajación, no sentir dudas es tranquilidad, no sentir miedo es seguridad… no sentir dolor es bienestar… etc etc etc. Entonces, es como si quisiéramos borrar todos los movimientos de la vida… las emociones, pero… no somos máquinas, somos vida. Por esto es que cuando las cosas van bien, hay tranquilidad y plenitud, y lo relacionamos con la realidad que hemos ideado y pensamos: “aquí estoy conectado”.
La plenitud o benevolencia que se menciona acerca de la Realidad de Ser no se refiere a sentir algo… como cuando sentimos relax, paz, tranquilidad, satisfacción. Se refiere a un reconocimiento de Ser que brilla por si mismo como benevolencia, beatitud, plenitud. No es algo del mundo manifestado, no es algo que resulta de algún estado. Solo es la cualidad natural del Ser y saber “Soy”. Un saber que no necesita ser mencionado ni pensado para saberse.
Decir que se quiere “conectarse con esto” no es muy acertado, porque Esto es lo que somos. No es cuestión de conectarme con lo que soy, porque eso soy, ya lo soy… Se trata de reconocer más bien lo que “no” soy. De ese modo no me engaño. No soy nada que se mueva… Esto puede verse de dos modos que son lo mismo: 1. Lo que soy no se mueve. 2. Lo que soy es TODO lo que se mueve (sin dejar nada fuera). Por tanto, todos los movimientos relacionados con la identidad, los complejos, las dudas, los méritos, la satisfacción por los logros, las molestias por los errores, son cosas de la exigencia mental por la excelencia… son cosas que buscan lograr un ego perfecto, un reflejo perfecto. Esta es la raíz de la moral que pretende generar personas funcionales, eficientes, que sean un aporte para la sociedad tal como se ha concebido.
Ahora mi recomendación es la siguiente.
Cuando notes los reproches por algo que llamas error, solo nota como estos se presentan ante ti: la presenciación pura que no se mueve y que eres… Nota cómo el pensamiento va poniendo etiquetas, categorías según algún patrón o esquema ideado. Solo eso…. Observa todo ello SIN JUICIO… entonces lo Real está brillando sin la interferencia de la sombra (el ego)… y solo se está presentando en la pantalla consciente un aspecto del film de la vida… un recuadro temporal que así como llegó se irá… 

viernes, 26 de octubre de 2012

“Conciencia” y “Conciencia de”… una paradoja?


La realidad se escurre a todos los intentos de darse cuenta con intención. Y es que toda intención lleva por detrás un deseo de logro, por tanto es un proceso funcionando, lo que llamamos MENTE.
Se precisa comprender las bases primero: Lo esencial, como ser-conciencia, se manifiesta como “ser consciente de“. No hay dos: lo Esencial y alguien consciente… lo que hay es “Conciencia” y “Conciencia de“, es decir, Conciencia que es y Conciencia como es. El “como”, son los modos de tomar “conciencia de”. Es el mismo Ser, la misma Conciencia, lo que se da cuenta siempre y ES siempre.
Ser Conciencia como Si Mismo… de Si emana el potencial de ser consciente, se manifiesta, se presentan contenidos emanados de si mismo en la pantalla de conciencia.
Nunca ha habido entidades dándose cuenta… lo que hay es darse cuenta de movimientos que se presentan como si fueran una entidad. De ahí la identificación que sucede. Por tanto, Maria Luisa (nombre puesto a mi expresión tempo-espacial) no se da cuenta como entidad, sino como Conciencia. Por eso no hay un asunto tal como que Maria Luisa se rinde o Maria Luisa se entrega o Maria Luisa reconoce, etc. Lo que hay son modos de ser consciente: duda, cuestionamiento, comprensión, entrega, reconocimiento, etc.
Por tanto, visto racionalmente, todo esto parece una paradoja. Visto directamente sin filtros, es cristalino y claro.
Maria Luisa

