jueves, 20 de mayo de 2010

Más allá de tomar conciencia de las cosas

(Foto: Mabel Cornago)

Más allá de tomar conciencia de las cosas

De la conciencia ecológica - De la conciencia social - De la conciencia política y ciudadana - De la conciencia familiar - Y la conciencia ética o moral.

Más allá de todas estas cosas de las que somos conscientes, más conscientes o menos conscientes, y a la vista de innumerables invitaciones a causas socialmente muy loables, que mencionan como “toma de conciencia”, o hacernos conscientes, algo me retumba, pues guao, ya somos conscientes y no solo eso, somos conciencia. Así que ante esta inquietud, le escribí este texto a R.Malak.

Vengo del supermercado, y como vivo en el centro de la ciudad, hay muchas imágenes que pude ver a mi paso, una tras otra, armándose como si fuera una obra de arte… quizás una obra que podría llamarse “Conciencia Urbana”. Chicos jóvenes en los parques – este paseíto al super es extremadamente grato porque pasa por corredores peatonales y parques urbanos – que se comprende que salen recién de la universidad y hacen su tarea de dibujar el espacio urbano. Unos encuadran árboles y bancos, otros los quioscos de periódicos, otros dibujan a las personas y su entorno. Me recordó cuando estudiaba arquitectura, y a la vez evoca lo que significa una cámara fotográfica. Así, me dediqué a fotografiar: la niña vestida como Geisha (no sé de qué obra de teatro salía) tomada de la mano de su mamá. Luego el viejo de ropas raídas, sentado al borde de la jardinera dormitando, y más allá la parejita de pololos, como dicen en Chile, soñando uno en brazos del otro. Los típicos 4 viejos que se reúnen a socializar a las 4 de la tarde, las palomas comiendo las migajas de los que salen de la tienda de empanadas. Color, sonido, textura urbana. Gente, emociones, pasiones escondidas. Y así, estas percepciones hermosas fueron la experiencia caminante de mi propia obra de arte: la Vida en este instante, en sumatoria de imágenes y sensaciones.

Conciencia de las cosas es iluminar estas desde tu propia comprensión. Conocerlas.

Y noto…
La comprensión se nubla con nuestra educación, nuestras creencias y nuestras experiencias, es decir, nuestros residuos se interponen entre las cosas como son y como creemos que son, como un velo. “Veo un viejo sucio, debería estar limpio en buena cama. Esa niña lleva un disfraz parecido al que le hice a mi hija hace 15 años. Ojalá estuviera de nuevo en esa época. Qué cochinos los que tiran los papeles en el suelo, así no se puede vivir. Uf! Qué contaminación en esta ciudad, deberían hacer algo al respecto”. Y sin mencionar mis ansiedades posibles… ansias no cumplidas, temores de lo que será, tristezas de lo pasado, culpas de algunos actos, etc, etc etc… y pobre yo, ojala las cosas sean de otra forma. Los chateos, que como un velo, impiden ver lo que es. Incluso impiden darse cuenta de que ellos ocurren y en su ocurrir, nos secuestran.

Para seguir con esta reflexión, necesito revisar algunos conceptos tal como los comprendo. Creer es: lo que sostenemos como válido. Según cada quién esto puede ser considerado como ser consciente de eso que estamos validando. Creer es mentalizar, memorizar algo y darle valor. Valorar es comparar criterios y elegir entre ellos.

Así, entre muchas otras posibilidades, veo:
Algunas personas valoran tener posesiones, tener éxito, tener salud, otras valoran tener poder de cualquier tipo, ya sea sobre su pareja, sus hijos, su vecino o sobre toda la sociedad o una parte, poder sobre sus empleados, etc. Otras personas valoran que se las tenga en consideración, que se les preste atención, que se les quiera. Según sean los valores que sostenemos, podemos caer en la posición de víctimas o victimarios, con tal de lograr experimentar nuestros valores. Otras valoran el arte, la religión, la llamada conciencia ciudadana o colectiva, la unión familiar, la filosofía, las flores de su jardín o del parque comunitario. Las valoraciones son infinitas, y es lo que da color a nuestras vidas personales.

Y aquí me acerco al tema que me convoca desde el principio. Hay grupos que dan valor a algo que llaman “tomar conciencia” colectiva o unitaria. O sea, algo así como que todos valoren lo mismo. Estos grupos tienen sus propios valores, por ejemplo, mantener la ciudad limpia, recoger los perros callejeros, juntar los mendigos que deambulan y darles asilo, ropa, comida. O puede ser, limpiar el planeta tierra de la contaminación, o puede ser, eliminar el sistema imperante y cambiarlo por otro sistema mejor, según sus valores. Entonces promueven sus criterios por medio de muchos mecanismos. Invitan a que una mayoría se una a su causa por esos valores. Y a eso le llaman “tomar conciencia”. Y si no “tomas conciencia”, o sea, valoras lo que ellos valoran… eres desvalorizado por ellos.

Con todo y eso, cada cual toma la foto que más le atrae. Unos pintan árboles y bancos, otros dibujan flores y palomas y otros quedan atraídos por la parejita que se besa sobre la grama. Variopinto, y me pregunto ¿por qué no ha de ser así?

Cuando se refieren a “tomar conciencia”, según esto que describo, podría entender entonces que apuntan a considerar algo por encima de otras cosas o condiciones o cualidades. Prestar más atención a algo y cuidar de ello, pensar en ello, creer en ello y dedicarse a vivir por ello, así sea por un tiempo. Algunos lo toman como meta de vida, otros son más casuales y lo toman como hobby temporal.

