martes, 21 de septiembre de 2010

Noúmeno y Fenómeno. Intención e Historia del Universo.

 
Han finalizado los cuatro días de festejos, fuegos artificiales, desfiles militares, la armada, la fuerza aérea, la fuerza naval, todo un despliegue que involucra a la mayoría de las organizaciones del país en la celebración de las fiestas patrias, otorgando un poder especial al hecho de que se cumplan 200 años de independencia. Y yo pregunto: ¿qué más dan 200 que 199 o 201? Insólito el número al compararlo con los 15 mil millones de años que se han podido registrar desde un supuesto inicio del Universo. Nada es fruto de la casualidad, y dentro de lo que significa la inmensidad del Universo, cada momento que se vive en esta supuesta vida cotidiana es como una reproducción de la sincronicidad, simultaneidad, sentido… y ese algo que siempre se está sabiendo, intuyendo y dando luz de claridad a la comprensión inteligente.

Aprovechando estos 4 días de vacaciones fui invitada por unas amigas a un precioso lugar fuera de la ciudad. Y aquí lo curioso, me llega a las manos un viejo librito que estaba olvidado en una estantería de la antigua casona donde nos hospedamos. La más bella historia del mundo, editorial Andrés Bello, de Hubert Reeves, Joël de Rosnay, Yves Coppens y Dominique Simonnet. Nada más y nada menos que el intento científico de explicar por medio de la astrofísica, la biología y la paleontología, la historia del mundo. Me atrajo inmediatamente. A ver qué dice la ciencia, cómo explica y hasta dónde puede llegar, en este misterioso asunto de la existencia de un mundo que sé que conocemos tan sólo en el estado de vigilia, siempre ahora.

Si me pongo a pensar, se hace demasiado laborioso de explicar lo que veo, de manera que mejor suelto todo yendo al grano sin miramientos. Ahí vamos.

La historia del mundo la lee la propia capacidad consciente y es procesada por la mente.
Habiendo un espacio que observar, se comprueba que en él se contiene la materia, y que esta no cesa de reorganizarse, transformarse, mutarse. Este movimiento constante es el tiempo. Así… gracias a la observación, se descubre la existencia de tiempo, espacio y materia. La ciencia se encarga de estudiar esta historia. En cambio el misticismo, la filosofía y la religión, se encargan de encontrarle un sentido a la vida. ¿Una intención?
La realización de Si mismo, la comprensión instantánea de lo esencial, independiente tanto de la filosofía como de la ciencia, es la respuesta a todas las preguntas. Esto sólo cada quien puede respondérselo, por auto-evidencia y comprobación inmediata basada en la observación pura, sin juicios. Soy… ¿quién o qué soy? Y en la respuesta, silenciosa, no racional, no ajena, todo queda explicado antes de poder formularlo en palabras.

Los científicos han estudiado la formación del universo, y habiendo llegado a una frontera intraspasable, no pueden más que asumir teorías que describen los datos recogidos de su observación, entre las cuales la más aceptada actualmente es la del Big Bang, que dice algo así: desde el silencio y lo desconocido, el noúmeno, acontece de pronto la explosión del fenómeno, luz y calor, explosión y expansión que surge como inicio, en un gran caos informe, que por enfriamiento, va poco a poco estructurándose. Es sorprendente la similitud entre esta descripción y la que hace el sabio místico: de la luz de conciencia emana la existencia.

Se habla de miles de millones de años desde la primera explosión, que al cabo de un largo período genera el caldo cósmico de partículas, electrones, protones, etc., hasta formar átomos, luego moléculas, más tarde aminoácidos, después proteínas, ácido ribonucleico y finalmente la cadena de ácido desoxiribonucleico (ADN). Es decir, de la primera explosión comienza el universo a expandirse, formando estrellas, centros de energía, luz que se organiza, que en el transcurso del tiempo, de la transformación, va dando forma a las galaxias compuestas por sus diversos sistemas, gracias a 4 fuerzas, (le agregaré que inteligentes): gravedad, electromagnética, atómica, y la llamada fuerza débil. Aparece la Tierra como el adecuado lugar en el espacio, donde comienza un laboratorio de pruebas, ensayos, errores y acomodos, de forma que se presta finalmente a que se produzcan los organismos, como las primeras entidades separadas por membrana que presentan un adentro y un afuera… que cumplen las 3 normas para que se les pueda llamar individuos: capaces de moverse por si mismos, de cuidarse a si mismos y reproducirse, es decir con una cierta autosuficiencia. A estos se les llama individuos vivos.