miércoles, 10 de octubre de 2012

ELECCIÓN


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Muchas emociones… podría decir que en el ambiente… también decir que el ambiente está en la conciencia y esta es pertenencia solo del Ser… uno sin segundo… Esta última afirmación, porque este es un blog dedicado a reflexiones acerca de la no dualidad… y quiero contar acerca de mi experiencia del proceso electoral recién vivido en Venezuela.
Estoy en Caracas. Aun cuando llevo muchos años sin interesarme en los asuntos de la política, esta es una ocasión en la que no puedo obviar lo importante que es la situación para mi familia y amigos venezolanos, los que siguen viviendo en Venezuela y los que viven en otros países también. El sabor de un Momento esperado por todos los venezolanos.
Mas todo pasa…. como una corriente de aire, como un río, como olas en el mar.
Nos hacemos promesas, proponiendo actos a futuro y muchas veces con un apego intenso, como si la vida dependiera de ello. ¿Cómo poder prometer algo? ¿Cómo cumplir una promesa cuando la corriente del movimiento, de los hechos, es incontrolable?
Nada hay fuera de la conciencia. Todos sus contenidos están ahí… pero no siempre distinguibles. Toda posibilidad de experiencia, sensaciones, emociones, interpretaciones, ideas, definiciones. Algo de fino hay en la atención que ilumina ciertos contenidos conscientes por sobre otros. ¿Qué tan desapegada puede estar esta (la atención) como para poder observar ampliamente todas las posibilidades?
En la amplitud total desaparece el vínculo personal, se diluye la idea separadora, se acaban las preferencias… entonces, ¿cómo elegir?
Me observo metiendo el meñique en tinta indeleble, y queda el sello de haber elegido. He “cumplido”. La familia queda contenta, los amigos no critican, hay evidencia de la acción solidaria y por sobre todo ello se ha llevado a cabo el rol que corresponde, lo que toca.
Aquí en Venezuela hubo un movimiento intenso en pro de generar un cambio político después de muchos años de permanencia de un mismo gobernante. La intención de cambiar estaba allí, en el aire, pero también, junto a ella, estaba la intención de mantener la situación tal cual. Cuando alguien se pronuncia a favor de una intención, supone o espera que tiene la fuerza suficiente para su logro.  ¿Dónde está la amplitud abarcadora que mira la perspectiva completa? Si esto fuera personal y común todos seríamos videntes. Si fuéramos videntes, ¿habría acción con intención? Por otro lado, ¿es posible desligarse de la fuerza de la ola que empuja a que el personaje cumpla con sus roles? El drama personal, es decir, la historia, continúa. Entonces, ¿de qué podemos desprendernos en verdad?
Tres días después de las elecciones, tras haber visto como cada cual asumió la derrota o el triunfo según sus preferencias, pasamos un día delicioso entre familia. Cuando vengo a Venezuela y visito a mi familia, disfruto el contacto completamente, en redondo. Ayer fue un día así, distendido, asumido. Ya no había expectativa, todo había pasado… y por el momento, por el instante, no pasa nada… aquí estamos, conversando, jugando, comentando, mi mamá pintando, mis hijos mostrándome vídeos en su notepad, mi sobrina contando cómo se desenvolvió perfectamente en su rol de cocinera del comando de campaña, mi papá haciendo comentarios políticos transformados a la luz de un resultado visible, sin vuelta atrás (por ahora). Todo pasa y no pasa nada. La vida, a la luz del personaje que encarnamos, es una gama enriquecida de colores, preferencias, experiencias. Sabor de vida. Todo esto acompañado con sabor de pabellón criollo como almuerzo.
La expresión del desapego no estaba presente mientras se hacía la cola para votar. La expectativa en el aire era una vivencia inevitable…. Haya o no haya idea de ser, el nerviosismo, el entusiasmo, el temor, son sensaciones palpables entre la multitud… inevitables.
La preciosa Conciencia omni – abarcante que soy, que somos todos en esencia, está siempre, siempre, eternamente y más allá del tiempo… en el presente activo y continuo, como el mar que sostiene todos los movimientos de sus corrientes, las olas, los procesos y manifestaciones. En plena conciencia del continente de conciencia como Ser real, las diferenciaciones se diluyen, las preferencias, el sentido individual y separado, la expectativa de futuro, lo que pasó y lo que pasará no se distinguen… la perfección está siempre presente. Cuando la conciencia se centraliza como “yo”, queda la obligación inevitable de saborear las diferencias, las preferencias, y apreciar toda la gama de expresiones, porque así es como es… así se manifiesta la conciencia… Y también está la posibilidad del gusto del sabor profundo, intuito, el sabor de ser que sostiene todo esto. Apreciaciones que parecen contradictorias, y sin embargo son simultáneas. Porque esto es lo que hay que comprender: la Conciencia como continente es infinita y sostiene todo, es permanente… en cambio la conciencia centralizada, el yo y sus circunstancias, es la vivencia de la manifestación que ocurre como contenido de conciencia; es cambiante, intermitente y no permanece con una sola definición. Y eso que soy es ambas, sin embargo es no dual porque la esencia es conciencia y nada más, por eso, uno sin segundo.
Maria Luisa