Mis disertaciones buscan poner las cosas claras a mi vista, verme en esto que trato de describir, este dibujo de mi mirada. Primero veo, ilumino y luego lo traduzco a formas distinguibles. Así que sigo punteando y elaborando este escorzo, revisando lo que significa para mi (todo es para mi y según lo veo) comprensión.
Comprender algo es prestar atención a ese algo y captar su significado. Captar el significado no es entender un concepto y ser capaz de traducirlo a otros conceptos similares o sinónimos. No es saber usar las palabras, no es quedarse en el lenguaje.
Comprender es conocer, y en cuanto a comprender palabras es ir al lugar que estas palabras señalan, por así decirlo metafóricamente.

Las palabras son formas fonéticas y simbólicas que se acuerdan entre las personas que manejan el mismo lenguaje: castellano, inglés, chino, hindú. Las palabras son como carruajes que nos llevan a un sitio, este sitio es el significado profundo e intrínseco que señalan. Se usan para compartir comprensión, intención, deseo, y en definitiva comunicar nuestras significaciones. Si un ciego no ha visto el color rojo, no puede captar el significado intrínseco de lo que se ha acordado con esta palabra. Según todos los diccionarios, esta palabra está referida a una experiencia visual. El ciego puede asociar esta palabra a una temperatura, quizás, así entender a los videntes, pero no capta la significación que se ha querido acordar con este vocablo. Si no se experimenta la sensación que se señala, no es posible comprender la palabra de la misma manera que aquel que ya ha experimentado el lugar a donde apunta.

Inventaré un cuento para ilustrar. Dos personas que ven, no ciegas, van por primera vez, juntas, a un acantilado desde donde se ve el mar. Experimentan juntas el tamaño, el color, el olor y la forma del mar. Y lo llaman Mar. Vuelven a su casa en la ciudad, tierra adentro, y cuando dicen mar conocen por experiencia propia el significado intrínseco de esa palabra. Así, se pueden comunicar. En su casa vive un hermano que nunca ha ido al mar, y le dicen, es enorme, es azul, precioso. Esta persona no puede captar completamente el significado de “mar enorme”, puede intentarlo, pero no es posible que su mente evoque dicho concepto: mar.
Por tanto… el mar se comprende cuando se ve, se huele, se saborea, se escucha y se toca, no por escuchar el concepto y ni siquiera la descripción que lo señala. Comprensión entonces apunta a captar en forma vivencial algo, iluminar ese algo con nuestra conciencia, nuestra capacidad de conocer, sin filtrarlo con un prejuicio, una imaginación o idea previamente establecida, o algo recordado.

Comprender es tomar conciencia del objeto, sensación, experiencia o percepción que se ha conocido en forma directa, inmediata e íntima. Eso es, es algo vivo y no sacado del trastero de la memoria, porque memorizar algo no va necesariamente de la mano con comprender ese algo, sino más bien con aprender. Un loro puede aprender palabras. Un grabador puede guardar palabras, pero no pueden interpretarlas, menos aún saber a qué se refieren, qué señalan, a dónde lleva ese carruaje.

Vuelvo a esto: Comprender es idéntico a tomar conciencia. No importa de qué se tome conciencia, es solo eso… conocer, saber. Comprensión y Conciencia, en este sentido, son palabras que señalan algo así como la luz que nace de uno mismo y que permite saber de mí y del mundo donde estoy, de mis sensaciones y los movimientos de la vida. Tomar conciencia es una cualidad del ser. No importa de qué se tome conciencia en este sentido, porque estoy yendo más allá de “tomar conciencia de las cosas”, estoy yendo a la raíz de la existencia. Cuando tomo conciencia de algo, creo en su existencia, esto me ofrece un significado, lo veo, lo observo y lo vivo. Indudablemente existe para mí. La niña vestida de Geisha, el viejo, la paloma, el parque, lo grato, esas existencias que pueblan mi cuadro, mi obra de arte urbana.

Y profundizando en los modos como tomo conciencia de las cosas, o sea, de todos esos contenidos conscientes, me parece bien preciso y que puede ayudar, la comprensión del movimiento de los tres estados mentales de la conciencia que se ha centralizado en mi yo.

Cuando duermo, en mi cama, de pronto el mundo deja de existir para mí, me olvido de él, y aparecen las imaginaciones, los recuerdos y los sueños. Los contenidos de mi memoria, más o menos aliñados con una creatividad imaginativa, se convierten en las existencias de las que estoy tomando conciencia. El mundo de la vigilia desaparece para dar entrada al mundo de los sueños. Cambio una existencia de lo cotidiano por otra existencia onírica. Inesperadamente y en forma involuntaria, de pronto desconozco todo, todo desaparece, toda existencia simplemente no está, y es porque estoy presenciando el silencio, la oscuridad y la ausencia de contenidos, llamado sueño profundo. Un estado de absoluto descanso, recuperación de las energías gastadas en sostener tantas existencias de lo cotidiano y de mi subconsciente o mundo de sueños. Se recupera el gasto ocasionado por las emociones y actividad física. Son los tres estados de los que tomo conciencia, que rotan y se alternan formando la conciencia centralizada sostenida por mi yo, por mi sentido y sensación de existencia individual.

Tomar conciencia en el sentido de encontrar valores para sostenerlos, ocasiona gasto energético. La mente, cuando se usa para manipular nuestros intereses, es agotadora, porque impulsa una voluntad de movimiento y acción física que se estresa en el deseo de lograr su cometido, por lo que promueve también un movimiento emocional asociado que es desgastador para el cuerpo. Tomar conciencia en este sentido, se relaciona con una centralización en mi yo, en mis deseos, en mis preferencias, en lo mío. El gasto energético es inversamente proporcional a la vivencia de la felicidad.

¿Cuándo es que tomar conciencia no es un gasto energético, ni un movimiento de tensión y agotamiento? Cuando no juzgo la percepción. Cuando hay observación y conciencia desde el Si mismo, sin la idea separadora de yo y lo mío, mi persona y sus intereses, sus miedos, sus creencias, sus valores y sus causas. Cuando veo el cuadro de la vida como una creación que emana de mi propia inspiración y exhalación, como percepción viva y alerta, como una obra de arte andante. Mirar desde el Si mismo es ver la existencia en felicidad y ver la desaparición de la existencia en igual felicidad. Desde el Sí mismo todo es pleno, pase lo que pase o aunque no pase algo.

