miércoles, 27 de octubre de 2010

Acción Espontánea

Cada semana aparece el impulso, como si fuera algo ya regulado, natural, imposible de evitar. El impulso, que brota, de expresarme. Por el tallo de las flores corre la savia de la vida y es inevitable el aroma que desprenden. Hay eso que es puro, cuando nada se busca, cuando el hacer basado en el costo – beneficio no es lo que manda. Acción espontanea.

Los días caen como gotas de lluvia, intensamente constantes, elusivamente livianos, en esta vacación que significa regresar al contacto con mi historia. En este tiempo de relaciones dentro de Caracas, rodeada de la gran familia, esa que ha sido mi escuela de vida, la fuerza de cada personaje tiene la cualidad de reflejar siempre algo de mi.

Penetro a esa otra vida, la de la pantalla que refleja mi mundo de Internet, y suceden otras cosas, tan distintas… otra cuestión. De manera que observo que nado en piscina de agua dulce y lo hago en el mar salado. ¿Se puede elegir? No lo se, parecería que si.

Internet es el mundo donde pueden surgir emociones y reflexiones que interactúan con historias y personajes nuevos. Estas relaciones suceden dentro de algo que es sin carga, sin semillas, aunque están sin embargo impregnadas de presencia, presente y acción liberada.

La familia, por otro lado, es un roce de emocionalidad entre artistas, ya que esa es la huerta que predominantemente cultivamos. Por lo tanto la cosecha es de un ambiente de sicologías que se mueven y se encuentran unas con otras. La cesta viene cargada con los resultados de semillas antiguas, y es inevitable, como una comida que ha de consumirse y digerirse.

Los días caen como gotas y nada pasa realmente. Unos personajes mueren, otros nacen, sabemos o no sabemos de toda esta gente. Unos son conocidos como el ex-presidente de Argentina,  y otros anónimos a la sociedad como el nieto de una amiga que vive en los ranchitos de los suburbios.

Al penetrar en esta pantalla de la red virtual, de esta gesta de información abrumadora que es la Web, pasa de todo. Y en realidad no pasa nada, porque al fin y al cabo, todo, todo, está simplemente siendo conocido por mi, que asombrosamente no me muevo ni una pizca. La información puede ser recogida, aceptada o rechazada... y luego usada, quizás, como referencia de lo que va haciendo sentido. ¿Cuadra con mi mirada o no cuadra? Y así, puede ser que basándose en estructuras previas, lo que se encuentre, se ajuste o no, justifique o no, sirva como una nueva corbata que lucir en el gran baile, o más bien ayude a comprender de qué trata todo este efímero asunto de existir en el tiempo y el espacio.

Así que a todo esto me puedo preguntar ¿qué cabida en mi, tienen las doctrinas y filosofías espirituales? ¿Qué haremos con las palabras? La intensidad de la pasión que explota no tiene nombre. Del mismo modo, hay pasiones reprimidas… así, ¿aparecerá el valor para, cuando menos, mirarlas?

Dos mundos: el exterior de la historia, las experiencias y la memoria… el interior de las comprensiones explícitas o no mencionables, sean silenciosas o bulliciosas.

Dos aspectos: el de la reactividad sicológica, el deber ser, el deber hacer, la búsqueda de logros… y el del intelecto puro, que cuestiona e indaga, libre de la presión emotiva y por lo tanto permite aguzar el ojo que todo lo mira.

Luego está la realidad relativa, este asunto de que existo como una expresión de cuerpo, mente y emociones que son inseparables… y está la realidad absoluta, esto de que soy la existencia misma, el Ser eterno. En ambas, cualquier fragmentación entre mente y emoción genera inestabilidad. Por esto, aunar mente y corazón, vicular estrechamente jnana y bhakti, borra toda división, pues ser es conciencia pura del sentir. Y aún más… cuando el sentir no es causado, es como felicidad completa. Cuando no hay frontera entre pensar y sentir se borra la dualidad, y ya no lo llamo pensar ni sentir, sino expresión de Ser. Expresión como la acción misma de un río de conciencia que fluye como vida espontánea y en libertad, pues ninguna represa frena su impulso. Nunca lo ha hecho aunque así pudiera parecerlo.
Maria Luisa