jueves, 27 de septiembre de 2012

NIRVANA



Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.
En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Eres ese Solo


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Foto: Isabel Obeso. En Viña del Mar
A modo muy general digamos que hay dos maneras, una es pensando y otra es sin pensar. Y la lata, el rollo ahora es que para explicar esto me tengo que poner a pensar. Ordenar ideas para poder transmitir desde la mente hasta la mente, a través de la mente. Si estás mirando desde una comprensión total, sabrás a qué me refiero, y en realidad no tendría mucho sentido seguir mis razonamientos con alguna finalidad. Pero si estás leyendo esto con dudas, inquisitivamente, entonces trata de seguirme el rastro.

La mente es pensamientos: conceptos, nombres, símbolos, imágenes… las relaciones entre ellos  y los procesos por medio de los cuales estas relaciones se ordenan. Tú observas estas ideas, imágenes y procesos. Tú eres el observador de ellos. Entre tú y ellos ocurre algo muy interesante: el apego y la aceptación o rechazo de los pensamientos. Esto es, el vínculo establecido entre el observador y lo observado por medio de la atención. Si por un momento este vínculo se interrumpe, ya no eres el observador y te das cuenta de que nunca lo has sido… la observación (conciencia) siempre está ocurriendo por si misma. Cuando este darse cuenta ocurre se demuestra por si solo que lo que está más allá de la mente siempre ha estado más allá de la mente, es decir, la mente está sostenida en la conciencia. El individuo que estaba luchando por ir más allá de la mente se descubre como un pensamiento más, es simplemente una idea sobre si mismo.

El modo de mirar sin pensamientos no admite un pensador, porque el pensador es una idea más, es un pensamiento que sigue ahí. Mirar sin pensamientos se revela como una gracia. Esto ocurre más frecuentemente de lo que se sabe, de lo que registramos.

Así, que mirar sin ignorancia, sin el estorbo de la identificación, sin miedo o duda, es algo que sucede por si mismo, como una gracia. Darse cuenta de ello también sucede como una gracia. No hay ningún esfuerzo mental que se pueda hacer para ello, mas que mantenerse entonado, es decir, tomando nota de la mente y sus movimientos. Es por esto que se prescriben métodos tales como la meditación, presenciación, observación sin juicio, mindfulness y qué se yo cuántas técnicas. Es para ir notando la mente, permitiendo que lo que es real se muestre por si mismo. Hay algunas señales acerca de esto, cuando decimos que real es aquello que no cambia. Esto indica que real es la conciencia donde la mente se sostiene, las percepciones se sostienen y todos los procesos conscientes acontecen. Al ir notando esto, cuando graciosamente se muestran los instantes – que pueden parecer infinitesimales – en que el pensar no está presente, estos momentos, por muy cortos que parezcan, se van reconociendo como el trasfondo real y permanente sobre el cual la conciencia de las cosas, de las ideas, de todo, se despliega.

Sabiendo esto, habiéndolo notado, cabe entonces la indagación: ¿quién soy yo? Si cuando no hay pensar no hay ningún yo, entonces, ¿cómo es que lo se? Esta es la investigación... Y sabrás que tú eres eso que no es un yo. Eres lo que es… anterior a la mente, el tiempo, el espacio. 
Eres ese Solo… que sostiene toda existencia, desde siempre y para siempre.