Al mostrarse todo como conciencia esencial y no centralizada en mi separatividad. Cuando observo sin juicio alguno sobre lo que veo o lo que sucede. Cuando no me encuentro en tensión con las ideas, el chateo interno se acalla y dejo de sostener valores pre-establecidos, prejuicios o creencias acerca de cómo deben de ser las cosas. Cuando no promuevo causas con las que busco un significado para mi vida, por más éticas o válidas que las considere. Cuando dejo de buscar el sentido o la felicidad. Cuando relajo y dejo ir todas las ideas que me han definido. Cuando me entrego y ya no me importa lo que pase. Cuando me encuentro desarmada y en manos de lo esencial, es decir, cuando se desvanece la separación que suponía entre yo y lo Divino. Y ahí, tomar conciencia es conocer la luz que todo lo ilumina, y ser uno con ella, o ser la luz misma que sale por mis ojos, mis sentidos, mi cuerpo, y a la vez por todos los cuerpos de todos los seres sencientes. La luz de la conciencia que nace del Si mismo. Y eso, es tomar conciencia de la realidad, del Si mismo y comprender la raíz de toda la existencia y de todas las cosas y los seres existentes. Esto es más allá de cualquier pretensión de tomar conciencia de las cosas, porque se ha comprendido que todas las cosas están en mi, iluminadas y conocidas por mi, y ningún esfuerzo es necesario y nunca lo ha sido, a pesar de la confusión que hubiera, que estaba basada tan solo en la equivocación de considerar mi idea y sensación de yo separado como real. Y cuando este yo ya no se interpone como una razón de ser y de Vida… todas las buenas causas que miran por el beneficio y felicidad de todos los seres, suceden naturalmente, sin egoismo y sin importancia de lo personal, como decía un conocido maestro: conócete a ti mismo y todos los milagros se darán por añadidura. Y es cuando el Amor es la expansión misma de ver a conciencia desde el corazón, desde el núcleo vivo de lo que soy.

Y R.Malak me contestó: “Y es cuando el Amor es la expansión misma de ver a conciencia desde el corazón, desde el núcleo vivo de lo que soy”, y no ver la conciencia como una función solamente que es la mente, sino saber de si mismo como la vida misma, ya que conciencia es omniabarcante  como la manifestación y expresión, continente y contenido.

lunes, 17 de mayo de 2010

¿Qué es la No Dualidad?


(Oleo sobre lienzo. Manuela Fernández)
Ante la dificultad que se nos ha presentado cada vez que introducimos el libro que escribimos con R.Malak, Resplandor No-dual, al ver que este título no es entendido por la mayoría de nuestros amigos y gente que nos pregunta, hemos estado conversando acerca de cómo se puede plantear al completo neófito qué señala esta frase. De manera que a ti, que nunca has escuchado acerca de los conceptos “no dualidad” o “no dual”, te explico a qué apuntan.

Primero, ¿qué es la dualidad?
Cuando vemos las cosas, cuando consideramos algo, le damos características, como por ejemplo, un vaso. Y decimos: este vaso es transparente. Un vaso es un vaso, sin embargo, al ponerle el adjetivo “transparente” implica que hay otros vasos opacos, de colores, de plástico. Eso es dualidad, un vaso y otro vaso. Un vaso y muchos otros vasos, uno contra los otros, por contraste se diferencian.
Otro ejemplo. Una persona es mujer, implica que no es un hombre. Alguien es alto, implica que no es bajo. Negro - blanco, oscuro - claro, bueno - malo. Son pares de opuestos. Extremos, características, o también llamados atributos, o sea, lo que le atribuyes a algo. Son dualidad, dos características diferentes, contrastadas y opuestas.

La dualidad permite diferenciar cosas, personas, emociones, ideas y formas. La dualidad es un efecto de la mente, ya que la mente es la función que atribuye adjetivos, características, debido a su capacidad de clasificar según las formas y cualidades que apreciamos por medio de los sentidos. Atribuye, otorga, da. Por eso se les dice "atributos", se refiere a lo atribuido, a lo dado. Lo que le agregamos a algo para referirnos a ello es un atributo.

La vida la vemos en forma dual, nuestra existencia contrastada con la existencia de los otros y del mundo donde estamos. Yo, tú, él, los demás y este mundo versus el mundo de más allá, y este universo versus los universos de más allá. También vemos en forma dual nuestras experiencias, porque las clasificamos básicamente en dos polaridades, dos extremos. O me gusta o no me gusta. O es placentero o es doloroso, o es alegre o es triste. Acepto o no acepto, creo o no creo. Así, te mueves por la vida aceptando y rechazando, buscando unas cosas y descartando otras.

Otra manera de la dualidad es el tiempo. Pasado y futuro son dos polaridades que estimamos mentalmente. Lo que recordamos es pasado y lo que imaginamos es futuro. De nuevo, dualidad es un efecto de la mente, es decir, de la memoria y la imaginación.
Esta característica de poder memorizar una vivencia que ha sido recogida como agradable o desagradable, es lo que convierte a la vivencia en experiencia. Y es en base a la comparación de experiencias que solemos movernos dual-mente, o lo que es lo mismo, mentalmente, en la vida, en este chorro constante de vivencias que llamamos vida. Queremos repetir las experiencias que catalogamos como agradables y rechazamos las que no nos gustaron. Eso es moverse en la dualidad a través del filtro de la mente. Esta situación nos hace estar pre-determinados, prejuiciados, acerca del acontecer, y es lo que suele impedir la apreciación - ojo: la captación o apreciación - de la vivencia, que siempre es inmediata. La vivencia es una pura sensibilidad, que puede ser filtrada muy rápidamente por nuestras previas conjeturas o puede ser simplemente como es, inmediata, íntima, propia, pero no propia del ego, sino propia del Ser.

