lunes, 26 de julio de 2010

Silencio de yo


Silencio de yo cuando la intención del pensar se recoge en su fuente…
Sentidos abiertos y unidad esencial de toda percepción…
Puedes sobrecogerte inesperadamente en un éxtasis indescriptible…
Arrebatado de lo que era tu mundo, siendo pura felicidad.

Pasa el impasse… y la razón vuelve, envolviendo tu mirada y dándote de lleno nuevamente el mundo que conoces, sacudido por pesares y temporales alegrías. Lo que quieres y lo que no quieres. Entonces te preguntas, “¿por qué se fue? Lo quiero de nuevo”. La racionalidad, ese don inherente al hombre, busca hilar finos conceptos, construyendo teorías como un collar de cuentas algunas veces llamado doctrina.

La razón puede ser inevitable, como también puede ser inevitable una vida desquiciada.
El sano juicio y el orden en esta vida de tiempo lineal se hacen imprescindibles para funcionar en armonía con lo existente. De manera que te preguntas una y otra vez: “¿cómo recuperar ese estado maravilloso donde los temores y pesares habían desaparecido?”

El sabio explica, con un razonamiento ya bastante asimilado y contrastado:

La felicidad es tu naturaleza intrínseca, por el solo hecho de ser. La mente, como proceso funcional inherente a ti, emana generando este mundo de dualidad. En la dualidad todo adjetivo tiene su contrario. Pero el hecho de que la mente emane de ti, se debe a que la “sustancia” que la conforma es de tu propia naturaleza: conciencia.

Cuando la mente, que presenta pensamientos contrastados por sus opuestos, se recoge en su origen, la conciencia esencial, al igual que el aliento se inhala luego de cada exhalación, la cualidad del éxtasis pleno se muestra inmaculado, sin el tinte del deseo, la culpa, el temor o la duda. La felicidad no es un producto, es permanente. Se conoce cuando el si mismo pierde el apego a toda definición de si mismo, puesto que se comprueba que nada tiene que alcanzar ni que perder.

El deseo de alcanzar y lograr se produce por el condicionamiento resultante de un aprendizaje aceptado como cierto y demandante. Has creído que armar una identidad con ciertas características era importante y necesario para ser feliz. Comprueba que tú eres quien le da sentido a todo, incluso a lo que guardas con tanto celo: tus creencias. Viendo así, puedes mirar tus condicionamientos con objetividad, comprendiendo cómo han  creado las estructuras por las que miras tu vida y con las que mides el devenir, aceptando y rechazando.

Has estado en lucha con los acontecimientos, a la espera de que suceda lo que se ajusta a tu estructura. Pero las estructuras de cada ego son diferentes y sin embargo la vida corre como un río, indiferente a las preferencias de cada uno. Es la máscara de hierro que estás sujetando entre tú y lo que miras, lo que te hace parcializar todo. La máscara de ese yo que has armado te separa de ti mismo, en forma tan absurda. ¿Cómo algo puede separarte de ti?

Es necesario que te veas libre de todo pensamiento, para que comprendas que nada de lo que esas ideas dicen puede en verdad decir algo acerca de ti. Los pensamientos pueden estar ahí, no desaparecerán por un nuevo deseo de que eso ocurra. Sin embargo basta con que los notes. Al notarlos, puedes saber que ellos no son tu cárcel, sino en la medida que tú les des sentido.

Así, si nada te define, nada te falta y nada tienes que hacer o dejar de hacer. Tú no eres el hacer, el hacer es un proceso que ocurre ante tu mirada. Tú eres Felicidad.

De este modo, el sabio, ante el anhelo presentado de que se muestre la ansiada plenitud, entrega, como una muestra de Gracia, el conocimiento que da la señal. Aceptando en recogimiento y recibiendo esta información, en silenciosa reflexión, me quedo a la escucha, para que la indicación recibida me toque profundamente y me despierte de este sueño en que me creí un ser sufriente, en necesidad de evolución y mejora. En silencio observo, escucho y descanso, permitiendo que el yo que he sostenido como identidad flote ante mi observación, sin juicios, claramente, como quien ve un reflejo, un espejismo, que parecía real y no lo era. Esto es Gracia. El anhelo de Verdad y la verdad reflejada, se hacen uno cuando los ecos se encuentran en el espacio de mi propia conciencia. No hay mayor éxtasis que el Si mismo, siempre pleno y presente como Ser que soy. 

Maria Luisa

jueves, 22 de julio de 2010

¿Avanzar y aprovechar el tiempo?


En la medida que sigamos suponiendo que vamos escalando por las ramas del aprendizaje, siempre habrá un esfuerzo por llegar más allá, sin descanso. Acostumbrados a asumir y aceptar que el devenir, todo este mundo que parece suceder, esta vida que parecemos transitar, es real, en esa misma medida aceptamos ser algo que se mueve, evoluciona y cambia.

Esta ilusión es tan atrayente como una excelente película, de esas en que olvidamos lo referido a nuestra vida y nos quedamos inmersos en la vida del personaje. Del mismo modo, en la vida cotidiana, en este despliegue de memorias que suceden ahora, olvidamos la plena realidad del ser esencial, quedando inmersos, identificados y fragmentados en cada cuadro de acetato (como los de un rollo de film) llamado deseo, miedo, recuerdo, impulso, siempre pendientes. Pero, ¿pendientes de qué? ¿Por qué siempre parece que hay algo pendiente e inacabado?