Maria Luisa

miércoles, 5 de septiembre de 2012

DONDE QUIERA QUE MIRES


Foto: Isabel Obeso
Reflexionaba acerca de lo que es ayudar a otro, y comprendiendo que todos podemos ayudar a alguien. Podemos hacerlo hasta el lugar donde nos encontramos. Tender una mano, dar un empujón, estimulando, ayudando a despejar la sombra que no deja ver el camino. Tener una linterna en mano, o haber pasado por el mismo sitio habiendo encontrado la salida, o un brazo fuerte que permita el apoyo. Conocimiento, experiencia o simplemente una claridad en la mirada. Al hacerlo con amor significa que no ponemos el interés propio de por medio… eso ayuda realmente. Y también enaltece. La claridad se evidencia al compartir la linterna, la comprensión, incluso la mente que hace diferencias, cuando en este compartir, como en un juego de ping pong, no hay más que un movimiento de la pelota, un rebote continuo, sin importar en qué dirección se mueve. Movimiento sin diferenciación, así es el instante de conciencia plena. Y esto es lo que reflexionaba a la vez que comencé a recordar mi experiencia de ayer, con esta frase que se me ocurre de pronto:
La felicidad brilla cuando no hay yo. Al gozar de un instante, no hay alguien gozando, sino puro disfrute, plenitud. Un goce sin juicios.
Ayer caminamos varios kilómetros de la ciudad de Santiago, desde el Centro hasta el límite entre Providencia y Las Condes. Mi hijo y yo. Ahora puedo recordar el disfrute de esas tres horas. Y puedo reconocer la ausencia de yo y tú en aquél momento. No éramos él y yo, era un puro caminar entregados a un observar y compartir, conversar y comentar en pura confianza. Al principio sí había un yo, una mamá feliz de poder estar con su hijo adulto con quien casi nunca tiene la oportunidad de compartir la cotidianidad por diversas razones, entre otras porque vivimos en ciudades y países diferentes. Como él vino a Santiago solo, tiene menos distracciones de esas que atrapan su atención y le impiden quizás los espacios para estar con su mamá, tal como sucede cuando yo voy a Caracas. Así que en esta confianza, este placer de estar con alguien a quien le entregas toda tu atención, es como una primera llave para dejarse estar y simplemente compartir la compañía, uniendo en este paseo, dos miradas en una. Así, a la par que íbamos descubriendo la ciudad, nos dejamos estar plenamente.
Lo mismo ocurre en toda relación en la que se produzca una interconexión real de respeto y confianza mutua. Hay una entrega, un permitirse estar, percibir a la otra persona completamente, sin mediar juicios… escuchar y a la vez comunicar en un canal de doble sentido, donde prima la confianza y el aprecio. Dos siendo Uno… ¡maravilloso!
Casualmente Malak acaba de enviarme este texto para que lo revisara, es decir, ponerle puntos y comas para una más cómoda lectura. Y viene totalmente al caso de lo que yo estaba redactando. No dos entre personas, no dos entre el que ve y lo visto, el sujeto y el objeto, el que pasea y el paisaje. Aquí se los dejo:
Donde quiera que mires 
Cuando reconozcamos que el pensar es automático y repetitivo, que su propósito es proteger el instrumento de expresión llamado persona, convirtiendo la vida en una virtualidad, en ese instante el modo de manifestarnos dejará de ser cristalizado, sentiremos el viento de la mañana, la flores en los jardines con sus colores vivos y brillantes, volverá la risa explosiva y las penas que presionan dejarán de joder con sus exigencias.
Cuando la mente, como una funcionalidad de la conciencia, abandona su estructura mecánica con esa forma particular e individual de apegarse a los pensamientos, logrando que estos funcionen de modo reiterativo y circular, en ese instante la realidad se muestra tal cual es y la conciencia abandona de inmediato la centralización que nos esclavizaba a la memoria. De inmediato la inteligencia se hace cargo de la actividad investigativa que se mueve detrás de dos modos: uno, recoger la información para solucionar los problemas, y otro, para ordenarla de modo integral e inteligente.
Comprobaremos con certeza que existe un  saber auténtico, que no está sustentado en conocimientos adquiridos o en doctrinas cristalizadas. Lo Esencial esta allí, detrás de lo evidente, dejando huellas en los escritos de algunos sabios antiguos o modernos. La cuestión de separación entre el sujeto que percibe y lo percibido es abandonada dejando de lado la apariencia de lo múltiple, mostrando con precisión lo uno de Ser donde quiera que vuelvas la mirada. R.Malak