martes, 19 de octubre de 2010

Las experiencias y la búsqueda de lo Absoluto



Siguen llegando a mis ojos textos, palabras, definiciones. Me llaman la atención las definiciones que se dan, y las interpetaciones que se hacen de lo que han dicho los sabios… esos que vemos como personajes cuya expresión es tan impactante, clara, resaltante, que han cobrado fama, haciéndolos conocidos entre los que buscan la Verdad. Y leyendo esta mañana, de nuevo aparece un tema que por largo tiempo me costó digerir conceptualmente, aunque lo real de ello fuera tan claro … tan claro… que no se dejaba atrapar. Conceptos muy usados en la tradición Advaita Vedanta: mente, conciencia, turiya, turiyatita, ser, si mismo, samadhi, nirvikalpa, kevala, sahaja, realidad, ilusión, brahman, parabrahman… y tantos más, bailaban en el texto. Aquí van algunas reflexiones que no he podido evitar.

Testigo … Observación sin jucio… que trasciende los estados (mentales) de vigilia, sueños y sueño profundo… esa cualidad de notar, que independientemente de cuán implicada esté en la situación que se vive, estoy notando. Notar que estoy notando… que reacciona el cuerpo, que unos pensamientos siguen a otros, que me defino o quizás no, que suceden cosas y eventos, emociones, sentimientos y sensaciones…. Notar todo eso… sin anotarlo… sin juzgarlo, sin acapararlo… y aunque así fuera… notar que anoto. Al descubrir de pronto que hay una especie de desligue entre los eventos… o esta conciencia de los eventos… y yo misma, siento que soy testigo no implicado. Y puedo darme cuenta o notar, que muchas veces estoy tan involucrada en el hacer, en la situación, que no noto esta cualidad de atestiguar.
Bien, esta observación, este notar o darse cuenta no es lo absoluto, cuando aún me siento ser testigo observador. Incluso, el intento de separarme como quien mira en forma desapegada, lo que produce es fragmentación. En ese intento hay intención, deseo, sin duda generado por la identificación. Definirme como observador, es otra asignación más a lo que soy. Soy observador… es aún una ilusión de ser algo. Aún alli… podría atestiguar la duda que puede surgir…. ¿quién o qué soy realmente?

Lo absoluto, indescriptible… cuando desaparece por completo la idea de ser observador… aún cuando el atestiguar se sigue dando. Se sigue dando de la misma forma que siempre se ha dado. Sólo hay un cambio: El yo soy observador no está presente… es decir… “la idea” de yo soy observador o de yo observo no está presente. Eso que ve, eso que nota, eso que sabe, sin necesidad de acaparar, recoger, recordar o usar la memoria, eso es pleno, y es absoluto, no carece, no busca, no surge, no se alcanza… ¿Por qué no se alcanza? Porque siempre ha sido… Es y nada es aparte de Ello. Es tan simple que se escapa. La mente, la razón, no lo puede acaparar. Su simpleza radica en la ausencia de estructura para Ello.

En la luz que presencia, que alumbra, en esa capacidad de tomar nota, conciencia de algo… en esa luz… aparecen los objetos iluminados…. Y aparece la tendencia inevitable de asumir que yo soy. No hay una aparición de Ser… sino una idea… que dice: Soy.

El Ser que soy… al cual puedo llamar Si mismo, mi misma/o, yo misma/o…. Siempre Es, no nace ni muere, no es algo, no es entidad, no es individualidad, no es….. absolutamente nada… que lo defina…. Por tanto… es también todo… pero todo incluido. La tentación de definir lo que soy, en este sentido, puede llegar a plantearme esto: Soy Luz en esencia, y soy a su vez el foco de donde la luz emana… luego… todo aquello que aparece como iluminado por mi… es una emanación de ese mismo poder de conciencia… por eso se escucha tanto que todo es conciencia, porque aparte de la luz, no existen los objetos iluminados con sus consecuentes sombras poryectadas… si no hubiere eso que  ilumina, nada podría existir. Que se vea el reflejo de la luz… como una pantalla blanca iluminada pero aún sin la proyección del filme… no me hace más ser o menos ser que lo que soy. Igualmente… que aparezca el filme, como reflejo de tendencias, semillas, etc… tampoco reduce en lo más mínimo lo que soy.