Básicamente, universalmente, a lo que todos aspiramos realmente es a la felicidad. Esto sucede porque creemos que carecemos de ella, creencia que sucede al instante de la aparición del sujeto, del yo separado. La felicidad parece ausente y es porque la suponemos bajo la forma de placer o satisfacción que será experimentado por la entidad viva, por mi forma, por mi ego, de manera que la búsqueda para encontrarla, el recorrido de la vida por el laberinto de la identidad que busca completarse, comienza desde el momento que adoptamos una personalidad, y proyectamos el cómo queremos ser o el cómo debe de ser la vida que hay que vivir. Así, vamos tras, ya sea contento por el mérito y el éxito, placer por la satisfacción de los sentidos, tranquilidad por la ausencia de carencias materiales o sicológicas, contento por el logro de una amistad, o de una buena relación, o por ser estimada y apreciada. Son estas cosas las que busco al estar olvidada de lo real, que es felicidad ya, lo real que es ser felicidad como mi propio ser esencial. Y mi deseo entonces es: ¡Que no me falte nada! Salud, dinero y amor, y así brindamos. Todos queremos salud para el cuerpo, dinero para obtener lo que deseamos materialmente y amor bajo el aspecto de ser queridos. En base a todo esto establecemos nuestra autoestima y supeditamos el contento de la vida que vivimos, de las experiencias que tenemos. Nos movemos dando mucha importancia al cuerpo, la mente y las emociones, permitiendo que estos nos definan, nos clasifiquen, y por eso sucede el sufrimiento. ¿Por qué? Porque las cosas no suceden siempre como queremos. Entonces rechazamos las situaciones que no nos satisfacen o agradan. Y claro, si buscamos la felicidad en las cosas y en las situaciones, cuando estas no llenan nuestros requisitos previos, nos frustramos y sufrimos.

La vida se mueve como un río entre dos orillas, una es el placer y otra es el dolor. Todos los organismos vivos se inclinan hacia el placer y se alejan del dolor. Es un mecanismo de supervivencia básico. En su inicio es eso, solo supervivencia. Luego, con nuestros deseos, lo hacemos más complejo, no bastando sobrevivir, sino satisfacer todos los requisitos que nos plantean nuestros deseos. En lo que es natural se sobre-impone la mente, el deseo basado en los juicios o prejuicios. Las ideas que tenemos de cómo queremos nuestras vivencias establecen criterios de hacia dónde dirigirnos, hacia dónde dirigir el hacer, la acción. Y esto es la dualidad, yo determinando lo que quiero y rechazando lo que no quiero.

Antes de ser interpretada, la vida es no dual. La vida es plena en si misma. Con la aparición del ego, identidad o yo separado, vienen añadidas las ideas, los deseos de llegar a ser, los deseos de logro y de satisfacción de estos deseos. En una proyección hacia fuera de mi misma, establezco idealmente el movimiento del hacer. Asumiendo una carencia, me dirijo a buscar cómo satisfacerla. Esto es básicamente como funciona el mecanismo de la dualidad.

Ahora, ¿qué es la no dualidad?
Eres tú. Tú eres la no dualidad, lo único no dual. Tú y nadie más, tú sin atributos, tu ser íntimo, profundo, tu real esencia, que no es dos, ni hay dos, porque cuando te diferencias de los otros, ya te has identificado con la forma. La esencia es sin forma y sin nombre, tu fondo esencial. La esencia, el Si mismo, es no dual. Esto necesita más explicación, así que sigamos.

En el hecho de que una planta gire sus hojas hacia la luz del sol y se retire de la oscuridad, no hay dualidad, solo hay movimiento. Un movimiento natural, puesto que no hay idea previa que lo determine, sino que su determinación viene dada por leyes naturales, por los genes y el ADN de la planta.
En retirar la mano del calor del fuego no hay dualidad, sino el mismo movimiento de supervivencia, de protección del organismo. En un abrazo amoroso no hay dualidad. En una sonrisa desinteresada no hay dualidad. En la respiración no hay dualidad. En ver no hay dualidad. En darse cuenta sin juzgar no hay dualidad. La naturaleza es no dual, el universo es no dual, Ser es no dual. Ser, universo y naturaleza son básicamente lo mismo. Conciencia como contenido y continente, conciencia del Si mismo.

Cuando señalamos la "no dualidad"; estamos señalando la realidad sin juicios, sin mente, sin diferencias egoístas, es decir, sin yo y tú como distintos, sino como una misma esencia que se da cuenta de ser. Y también se da cuenta de las diferencias que establece la función mental, diferencias que sirven para definir y contrastar los objetos y las experiencias.

Cuando nos damos cuenta de ser sin juzgar lo que somos, es decir, cuando hay observación sin juicios, se muestra un darse cuenta de que las vivencias ocurren como ocurren, plenas de sensibilidad pero sin afectar nuestra esencia. Al saberme en esta no afectación, no carente de la plenitud de ser, ya no proyecto con los deseos la necesidad de moverme hacia el alcance de la felicidad, porque se reconoce que esa felicidad ya es… como el Si mismo. No dual sin atributos. Y a la repentina comprensión de esto, tal como siempre fue, es y será, lo llamamos Resplandor No dual.

Independientemente de esta comprensión, o incluso de residir en ella o como ella, la vida sucede dentro del tiempo y del espacio, gracias a la mágica ilusión que nos produce esta sensación de ser aquí y ahora, e incluso la idea de ser yo, con muchos atributos, muchas variaciones y muchísimas experiencias que forman mis variadas historias personales. Así, no es cosa de eliminar a la persona, sino de comprenderla y amarla como reflejo del Si mismo. Comprender a todos como emanaciones del Si mismo, y amar a todo como el Si mismo, el cual, por el hecho de ser testigo silencioso e inafectado, no significa que sea insensibilidad ni rechazo. Es… y es todo.