miércoles, 22 de agosto de 2012

Inatrapable Realidad



Dulce y encantador instante de conciencia,
punto infinito que dibujas colores de fría e incalculable pasión
revelando mudamente, misteriosamente,
una realidad tan simple que no es siempre evidente.
Absorta en ti se encuentra mi atención,
en asombro cautivado por tu magnífico baile,
 quieto movimiento, deslizándose armonioso como efímero canto.
Si te pienso desapareces y rememorarte es cual ver algo muerto,
como la intención triste de un titiritero
punteando hilos que tejen la malla del destino.

Te muestras sin designio,
descubriéndote al sacar tu vestido de memorias,
inalcanzable por la más creativa imaginación.
Si fueras un ángel perderías tu hermoso esplendor
porque no necesitas ni alas ni investidura.
De incorruptible pureza es tu brillo
enfatizado entre el azul y el amarillo…
¿Cómo es posible un amor tan indescifrable,
cuando lo que eres no puede ser objetivable?
En el insondable y oscuro fondo,
Infinito continente de conciencia,
muestras tu luminosa naturaleza
de escurridiza y lúdica permanencia.

Comprendo entre los traslúcidos velos
teñidos de conceptos, memoria e imaginación,
que ya no opacan tu generoso esplendor.
Basta una gota de voluntad para perderte
y desnuda entrega para revelarte.
Frente a frente,
mediando el espejo de la mente,
el encuentro abarca mi existencia totalmente
y en un descuido ante tanta maravilla
queda nada de mi, siendo tú todo lo que brilla.
Fundido el yo y el tú en puro Ser
Instante infinito y sin tiempo a la vez.

Por no haber límites reales a tan sublime omnipotencia
regresa luego el mirar habitual
dibujando estructuras de lo cotidiano
cual goteo incontenible de una cañería ancestral.
Y así nuevamente, como si nunca hubiese sido
en la cascada manifiesta de esta presencia
despierta el intenso anhelo
de que la vivencia se vuelva a dar
pues aun habiendo muerto renace la ilusión  
sorprendida porque aún permanezco para recordar.
¿Será acaso una sombra cuya función
es tan solo contrastar Mi vívida expresión?

Maria Luisa 


viernes, 10 de agosto de 2012

El Sabio Maestro

Vista desde una de las viviendas de mi historia


Vacía estructura
mirando inafectado
el infinito 

Me sorprende lo difícil que es transmitir, comunicar mejor dicho, algo que se comprende, pretendiendo que por medio del razonamiento la otra persona va a ser capaz de recibir la completa cuestión que se quiere indicar. Por algo no es lo mismo decir “te amo”, que mirar a los ojos, dar un abrazo, ofrecer una ayuda o escuchar abierta y atentamente; en definitiva, no es lo mismo decir algo que comunicar por medio de la acción. No significa esto que al decir “te amo” no se sienta amor, quizás se siente intensamente, pero algo tal vez impide que este se muestre al mismo tiempo que se habla de ello. Generalmente, los que logran comunicar los sentimientos humanos por medio de la palabra son los poetas y los buenos escritores, quienes no sólo saben usar las palabras, metáforas y tantas sutiles herramientas en el arte de la escritura, sino que además conocen en si mismos la variedad de sentimientos y experiencias humanas.