Desde la luz, se da finalmente lugar al reconocimiento de ser. La primera asociación es de identidad, es: yo soy este cuerpo. Conciencia de existir. Y las capacidades mentales que se dan gracias a la evolución del cerebro y la médula espinal con el sistema nervioso, es la posibilidad de que surja la racionalidad. La luz, expresión que espontáneamente emana del noúmeno, se despliega en forma manifiesta, llegando a formar de sí misma la materia y los organismos de vida consciente. Es muy fuerte la cohesión de conciencia que relaciona “ser” con el organismo vivo independiente, en el sentido de que tiene la capacidad de percibir la manifestación gracias a los sentidos físicos. Siendo ellos mecanismos de indicación, protección del cuerpo (desde una ameba hasta un ser humano), también son ventanas de reconocimiento del universo manifiesto. 

Leyendo toda esta historia, que ha sido observada por telescopio, microscopio y a escala normal, encuentro una hermosa relación entre ella y mi comprensión: la conciencia de ser, al manifestarse, tiene un norte, que no es otro que saberse a Si mismo como el sostén de ese universo. No se llega a ese saber por medio de esfuerzo, lo que sucede es que se ha formado en el tiempo el receptáculo para que se pueda reflejar ese saber. El poder de la conciencia que permite saberse a si mismo en un entorno físico no pertenece al organismo, sino que es lo que ha dado existencia al organismo, y lo utiliza para expresión y exploración de las potencialidades del Ser, que se han ido haciendo más y más complejas. Lo vivo es la Conciencia que ha formado, forma y seguirá formando maneras de expresarse y saber de si mismo, en la capacidad de conocer su propia obra, el Cosmos. Mientras nos identifiquemos con las infinitesimales partículas que un individuo supone dentro del infinito Cosmos, solo apreciaremos parcialmente los reflejos de todas sus posibilidades, estrellas, conjuntos de estrellas, planetas, sistemas solares, y los posibles seres que los pueblen. Desde la Conciencia Esencial, la posibilidad de auto-conocerse se está desplegando en forma constante, saber de si mismo como el origen, como el sustrato, como el Creador. Aunque la creación no sea sino una emanación de movimiento en la misma conciencia.

El problema de comprender la conciencia radica en la mente, que como función de ella, produce una centralización, un filtro racional, que establece identidad, relaciones y contrastes. La mente se apropia del saber. Esto nos confunde, haciéndonos suponer que ser consciente significa procesar la información en forma racional. La conciencia no necesita nada para ser…. Es la luz misma expresándose, desde un no saber (noúmeno)….. por medio de infinidad de transformaciones, hasta un saber que es capaz de procesar datos (fenómenos). Y esto, ocurre instantáneamente, en un no tiempo, es ahora, tal como siempre ha sido. Presenciación que nace de Si mismo, anterior a cualquier proceso racional.

Es una infinita inteligencia que late desde su inicio de expresión, y lo racional no es más que un ordenador de procesos, como un programa de computación, que logra convertir la vivencia en palabras, estructurándola, dándole lugar en la cadena de un tiempo de causalidad. La atención, el foco de luz que surge desde Si mismo, se centraliza ofreciendo la ilusión de estar surgiendo desde el individuo. Pero realmente, el poder de conocer nace desde el noúmeno, desde lo innombrable, la Conciencia Esencial del Ser eterno. Ser Conciencia Felicidad plena, que tiene su origen en lo desconocido, vacío del concepto yo, anterior al tiempo, al espacio y la materia.

Maria Luisa

martes, 14 de septiembre de 2010

Sentido de la existencia

La conciencia de ser se asoma a su existencia temporal, como oportunidad de saber de si mismo, al menos una porción de sus infinitas posibilidades de expresión. Paso a paso, mirada a mirada, el ser se encanta en sus múltiples reflejos en el espejo de la existencia.

Con el nacimiento de la forma, del cuerpo, son muchos los condicionamientos que la educación va dejando impresos en nuestro enfoque, limitando la comprensión. Por ejemplo, el pecado. El sentimiento de culpa es algo de lo que se apropian las maquinarias del poder como instrumento manipulador, desviando su inicial significado. En griego, pecado significaba errar el blanco. La educación yerra el blanco desde su inicio, ya que de antemano nos obliga a definirnos como un alma individual que nace en pecado, en error, como si tomar forma fuera un error. Como si revestirse de carne fuera el primer pecado, siempre entendiendo que pecado es algo por lo que hay que castigarse. Esto, al obligar la iniciación mucho antes de que la racionalidad aparezca en el niño, antes de que suceda efectivamente el pecado o error de identificarse conscientemente con el cuerpo y sus limitaciones, impide que el niño crezca en la realización que le es propia y que no es sino vivir en la felicidad de expresión que significa su venir a Ser o existencia. Algo como una iniciación de su camino por la vida de la plenitud, queda enturbiado por la razón humana que se expresa en sus mayores y que ya está contaminada por su deseo de poder y logro. En vez de abrir los ojos a la belleza, se tapan estos con el vendaje del ego que ha de construirse para sobrevivir socialmente.