Ver o dejar de ver… conciencia o ausencia de esta… no significa que lo que siempre ha sido, aumente o disminuya… por eso…. a los efectos de la realidad, nada hay que alcanzar…
Es solo a los efectos de la racionalidad, que se trata de obtener evidencias capturables, o sea viviencias, con las que luego se puedan definir conceptos que tranquilicen el buscar respuestas. Sin embargo, solo cuando esta ansiedad conceptual y racional queda totalmente quieta…. es que lo real se hace evidente… pues la cortina del yo, del testigo y de toda la historia de logros y fracasos, ha sucumbido… y la inquietud ha recedido… lo que también se llama: la mente regresa a su fuente… y ya no hay el concepto de ser, de no ser, de desear o de carencia. Solo la plenitud de lo Real, más allá de todo conocer o conocimiento (trascendencia). La evidencia más radical de esto es cuando todo contenido consciente desaparece, aunque se mantiene la condición de lucidez que muestra la emanación en su totalidad indiferenciada. Esto luego puede servir como ancla cuando las funciones conscientes (mente) reaparecen. Un ancla que recuerda una y otra vez que no soy algo. Sirve esto como una seguridad inamovible y ayuda en el proceso de esta vida manifiesta, para ir residiendo más y más en lo que soy. No es de extrañar que se hagan tantos esfuerzos para intentar vivenciar una absorción en si mismo tal, sin embargo, por lo que he comprendido no es algo imprescindible (para la realización), ya que el simple vivir en felicidad de ser … va disolviendo por si mismo todo error interpretativo e ignorancia de lo real, en muchos casos cuando se ha contado con buenos apuntadores.

Muy aparte de los nombres que se le pueda dar, lo real es real. Y sólo cuando se terminan las dudas acerca de lo que soy o no soy, es que los nombres dejan de tener importancia por completo. Vivir en lo Real en la manifestación que emana de Mi, en paz, tanto involucrada como no, en los eventos que se despliegan a mi percepción, es llamado el “estado natural de ser”… que se presenta en paralelo con la comprensión de saber que todo esto está siendo iluminado por Eso, que es tanto el foco, como la luz, como la observación de lo iluminado, así como lo iluminado mismo, llámese: el mundo, el individuo y todo lo que aparece como conciencia… en cualquiera de sus variedades: conciencia objetiva, subjetiva, consciente, subconsciente, supraconsciente o inconsciente… estados como vigilia, sueños o sueño profundo, contenidos o continente… conciencia como saber … inconciencia como no saber… ya sea por ignorancia o por ausencia de objeto…
Eso que Soy… no es lo visto… sino el que Ve… y por eso no puede verse. No es lo conocido, sino el que Conoce… y por eso no puede conocerse. No es lo iluminado, sino lo que ilumina y por eso……………………. No puede iluminarse.

Se puede buscar cualquier cosa, pero vamos a estar claros, cualquier cosa que encuentre, quien finalmente valida su efectividad como respuesta a lo que soy… soy yo. Así sea que el yo desaparezca, como dicen algunos… quien certifica esa desaparición, soy yo mismo, aunque deje de llamarme yo. Lo que se comprende es que no soy una entidad, no tengo localización, ni forma, ni dimensión…. Y Soy imprescindible.
Por esto, buscar experiencias, por muy radicales que sean, es bueno en el sentido de que serán mis propias anclas, cada vez que la racionalidad o la duda pudiera aflorar, pero no son, ni mi propio ser, ni me hacen más elevada, ni importante… ni mucho menos diferente, pues esto sería realmente una enorme incomprensión… otra definición más para lo indescriptible que soy. Al saber qué soy, no puedo de ninguna manera considerarme un sabio, ni un ignorante… ni algo Supremo o inferior… soy nada y soy todo… soy y no soy… palabras y más palabras.

Ser…. manifiesto o inmanifiesto… no suma ni resta… saberlo es felicidad plena, o armonía, paz profunda, descanso… aunque el baile de la vida continúe, ya no hay nadie bailándolo… y sí lo hay.
Maria Luisa

martes, 12 de octubre de 2010

Caracas y despunta la conciencia del amanecer.