En relación a la comprensión que se tiene de la Realidad, el que logra transmitir su comprensión es un maestro. Tiene maestría en ese arte. Pero por otro lado, ¿cómo saber si esa comprensión es tan genuina que al ser compartida sea aceptada y resuene en los demás? Ahí es cuando el maestro no solo es hábil comunicando, sino que es un jnani, un sabio, un realizado. Es alguien que está en conciencia de lo esencial de ser, que, por lo que esencial significa, tiene que referirse a algo básicamente común a todas las personas. Aquí estoy usando palabras, y como no hablo de cosas tangibles sensorialmente o dimensionables según una tabla acordada universalmente, caigo justamente en el problema que estoy describiendo. ¿Cómo verificar si alguien está en la comprensión de lo esencial? Habría que partir por acordar que hay una verdad universal, que es común a todos. Una verdad que no consista en argumentos racionales, sino relativa a la vivencia de ser. Para poder comunicarnos conceptualmente es requisito, entonces, tener un lenguaje común, acordar términos, conceptos, y a la vez estar seguros de que con ellos nos estamos refiriendo a lo mismo en cuanto a lo que se experimenta en relación a determinado asunto.

Por ejemplo, hablar de conciencia, de mente, puede producir muchas ambigüedades. Es preciso poner ejemplos, ofrecer datos para que reconozcamos en nuestra propia experiencia, eso a lo que nos estamos refiriendo, desplegar una Ontología, un lenguaje que se refiera al Ser esencial y que podamos compartir.

Por tanto, no es lo mismo comprender íntimamente, auténticamente y sin resquicios de duda, que ser capaz de comunicar esta comprensión. Tampoco es lo mismo tener esta comprensión que vivir de acuerdo a ella. Por ejemplo, puedo comprender que fumar es nocivo para la salud, y sin embargo seguir fumando. ¿Por qué pasaría esto? Quizás porque el hecho de que sea nocivo para la salud no es algo que me importe. Quizás no me pesa tanto tener un cuerpo saludable como el placer por fumar. De manera que comprendo algo, pero eso no afecta mi comportamiento. Del mismo modo, si alguien comprende que esencialmente es Conciencia, que lo que es no es una entidad separada, que la persona no es sino un traje temporal, posiblemente sea capaz de aceptarlo, y más aún asumirlo, y sin embargo no le interese comportarse de acuerdo a ello, sino que sigue su habitual comportamiento en busca de placer y alejándose del dolor. ¿Por qué? Porque no le importa el movimiento entre estos extremos que implica vivir de acuerdo a las limitaciones individuales. Lo interesante de esto, es que esa no importancia ocurre cuando se sabe que tanto el placer como el dolor son aspectos duales y contrarios de una misma esencia: la vida. Al no huir del sufrimiento se está aceptando este. ¿Tiene sentido? En este instante no lo sé. Podría decir que todos los aspectos contrarios residen en la realidad universal, única, verdadera, esencial, y que todo intento de modificarla o de no hacerlo, sería un movimiento que inevitablemente también está contenido en el mar infinito de la Realidad, puesto que nada puede estar, según lo que comprendo, fuera de la realidad. Incluso las confusiones, puede que no describan adecuadamente la verdad de algo, pero sin duda ocurren verdaderamente.

Aquél que comprende, que vive de acuerdo a su comprensión, que no es ya afectado por el oleaje del mar de la vida, y además es capaz de comunicar su comprensión por diversas vías, no solo conceptuales, ese, es un realizado, un sabio y además un maestro. Aunque probablemente lo que él diga sobre esto es que no hay personas realizadas, ya que el hondo conocimiento y vivencia de lo real muestra que sólo el Ser es, uno sin segundo.

Aun así, quiero expresar que el que vive de acuerdo a la comprensión de ser conciencia es manifestación viva de la pureza de ser, y esta manifestación se puede tratar de describir como aquél de quien se desprende infinito amor y comprensión, compasión hacia todos los seres, capaz de mostrar creatividad en sus actos, belleza en su expresión, armonía que se siente a su lado, paz, fortaleza, seguridad, ecuanimidad… indescriptible felicidad que no se sostiene en nada que sea transitorio… son infinitas las expresiones puras y descontaminadas del Ser que se muestra sin sentido de separación egóica, en el que se han diluido los velos del ego.

Maria Luisa

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