¿Acaso no es por tener manos que se puede acariciar a un ser querido o un cachorro, y por tener piel es que se puede sentir la dulzura de ese amor? ¿No es por el sentido de la vista que se percibe la inmensidad del universo, las estrellas y el cosmos, los colores que se despliegan en el arcoirirs del paisaje? El oído, aparte de permitir el sentido de orientación en el espacio, nos deleita con melodías, el susurro mismo de la existencia.

La existencia es la manifestación de Si mismo, oportunidad para saberse ser y gozar su propia expresión. Así, tener forma no es una limitación para la felicidad de ser. Son las ideas que hemos aceptado como ciertas indicaciones de una verdad manipulada e incomprendida, que desde la niñez nos han sido inyectadas, las que modelan un deber ser y un comportarse que atienda a la socialización adecuada, libre de los impulsos aún pasionales como residuos de una evolución animal instintiva de supervivencia.

Son muchas las semillas que cargamos en la mochila para este viaje por el presente intervalo de conciencia. Genéticas, ambientales, sociales, culturales. Y se van agregando nuevas semillas con cada interpretación que se hace de las experiencias que vamos fotografiando en nuestro paseo por el paisaje del tiempo. Las impresiones ocurren pero para más lastre, cada semilla o impresión queda barnizada con una interpretación racional que las juzga, formándose un pañuelo de ideas con el que vendamos la mirada, inicialmente limpia, del venir a existir.

Habiendo sido velados por tantas ideas, incrustaciones de ellas en la psique que se repiten como un carrusel teórico en nuestra frente, la labor consiste en desaprenderlas. Se confunde creyendo que se llega a una amplitud de conciencia debido a una acumulación de información, que equivocadamente llamamos conocimiento. Ningún conocimiento teórico puede ser más preciado que el conocimiento de si mismo que está aquí desde siempre, en el solo hecho de ser capaces de observar y tomar conciencia de la película de la existencia, de la respiración y de la luz misma que ilumina el show. ¿Quién mira este espectáculo? Siempre yo. Soy lo que mira, no lo mirado. Lo mirado es de mí, como el aroma de una flor… mi emanación. El conocimiento intuitivo, inmanente, de Si mismo, es una fuente inagotable de inspiración.
Maria Luisa

domingo, 5 de septiembre de 2010

Reposo absoluto y movimiento de felicidad


Ha sido un domingo tranquilo y solitario, donde me chupé unos cinco capítulos de serie corridos. ¡Me encanta la ciencia ficción! Siento un delicioso dulzor de ser, y ante algunas reflexiones que se presentaron en la reunión de ayer tarde con R.Malak y también esta mañana en nuestro acostumbrado Chat dominical, mis pensamientos han estado en un laborioso ordenamiento hasta que he tenido que presentarles la luz de la inteligencia esencial desde el silencio, para que quedaran quietos finalmente, consumidos por la comprensión. Y este es el despliegue de ella puesto en palabras.

Lo absoluto de Mi mismo, cuya cualidad es ser conciencia felicidad, en reposo como lo hay en el fondo del océano sin corrientes, es un reposo pleno de si, perfectamente pacífico y silencioso, infinitamente amplio en su eternidad sin tiempo ni espacio. Por otro lado, se presentan ocasionalmente corrientes oceánicas que son como el movimiento de la conciencia, de esta pura conciencia de ser, un movimiento de armonioso gozo que es presenciado por Mi mismo. Este movimiento surge espontáneamente, se sostiene y luego cesa. Como una respiración.

Por el poder de ser consciente, el Si mismo presencia esta manifestación de su movimiento, y sin causa conocida, estoy de pronto haciéndome consciente de ser, al asociarme a un cuerpo, apareciendo la sensación de ser y la idea de ser yo, generando una centralización aparente de Si mismo, en el mundo fenoménico.

Ha sucedido Maya, la ilusión generada por una reflexión consciente, como una imagen que aparece en un espejo. Este espejo es un símil referido a una función de la conciencia: la mente.
Donde en realidad no hay dos, aparece por ilusión, el sujeto conocedor y los objetos conocidos.  La mente produce la ilusión de la dualidad. Lo real es no dual, no hay dos Si mismos, no hay dos objetos, ni sujeto-objeto. Desde lo absoluto de Mi mismo nada es real, salvo Mi mismo.

La mente es saberme y comprenderme en el tiempo y el espacio. Pero la mente no sirve para comprenderme más allá del tiempo y el espacio. La mente es cognitividad, conocimiento, memoria, contraste, pasado y futuro, imaginación. Conceptos. Eso es mente. Esta mente trata de definirme, adjetivando el ser a partir de un cuerpo y una personalidad. Mente, cuerpo y emociones conforman una individualidad, que en lo absoluto, en total reposo consciente, no existe. La individualidad es una sombra de Mi mismo, un reflejo, una ilusión, una ola en el océano. Es el instrumento de Mi mismo, como oportunidad no buscada de conocer algunos aspectos de mi infinita potencialidad expresiva.

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