Maria Luisa

Y algunas palabras de R.Malak que vienen al caso, extraídas del capítulo 4  (Realización y lo dual)del libro Resplandor No-dual.



4.1 ML: ¿Habrá algo que buscar u obtener?
 R.Malak: Muchas personas, frente a los problemas, piensan que no han tenido éxito, desilusionados ante los callejones sin salida. La mayoría buscan paz y seguridad, solo que la seguridad, la tranquilidad, no están afuera, están dentro de uno mismo.
Los gobiernos la buscan e implementan mecanismos para entregar seguridad y sin embargo siembran inseguridad, buscan soluciones a problemas que los sobrepasan. Una gran cantidad de gente está sumida en la pobreza, la injusticia es evidente en todas partes, por eso veo una contradicción, es absurdo y todo por buscar fuera de sí mismos y no dentro. Se quiere paz y se siembra odio, sin ser conscientes de que el odio se recogerá multiplicado. Se quiere seguridad y siembran terror, sin ser conscientes de que el terror volverá hacia ellos aumentado. La conducta humana se ve impulsada por dos fuerzas, por  el poder y por la capacidad de ponerse en el lugar del otro, lo segundo es lo que carecemos. Cuando se usa el poder, es el ejercicio del egoísmo. Por naturaleza tendemos a obtener lo máximo del poder o de las ventajas que se busca poseer. En cambio, con la compasión, abrimos espacios a una fuerza que nos supera y expande nuestras potencialidades.
Los buscadores serios se agrupan en torno a los últimos realizados, a muchos de los cuales se les  escucha decir: "no hay nada que obtener". Y más aún, hay algunos que mencionan: "ya eres realizado", esa expresión es incompleta, confunde y fomenta el letargo. El buscador que con todo el ardor se esfuerza, se desalienta, pierde la fuerza del deseo que lo podría llevar a liberarse del error.
Cuando se muestra la realización, el deseo cesa en forma natural. Tratar de impedir esas ansias de buscar en forma forzada es equivocado y castrador. Uno existe solamente por lo Divino. Al reconocer esta situación, el egoísmo termina, se agota, uno toma conciencia de lo Divino. Y ese grado de darse cuenta de ello es el reino de la certificación de lo Indescriptible. En el tema de la realización se lee y hay mucha confusión, no explican bien cómo funciona. Es obvio que ante el sufrimiento queramos alcanzar tranquilidad, gozo, paz, bienaventuranzas, el problema es que pretendemos buscarlo afuera. Hacernos conscientes de la realización es la tarea de la vida misma, y reconocer el funcionamiento dual de la mente es salir de la ignorancia.




jueves, 13 de mayo de 2010

Las flores de mi cosecha


(Foto: Mabel Cornago)

Como el Si mismo, que todo lo veo en silencio y al igual que un sol emano la luz más clara, uso una herramienta llamada atención con la que me muevo entre dos... o desde uno al otro... la mujer y el testigo.

La mujer tiene historia y anhelos, es hija, mamá, es amante, compañera, es amiga. Tiene un pasado, como una mochila. En esta mochila había en principio semillas, que durante la historia de la vida han ido germinando. Ahora, la mochila se hace pequeña, y más bien la veo como una cesta llena de flores variadas, hermosas... aunque en el fondo del recipiente también hay flores y ramitas ya secas, marchitas y hechas ceniza. Es la cesta de la cosecha de la vida.

La mujer la carga entre sus brazos, y observa y se admira de las flores en la superficie, y se entristece al reconocer las ramas secas. Sin embargo, más allá de ello, el testigo no se afecta. El testigo no carga nada, ni cesta, ni nada... el testigo es silencioso, y no va ni al lado, ni sobre la mujer... ni está dentro de la mujer, pero la conoce perfectamente como uno más entre los miles y millones de reflejos que conoce de si mismo. Es la acción hecha carne como mujer, la que refleja los rayos de luz que evocan y hacen visibles - iluminan - el recuerdo y las historias, los manojos de emociones y experiencias que dan vida a los contenidos que llenan su conciencia.

Es posible que esto no se entienda. Algunas frases, a veces, aparecen con mucha precisión debido al ímpetu racional que abona los contenidos de mi cesta, como flores racionales con su propio aroma, y que satisfacen determinado gusto y apreciación. Pero esta vez, mis flores son las que nacen del abono pasional, de ese Amor que resulta de los rayos de Luz.

Como mujer, intensamente emotiva y a la vez profundamente racional, he cargado, como una semilla cualquiera, con el ímpetu de vida, transformación y realización. Cierro los ojos y me siento niña, me siento igual que el más antiguo de mis recuerdos. Mi yo es la semilla de las semillas, la principal, y está representado por el conjunto completo de flores abiertas y secas, nuevas y viejas, fragantes o cenicientas.

La mujer carga la cesta del ego mientras el testigo no carga nada. Pero sin El, no hay cesta, ni mujer, ni yo.

Todas las semillas querían germinar y ver la luz como flores. Ver la luz del Si mismo. Es con un esfuerzo de crecimiento aparente, de empuje de logro, como si estas flores pudiesen creer que es desde la raíz hasta la apertura de los pétalos que han tenido alguna gestión, como la historia de la mujer que también soy ha buscado una realización de vida, de amor... pero es un reflejo en el espejo del Si mismo, que ha jugado a realizarse a Si mismo, aunque así se ha dado. La realización ya está, ya estaba y siempre es, porque el Si mismo es ya completo, total, iluminador.