Caracas y despunta la conciencia del amanecer.


La inteligencia brilla por doquier. Nacemos (si es que alguien nace) plenos de brillantez. Como un sol que se ha metido en un recipiente y salen sus rayos iluminadores por rendijas como ojos, poros, oídos, boca… es la vida, la fuerza de poder iluminar algo.

La conciencia no se ha metido en un cuerpo. La conciencia sabe del cuerpo y sabe de lo que se percibe con el cuerpo, pero no está limitada por este. Es un saber que no implica describirlo… en la vivencia se sabe que el agua de mar es salada aunque no se mencione.

La inteligencia es de lo esencial… es innata… o sea, no nace, no se construye… es. En este instante, siendo consciente del paisaje citadino, viendo que ahí parece estar todo ese mundo… tan armado, consistente, topografía que sostiene construcciones, espacios de relación y albergue, me pregunto: ¿Cómo sabe el espacio llenarse de objetos que se sostienen ahí? ¿Qué poder permite que cada cosa esté en su lugar? ¿Por qué los astros no se precipitan unos contra otros? Al menos por ahora la Tierra no está siendo colisionada por meteoritos, y mientras exista este espacio de reposo, se da la oportunidad de que la conciencia se asome y conozca el sonido de los pájaros al amanecer.

Amaneció para mi mirada muy temprano, fuera de lo normal. Un madrugón mágico en que la vigilia se atrevió a despuntar antes que el sol, para descubrir que la ciudad ya entra en su cauce, a pesar de ser un día festivo. Me siento en el balcón a las 5 y está la noche aún cerrada. No tengo los lentes puestos, así que veo resplandores indefinidos que sé que son luces de calles, de casas y de autos. Entonces la atención está muy alerta y a falta de ojos el oído se agudiza… y escucho… no tan lejos… sonidos secos y en seguidilla…¡¿una ametralladora?! Y siguen varios ¿disparos?. De todas formas los pajaritos siguen ajenos al ajetreo del ego que se cubre, se protege y ataca. Desde este balcón se divisa Caracas, hacia el este, y de acuerdo a su topografía de valles y montes, como una densa ciudad donde se superponen planos de espesor vital… barriadas, llenas de ranchos que a duras penas soportan las inclemencias del clima y de los malandros, al fondo, plagadas de dificultades para sobrevivir. Por otro lado urbanizaciones donde las casas bailan a sus anchas en terrenos con bellos jardines, otras áreas donde edificios se apiñan como colmenas… una variedad intensa y entremezclada de modos de vida y posibilidades. En relativamente poco espacio, como un balde de conciencia contenida, llena de semillas recogidas del infinito.

El pozo de la sabiduría… jnana. ¿Cómo es que se recoge la comprensión? Tantas explicaciones se han dado y seguimos tratando de elaborar. Elaboración de explicaciones, como quien trata de describir el efecto de unas gotas de mar salado en la lengua. Me hallo sin las palabras adecuadas para deslindar la comprensión inmencionable.

Doctrinas… ciertamente que se produce este asunto llamado arrogancia… en verdad que Adán se llenó de orgullo al ser capaz de nombrar las criaturas del edén. Dogmas… ¿por qué necesitamos las ideas como auxilio para dar sentido a la vida? No es una crítica lo que siento… es asombro.

Respirar… magnífica ilusión que infla el cuerpo como si este fuera mi ser. Y hay esa tendencia a quedar atrapada en eso… identificada con este torso rodeado de extremidades y una cabeza que jamás he podido ver como no sea a través de un espejo. Increíble. ¿ Es esto lo que soy? Este cuerpo. No… pero, ¿puedo decir que no soy esto? En verdad que es una sabiduría silenciosa, esta que mira un día que despunta, anaranjado, bello, y también gris, porque seguramente más tarde lloverá, torrencialmente, como sucede en el trópico… un saber indescriptible que escucha dulces cantos de pájaros, que en los arbustos y árboles cercanos parecen cómodos y protegidos, y amenazadores sonidos un poco más allá… al unísono. Peligros o seguridad, no lo sé… pero desde aquí todo es pleno y antes de que aparezcan los juicios éticos, diría que solo es como tiene que ser. Maria Luisa. (12-10-10)

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