La respuesta es bastante simple. La mente despliega ante la observación una serie de alternativas y un cometido a ser cumplido. Son las semillas que cargamos en la mochila, que hemos permitido y aceptado que nos definan (como “yo”), y que requieren dar raíces, tallo, flor y frutos. Por ejemplo, el hombre de oficina tiene obligaciones ante su trabajo, él depende de este trabajo para su manutención. Le asignan labores a las que se ve obligado a prestar atención. El preferiría estar en otro lado, haciendo otra cosa, y al mismo tiempo que desempeña su función, mantiene el silencioso y constante deseo de que llegue la hora de salida. De pronto, el problema que le han asignado atrapa su atención tan por completo, que ya no hay espacio en ella para acoger otro pensamiento o deseo. Y esto no sucede en forma intencional, solo se presenta. Queda atrapado en la labor de tal manera, que se olvida por completo de sus deseos personales, y simplemente la ansiedad desaparece. Está iluminando el asunto presente con absoluta inmersión. Su yo desaparece y solo queda presencia y contenidos, en una sola unidad: lo que está siendo. Ya no hay hacer, solo hay ser en movimiento, sin fragmentación.
¿Cuánto esfuerzo se requiere para esto? Basta que desaparezca el deseo de que las cosas sean de otro modo. Es como tirarse de lleno a una piscina desde un alto trampolín.

Plenitud no es algo a ser logrado… es lo que se evidencia cuando la ansiedad de cumplimiento desaparece. Hay tanta plenitud en la observación de un hoyo en la pared como en la observación de un colorido atardecer. Pleno es lo que no está dividido entre el que observa y lo observado. No está llenando el espacio personal de alguien. Pleno es el Ser, tanto continente de conciencia como contenido de conciencia.

El yo creado por la mente es como una fina capa de gel que cubre la visión. Basta remover esto, pero, ¿cómo? Olvidarse del logro, ver desde si mismo, sin atrapar los pensamientos que distraen… dis- traen: Nos traen a distancia de lo observado, produciendo dualidad como si esta fuera real.

El Si mismo es la plenitud de la no dualidad. En un comienzo de la investigación se plantea poner una distancia mediante el discernimiento entre lo permanente y lo cambiante, señalando que el Si mismo es lo permanente. Cuando la atención se hace una con el objeto, sin separación, sin necesidad, sin mente, sin discernimiento, todo lo que es, es Ser, lo que siempre ha sido, permanentemente. No - dos es lo permanente.

Finalmente, esta vida, este despliegue que emana de si mismo, no es otro que el Si mismo. Sin la cortina de los conceptos: yo soy esto, o yo no soy esto, o yo quiero ser esto, o yo quiero saber lo que soy, sin la cortina del yo, todo es el Si mismo real. Con la cortina del yo, todo es ilusión.
Maria Luisa

lunes, 19 de julio de 2010

Semillas de Conciencia


Amanecí con ganas de producir, crear. Y pensé: haré un video nuevo. Me fui a abrir el libro Resplandor No-dual, con la intención de rescatar de allí algunas frases estimulantes. Lo abrí al azar y caí en el capitulo 14. Semillas. Y entonces me vi en un problema. Al revisar el capítulo completo, me ha costado muchísimo elegir algo bueno, que sea más destacable que lo demás, porque todo me parece excelente. Además, extraer partes sin mirar todo el contexto, puede resultar en una comprensión inadecuada a mi parecer.
Encuentro que lo expresado en este libro por R.Malak es extraordinario, pleno de una sabiduría que no aparece como un saber que se impone, sino que en la medida que se lee, se va dejando filtrar una comprensión que impregna. Al pretender seleccionar frases especiales, me encontré de pronto en la tarea de preparar una papilla molida. Como dicen, para entregar la papa pelada, la carne masticada.

Este libro, tomado con adecuada disposición, puede ser una buenísima herramienta para llevarnos del confuso laberinto de una existencia presionada por sufrimientos, a una serena comprensión de Si mismo.

Me ha resultado imposible elegir, de manera que ofrezco el texto del capítulo completo para ser explorado por quien se interese AQUÍ. Espero que sea para su profundo provecho. Namasté.

martes, 13 de julio de 2010

Las puertas del cielo


Las puertas del cielo

Se abren para la mirada como cuando nos sacamos unas gafas de sol.

Las puertas del cielo no separan de lo divino, son solo una construcción de ideas que se sobre-imponen a la comprensión.
En ellas está escrito que soy una individualidad ansiosa de pasar su través para encontrarme con la esencia Divina.
Las puertas del cielo son ideas sostenidas. Verlas como lo que son, ideas, hace que no tengan más solidez que la que se les confiere.
Dejar de creer en las ideas y las puertas no se abren, sino que desaparecen.

No hay puerta divisoria entre lo que soy y lo divino.
No hay más disolución que producirse, que perder la creencia de estar separado.
Cuando ya no creo que soy el yo individual, toda la construcción de yo soy esto y lo otro deja de tener cimientos. Se derrumban los errores y todo queda diluido. Siempre he mirado desde el fulgor que ilumina el conocimiento, siempre he sido la esencia inmutable. No puedo diluirme, no puedo entregarme…

Y mientras ese yo persista, esta sentencia lo deja patituerto, en un pataleo absurdo, queriendo y queriendo llegar a ser uno con la esencia.
No hay yo. Es solo mente inquieta.

Las aguas de la mente se agitan cuando el océano se cree ola… la ola surge de la propia identificación como individuo… la mente es solo el desorden generado por la incomprensión… cuando hay comprensión, ya no hay mente que comprenda… Nirvana es océano de luz infinita, tal y como siempre ha sido, por los tiempos de los tiempos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Flores o yuyos


Lo indescriptible da comienzo a lo conocido permaneciendo sin ser conocido, las flores no duran mucho tiempo, mientras que los yuyos no detienen su crecimiento. No te detengas, no desear es la clave, permanecer libre y calmo y la mente como espejo, reflejando todo sin ser afectada. R.Malak

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