Soy... y me muevo entre el testigo silencioso y el reflejo de mujer, hasta que el cuerpo lo permita, y seguiré recorriendo el camino, ofreciendo las flores a quien encuentre al paso... a esos otros reflejos de Mi misma. Las flores de mi cosecha, unas de racionalidad, otras de frases hechas, y otras… algún botón que solo emana el aroma, textura y colorido del amor.

jueves, 6 de mayo de 2010

Volcando los conceptos… Ser y Existir


(Foto: Firman Hananda Boedijardjo)
“Existo desde siempre y para siempre… y si no existiera, nada más podría existir.”
Una frase que se presentó con absoluta claridad al momento de asombrarme ante lo real.

Una frase de total significación (en mi mente), y que, como un ancla, ha quedado fija como la verdad pura, para mí, para cuando me reflejo como existencia relativa, internada en el bosque del error de la identidad. Una frase armada con las palabras que estaban a la mano, y que brotaron sin reflexión de ningún tipo, como objetos o conceptos significativos que estaban en el depósito de mi memoria en el departamento de lenguaje. Y como he usado esta frase tantas veces, y ahora enfocamos junto con R.Malak una ontología (estudio del Ser) que utilizamos como herramienta para comunicar y señalar, me encuentro con el asunto de aclarar los términos, después de haber entendido el uso más común de estas palabras.

Ser es eterno, existir es temporal. Existir es como venir a ser en este plano de tiempo y espacio, entendiendo que tiempo y espacio es una concepción mental, por tanto venir a existir es también una concepción mental… concebidos en tiempo y espacio, parecemos ser los reflejos del Si mismo, entendiendo al Si mismo como lo Divino, Dios mismo, y a sus reflejos, como sus hijos a su “imagen” y semejanza. La comprensión intuitiva o claramente auto-revelada de lo esencial no nacido, de lo esencial eterno e inmanente, es el reconocimiento de nuestra real naturaleza: lo que soy.

En algún momento mi mente discursiva, el lenguaje captado referente a los asuntos de la no dualidad, y en base a lo que venía estudiando e investigando, estaba entremezclado con el inglés y el español, y por tanto, existencia era una palabra que había leído y entendido como “lo permanente” en algunos textos (de base doctrinaria Vedanta) traducidos de los idiomas hindúes al inglés. Cuando la realidad se me hizo patente, clara, supe del Si mismo (mi propio ser) y conceptualmente lo descifré como la existencia eterna, así que se me figuraron estas palabras en forma de lenguaje: “Existo desde siempre y para siempre y si no existo, nada más puede existir”……………. Pero luego, conversando intensamente con R.Malak, él me hizo ver que la palabra existencia puede más bien referirse a la existencia objetiva de un elemento en el espacio y el tiempo y que por tanto mi forma de expresión verbal tiende a mostrar de una manera un poco inconveniente esto que es tan sutil e inatrapable.

En la conversación constante con Malak, buscamos modos adecuados para expresar en conceptos las mejores formas de indicar esto que es íntimo, inmanente, esencial, que no puede ser visto ni objetivado en su real significado, sino tan solo como reflejo. La indicación es - para el que anhela reconocer lo Absoluto - dejar de sostenerse en el reflejo y mirar directamente al origen del reflejo. (Valga el símil de la luna reflejada en el estanque de aguas quietas). Esto no es más que ver desde el Si mismo y no desde la entidad manifestada… ver siendo la luna - tomando de nuevo el símil - y no siendo un ente que mira hacia la luna… ver sin el pensamiento racionalizador que mediante el juicio plantea la dualidad y la identidad, ver en el presente activo, sin identificarse con la forma… “ser” lo que soy a pesar de “parecer estar” como existencia manifiesta. Ser la plenitud sin rastro de dudas existenciales. Ser Conciencia Felicidad. Sat Chit Ananda.

Sin embargo, me reservo una especie de derecho o mejor dicho, me someto a lo inevitable de expresarme como salga, aunque para nada deseo confundir a nadie, y en este sentido agregaré que existencia podría referirlo a la conciencia esencial, que potencialmente contiene toda posible expresión que se muestre como existente ante la presenciación del Si mismo. Por lo tanto, existencia, siendo conciencia esencial inmanente al mismo Ser, es también la eternidad misma. Porque nada hay aparte del Si mismo.

Esta mañana veía un video de un señor muy respetable que no nombraré, donde habla de la pregunta: “¿Qué es Dios?”. “Qué” es una palabra de descripción, una presentación que hace la mente para que por medio de una reflexión o discernimiento, aparezca una respuesta objetiva. Pero Dios, entendido como lo Divino esencial, sin forma ni nombre (como recalca el Vedanta una y otra vez) no es objetivable, ni visible… Dios Es. Dios no es visible porque es Lo que ve. Sólo Dios es el Presenciador, el gran y único percibidor. Dios, conciencia de la felicidad. Dios percibe a su “hijo” o proyección: el yo, el individuo, la eseidad (sensación e idea de ser). Dios percibe el ego y es Dios quien percibe la paz cuando el ego se desvanece. Dios conoce omniscientemente todo el despliegue funcional de la mente, incluyendo su manifestación como centralización en cuerpo, mente y emociones. Los hindúes lo llaman Brahman, los musulmanes Allah, el Advaita lo llama Ser, otros lo llaman Conciencia Crística, o Conciencia Suprema, o Cósmica.

Se dice que Dios está en ti, y es realmente porque tú (sin ego ni forma) eres Dios. Tú, quien conoce, eres consciente de la variedad de estados mentales, y nada existe si tú no lo conoces. Dios es existencia eterna, pues todo lo contiene desde siempre y para siempre, Dios Es, y eso eres, eso soy. Namasté: saludo amorosamente al Ser que eres desde el Ser que soy.

