lunes, 7 de marzo de 2011

Entender y comprender - la mente como espejo


Lunes por la mañana y están los recuerdos de lo vivido ayer mientras bailan dos conceptos ante mi vista: Entender. Comprender. Así que comienzo dando un desglose de significados.

Entender, como capacidad de organizar un razonamiento alrededor de un tema.
Comprender, como darse cuenta, hacerse uno con el objeto de atención.

Entender requiere saber el significado de los conceptos y a qué apuntan.
Comprender implica una empatía con algún aspecto o cuestión sin necesidad de armar un razonamiento sobre ello.

El entendimiento permite disecar un tema y convertirlo en muchas palabras, descripciones, deducciones y razonamientos.
La comprensión puede mantenerse silenciosa simplemente abrazando una situación, una quietud que abarca, comprende, observa sin juicios.

El entendimiento es lineal. La comprensión no pone límites.

El entendimiento puede llegar a un punto, cuando se trata de cuestiones hondas acerca de la realidad de ser, en que no logra dar el tono acerca de la sagrada infinitud de lo Divino. Y entonces puede ser que se trascienda ocurriendo la comprensión, el darse cuenta de lo inefable e indescriptible. La comprensión puede ocurrir en un instante, como un resplandor, sin necesidad de un proceso racional y sin apoyarse en productos de la memoria.

En mis conversaciones con R.Malak, que son constantes y periódicas, ya convertidas en una práctica diaria, me encuentro a menudo como caminando por la cuerda floja.
Como dos espadachines o samurais enfrentados para afilar la daga del conocimiento propio, él se ocupa de moverme de un lado a otro hasta alcanzar el equilibrio que permite caminar con soltura por esta cuerda floja de la expresión de lo esencial. Como se puede ver en la especificación que acabo de hacer acerca de estos dos conceptos –comprender y entender-, me fascinan las palabras y usarlas para transmitir algo profundo que se moviliza dentro de mí. En este “volcarme hacia”… miro dentro, escucho lo que está abarcado y contenido, latente, queriendo ser alumbrado. Ideas que revolotean, sensaciones, recuerdos, impresiones y emociones que se tiñen con ellos y que necesitan ser soltadas, liberadas, expresadas.

¿Qué hace un volcán? Vuelca todo su ardiente contenido. Puede ser fascinante observar desde lejos una erupción, pero es devastador si estás a su vera. Y así es como he notado que mi expresión muchas veces quema las alas de los pajarillos que tratan de dar su primer vuelo cerca de mí. Esto me ha preocupado, y observando la habilidad de R.Malak, estoy descubriendo algunos fascinantes modos que permiten acoger al que recién está abriendo los ojos, sin deslumbrarlo directamente con algunas luces antes de tiempo, que pueden quemar sus retinas.

Pero también ocurre algo conmigo en estos diálogos. Ya no en cuanto a habilidades acerca de lo externo o la expresión… sino respecto a la comprensión misma. La linealidad del pensamiento puede llegar a formar un hilo interminable, como si el sedal de un pescador fuera infinito. Se pesca un pez, un concepto, algún aspecto, y el sedal queda enganchado en él, y entonces se estira y estira, con las tensiones que el cordón puede ir soportando. Llega un momento, en el discernimiento racional, que la tensión produce un ofuscamiento, porque al fin y al cabo, en la intención de atrapar al pez de la Verdad, se ve imposibilitado para ello. La atención queda enganchada, y a pesar de mucho entendimiento, la comprensión no se produce, y lo que sucede es un desgaste y embotamiento. Duele soltar la caña que con tanto esmero se ha trabajado, al enfrentarse con la imposibilidad de tamaña pretensión: abarcar la Verdad con la razón. El embotamiento deja los sentidos, la razón y toda capacidad de empatía, como anuladas, forma una cárcel, una situación hipnótica en donde la comunicación de pronto se hace imposible.


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Han dicho algunos sabios antiguos que la espina de oro del discernimiento sirve para sacar la espina de madera de la ignorancia de sí mismo, pero que una vez hecho esto, extraída la confusión inicial, hay que soltar ambas espinas, pues ya no tienen ni uso ni sentido.

Hay otra analogía referida al uso de un palo de madera para remover las brasas. En el fuego del entendimiento, para mantenerlo vivo, se usa el palo de la discriminación racional, pero una vez consumidas las brasas, el palo se suelta dentro de ellas para terminar de quemarse.