Dios, palabra que ha tendido a usarse para determinar una entidad suprema, superior, lejana o cercana, pero distinta de mí y de su creación… ¿dónde podría encontrarse afuera de la creación? Considerando la creación, (eso hacen los creacionistas) como toda la existencia, todo el Universo y los universos de universos, en qué parte, ¿en qué “lugar” afuera de tal Creación podría “estar” esa entidad Divina? Dios Es Conciencia Felicidad. Sat Chit Ananda. Omnisciencia, Presencia omni-penetrante, omnipoderosa, sin el poder de conciencia nada puede ser considerado existente. “Existo (soy) desde siempre y para siempre, y si no existo, nada más podría existir”. Y en el presente activo, esta presencia es omni-presenciadora de toda actividad fenoménica.
La Conciencia Esencial contiene el río de contenidos cambiantes así como la luz blanca contiene en sí todos los posibles colores y sus gamas. Conciencia como contenedor y como contenido……….. Luz eterna que resplandece a pesar de cualquier duda mental, a pesar de cualquier confusión que la mente discursiva y los condicionamientos o semillas, o vasanas, puedan mostrar. Luna que mira su propio reflejo en el estanque de las aguas quietas de la mente, en forma pura (sátvica) o las aguas inquietas y agitadas de la mente, en forma distorsionada (rajásica) o las aguas oscurecidas por la inercia de los condicionamientos, el temor o la duda (tamásica). Presenciación, observación sin juicios. Conciencia de los tres estados mentales de vigilia, sueño con sueños y sueño profundo. Sí mismo eterno que Es, a pesar de cualquier concepto sobre el ser o el no ser.

Y como algunas veces me comenta Malak, mientras no hay la realización de esta realidad, sintiendo que soy el reflejo y aún considerando las cosas en forma dual, tengo dos opciones. O voy en los brazos del Padre o voy caminando a Su lado. Con gestión o sin gestión, voluntad o sin voluntad, entregado o luchando, sufriendo el karma (acción propia) o aceptándolo… y parezco caminar por el sendero de la vida, tiempo y espacio que aparece como un bosque, ya sea florido y alumbrado o tenebroso y oscurecido por las sombras. En la auto realización de mi propia verdad se encuentra la llave que abre la puerta… que nunca estuvo cerrada… para pasar al lugar que nunca dejó de estar, aquí y ahora. En este cielo en la tierra, la felicidad de Ser Conciencia, o la Conciencia de Ser Felicidad, Soy y Existo, no siendo dos.
Maria Luisa
....................... y viniendo al caso, tomado del libro Resplandor No dual.... agrego:

4.13 ML: ¿Qué papel juega el yo con respecto a la realización?
R.Malak: Lo Divino es creador y criatura de sí mismo, así como veo a lo Divino, lo Divino me ve a mi, lo visto es lo mismo que el veedor. La Conciencia Esencial es el sustrato de todo, y es lo que uno es en verdad. El error está cuando nos referimos a nosotros mismos diciendo: "Yo hago esto o lo otro". Salgamos de esa forma de mirar, ya que nos estamos limitando como una entidad. Es cierto que tenemos cuerpo físico y también es cierto que las actitudes seguirán fluyendo en forma natural, pero cuando nos asomamos a la realización deja de existir el centro conocido como yo, la pared que nos mantiene separados llamada egoísmo cae estrepitosamente. Hasta no abandonar el mundo construido por el ego, no podremos darnos cuenta de lo indescriptible. Una vez que eso ocurre las aflicciones disminuyen  y desaparecen, al disolverse el yo virtual que las sufría.
Otro error es la forma como nos identificamos como ejecutores de la acción, convertimos nuestro funcionar en una cárcel que nos impide vivenciar lo actual, proyectamos el yo a través del tiempo al desear, y con ello caemos en las ansias por el fruto de la acción. Cuando nos consideramos los ejecutores de la acción, siempre estamos generando semillas que llevarán a un karma, es decir, a sufrir las consecuencias. Lo mental producido en la conciencia del sí mismo obscurece la naturaleza esencial e impide darnos cuenta de nuestra realidad como Ser Conciencia. Los contenidos mentales de distintos tipos, en los diferentes umbrales, constituyen los velos que ensombrecen la luz de la comprensión, más aún si nos apegamos a los planos más burdos que nos mantienen envueltos en las ilusiones y limitaciones.
En la observación sin juicio se provoca un estado alerta, no obstante pasivo, el cual permite escuchar lo que está más allá de las conclusiones verbales, y las palabras dejan de confundir ya que sólo son medios para la comunicación. Es un escuchar de pasividad alerta. Allí comienza el abandonar la identificación, sobre todo con el cuerpo, con la mente y la emoción. Aparentemente ni siquiera se torna consciente de la existencia, se está en presencia de la misma fuerza vital como principio, y si hay accionar esto sucede espontáneamente.
 

sábado, 1 de mayo de 2010

Reflexiones


A los 19 años tenía una vida muy surtida y sin carencias materiales ni afectivas. Mi ego estaba bien parado, en mi familia era considerada buena hija, en los estudios buena estudiante, entre mis amigos buena amiga. Pero me sentía insatisfecha. Viendo en retroceso, comprendo que no es que quisiera tener más éxitos ni más cosas. No quería un novio (lo tenía). No quería la realización porque ni sabía lo que esta palabra significaba. Sentía una carencia, necesitaba conocerme, saber cómo funcionaba mi mente, y por qué me sentía así. Lo único que se me ocurrió entonces fue buscar ayuda terapéutica con sicólogos y siquiatras. Yo buscaba alguien que me ayudara, no a resolver alguna clase de conflicto de la vida cotidiana ni de mi personalidad, sino a encontrar la plenitud. Yo buscaba un maestro y no lo sabía. Era 1979 y en las librerías no había sino algunos libros de autoayuda que comenzaban a aparecer en los anaqueles como éxitos bien vendidos. Louise Hay, Norman Vincent Peale, llegaron a mis manos. Y otros que no recuerdo.

Vengo de una familia de gente normal, con inclinaciones artísticas. No hay filósofos, ni estudiosos de las letras, ni humanistas. Tampoco religiosos. La erudición brillaba por su ausencia. Por mi casa había muchos libros pero no estaban los grandes pensadores a la mano. Estudié ciencias en la secundaria, de manera que nunca había leído nada de filosofía. En fin, el mundo intelectual para mi estaba muy árido. Lo único que me había llegado eran las experiencias de mi mamá con el sicoanálisis, y cómo ella manifestaba sentirse más comprensiva con sus situaciones. Así que ese fue el camino que se me abrió. Pero mis sicoanalistas (fueron varios con los años) apuntaban a mejorar la identidad, mirando siempre a través de la mente racionalizadora.

Sentía que en mi había un problema, pero no era del ego, no era de los conceptos, no era estar enrollada en un logro a alcanzar, no era afectivo, no era funcional ni en lo más mínimo. De esto hace 30 años, la cosa quizás fue hace 35. Quizás de muchas vidas pasadas, quizás nací con ello. No estaba merodeando en la mente buscando explicaciones, yo tenía todo bastante explicado a esa edad... buscaba lo no nacido.

Con la fuerza de mi intelecto, luego de años de búsqueda, quedé absorta y maravillada con las enseñanzas no duales. Tanto así quedé atraída, que más tarde, o más recientemente, a pesar de haber reconocido lo real que se señala, me apegué a estas enseñanzas de tal forma, que cuando la inteligencia discursiva me sucede, tiendo a perderme en el bosque de la mente nuevamente, a veces a costa de lo fundamental, que es la amplia mirada desde el Si mismo. El ego es una herramienta de funcionamiento, el yo, que se muestra en esta vida, y cuando menos lo esperamos, ya está armando de nuevo castillos del hacer.

Los contenidos de la conciencia (sean o no sean considerados como pensamientos, tal como lo presentan algunos maestros).......... se mueven a pesar del filtro que hace la racionalidad personal y que es lo que otros llaman mente.

Un modo de explicar que me resulta es que todo... es pensamiento................... toda la energía que conforma el universo es pensamiento, pero hay como dos niveles de pensamiento. Uno es el más externo o amplio, o total, que es "todos" los contenidos, es lo que podemos llamar conciencia esencial y otro es el más pequeño o individual, que es la mente pensante relacionada con el yo y que podemos llamar conciencia centralizada. Digamos que uno es objetivo... el amplio, y el otro es subjetivo... el personal. Este nivel subjetivo o personal... es el que ocurre como filtro que acepta o rechaza uno u otro de los contenidos, que son lo que conforman el mundo o universo... y sus movimientos, es decir, el acontecer. Por eso, el problema de la fragmentación no es precisamente la dualidad... sino el estrecho mundo de ideas personal y el error en que el ego se encausa para pretender perpetuarse.

Al meditar, tal como lo veo, el sujeto que mira, es el presenciador y los objetos mirados son los contenidos de conciencia, también llamados pensamientos, aunque estos sean imágenes, proyecciones e incluso partes de la historia de la vida personal. Solo que al meditar quien se ha quitado del medio es el sujeto personal, o sea, los juicios que nos auto definen.

Esta es la razón por la que hablar de la mente como lo que produce el problema no me resulta suficiente. La dualidad no es un problema, la dualidad es inevitable mientras hay un instrumento (cuerpo, mente y emociones) que traduce lo que registra la conciencia. El problema es tomarme por lo que no soy, identificarme y creérmelo, y entonces mirar todo por medio del filtro estrecho de mi racionalidad personalizada. Porque eso es lo que me lleva a apegarme o a rechazar y estar en conflicto constante con la manifestación.

Eso que llamamos realidad pero que no es lo real... sigue siendo ilusión, porque es relativa al tiempo y el espacio, que son creaciones mentales. La conciencia está plena de su propia energía... infinitas potencialidades para manifestarse. Esa conciencia solo es conocida por el Si mismo, está sostenida en el Si mismo y no existe aparte del Si mismo.

El poder del conocimiento que reside en el Si mismo es tan grande, que sucede la ilusión, siendo lo que conoce y manteniéndose desconocido, eternamente no conocido, como el ojo que no puede verse a si mismo. Cuando conoce sus contenidos, se refleja como un sujeto, un yo que diferencia los objetos de su conocimiento, y estos son los contenidos conscientes. Comienza la experiencia, el sujeto comienza a nadar en el mar de la manifestación fenomenológica, distinguiendo aspectos, diferenciando, destacando y privilegiando, todo en base a las vasanas o semillas que ha tomado como mochila para este viaje.

En meditación, que no es otra cosa que realización, se observa en presente activo el transcurrir de la mente, de los pensamientos, ya sean personales o impersonales. Estos fluctúan entre recuerdos y proyecciones, como un tren de datos, amarrados por la continuidad del yo. Al desamarrarse de este yo, dichos pensamientos dejan de tener sustento, y poco a poco van diluyéndose, hasta que repentinamente el silencio de la verdad se muestra, un silencio o ausencia de yo, ausencia de diferenciación, de compromiso y de esfuerzo. Un silencio que se evidencia como la eternidad siempre presente, que ante la aparición del ego simplemente era pasado por alto. Un silencio pleno de Si mismo, en presente activo, donde no hay afectación por lo manifestado, sea del tipo que sea, porque no hay quién se preocupe por ello. Un silencio pleno de amor, saturado de completud, que vive lo manifiesto como pura felicidad, como movimiento de la conciencia constantemente dinámica, cambiante, como un río que nace de la fuente y regresa a la fuente.

Este discurso era… quizás… lo que necesitaba a los 19 años. Sólo que no se sabe qué hubiera sido de toda la historia personal que luego se dio, si al escucharlo hubiera estado lista para aprehender lo que se señala. Todo sucede en su justa medida, y como dicen por ahí: “Dios aprieta pero no estrangula”.
Maria Luisa


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