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Muchos buscan durante años una claridad que ofrezca la certeza de lo que se puede llamar lo más verdadero, lo que es totalmente real. Detrás de estudios, prácticas, maestros, lecturas, y aún así, habiendo quizás arribado a una madurez, como un fruto colgando del árbol de la diversidad, aún no ha sido cargado suficientemente este fruto como para caer al suelo de la añorada comprensión.

Para estos frutos en condición de blandura, dulzor, y adecuada madurez, llega el sat gurú, y les da el mordisco donde finalmente el último enganche a la confusión queda aniquilado. Satgurú, palabra sánscrita que significa el conocimiento puro de Si mismo, ya sea bajo la forma de maestro como persona externa, o ya sea como el propio saber de Si mismo que brota en el aspirante que ya está listo para soltar la última corteza o piel: la idea de yo separado.
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Descolgarse, con total desapego de los preciados conceptos, entregada al vacío conceptual, en el abrazo silencioso de la comprensión, acontece un vértigo como delicia, soltarse y dejarse ir en la iluminada expansión de una mente diluida. Exquisito despliegue del conocimiento puro, que ya no sabe otra cosa que de sí mismo. Como la ola que dejó su forma en el océano de agua que siempre fue. Algunas olas se disuelven con suavidad, otras revientan a la orilla de los límites, sin remedio.

Así como el sueño profundo sucede sin que uno se lo proponga, un estado de absoluto descanso, donde nada se sabe… así mismo acontece la entrega al conocimiento esencial. Una liberación y alivio total de toda tensión, a ese no estado donde solo hay saber, no de algo, sino como el brillo absoluto del poder que permite conocer. Una presenciación que siempre ha estado ahí, alumbrando todos los contenidos conscientes, como la luz de una linterna en la oscuridad de un depósito va marcando y destacando todo lo que hay almacenado. La mente oscurece, sombrea la totalidad produciendo los contrastes duales.

Ayer Malak me la describía como una ventana o como un espejo. Una ventana, con su vidrio transparente, permite observar la diversidad del exterior, la calle, el paisaje, las personas que transitan por el paseo peatonal. Este vidrio, repentinamente ante una súbita situación de introspección total, se convierte en espejo, como cuando llega la noche y no se puede vislumbrar el contenido de lo externo, el mundo, los sentidos solo quedan para el contenido interno. Esta mente, como ventana de conocimiento, se espejea, permitiendo el resplandor de la luz que viene del interior, y refleja tan solo mi propia imagen: luz de conocimiento… y ahí… se absorbe todo el movimiento que era variable en la permanente realidad de ser lo que conoce, disuelta la imagen, disuelta la dualidad, sin un ente separado, sino la propia luz del puro conocimiento, como Ser-Conciencia volcado en plena felicidad.

Lo que hoy escribo es la suave consecuencia de una profunda interacción (donde se movieron muchos contenidos de mi entendimiento) vivida ayer en tres diálogos dominicales con R.Malak dados en horas distintas del día, y fue con este texto que Malak cerró la intensa jornada:

Mis modos no son descripciones teóricas que engorden a la mente, son alimentos que están para ser consumidos de inmediato, no pueden acumularse, se asemejan al fuego que consume, inestable y difícil de entender. Recopilar información parece importante, aunque está en los libros, hay miles de ellos muy bien escritos. Las palabras siembran semillas que algún día brotarán en diversas plantas produciendo flores y frutos diferentes, pero se requiere tiempo, y ya va siendo hora de cortar las uniones con las estructuras conceptuales que nos mantienen atrapados y encarcelados a ideas. El Sí mismo es distinto del que mencionamos como tú o yo. La mente, como función de la conciencia, divide, hace juicios. Todos, como manifestaciones, constituimos la única existencia, esto es un saber que consume a quien lo lea. La mente se complica con reflexiones acerca de lo indescriptible, y no le queda otra opción de espejearse y dejar de ser transparente a la mirada de Si mismo. Al ocurrir eso trasciende sus propios límites y se pierde en la luz que se ha reflejado en una armonía e inteligencia sin fin.” R.Malak.

Pasó la noche, llegó el nuevo día, y todo se muestra cristalino. Luego de haber sido puestos en la parrilla de la penetrante indagación, mis queridos conceptos se cocinaron a fuego lento, ya fuera de mis manos, entregados, regalados, soltados… y hoy los he retomado con otra disposición, una apertura más ligera, suelta, para compartir este tema tan apasionante que es, primero entender y finalmente ser pura Comprensión.

Maria Luisa

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