viernes, 19 de marzo de 2010

La felicidad, Ananda, plenitud. Por R.Malak


Ananda, palabra sánscrita que podemos entender como entusiasmo, risa, beatitud, felicidad, pertenece a la tríada Sat-Chit-Ananda como los atributos del Ser, y significa además bienaventuranza y plenitud.
Ideológicamente se asume que la plenitud está referida a una situación de paz alcanzada en una supuesta interioridad. En este sentido se cree que logrando ciertas experiencias meditativas o estados mentales, también llamados erróneamente estados de conciencia, se obtiene dicha plenitud, partiendo del individuo (o sea, desde la mente) hacia lo Divino. Por otro lado, no se relaciona normalmente este concepto con el de felicidad ya que a esta la supeditamos a situaciones en que nuestras expectativas de vida estén completadas.

¿Qué es la felicidad? Agregaré lo que dice el diccionario filosófico. “Felicidad: del latín felicitas; en general un estado de satisfacción debido a la propia situación del mundo”.

En alguna ocasión nos cuestionamos, ya sea superficialmente o con cierto grado de profundidad, acerca de la felicidad, qué es o cómo mantenerla, y por ende los cercanos a la espiritualidad lo hacen con mayor razón. Por felicidad, desde un punto de vista espiritual, me refiero a un contento con uno mismo, a pesar de cualquier suceso. En ese sentido es sinónimo de plenitud y armonía, no referido a un estado anímico ni al alcance de situaciones con que la individualidad pueda completar sus expectativas, sino una certeza de Ser que no es tocada ni por los embates de los elementos de la naturaleza, ni por las contingencias de la vida de relación personal. Tampoco es un logro experiencial, sino la condición natural del Si mismo.

Ahora, ¿cuántos pueden o podemos tener esta certeza de la felicidad? Para una gran mayoría solo consiste en tener más cosas, aumentar las posesiones, cumplir los planes más sensibles, tener una compañía ideal, poder, conocimiento, dinero, etc. Las aspiraciones que nos movilizan son preferentemente el poder, la ambición por el dinero y el placer. Cuando estos se alcanzan, se presentan nuevas y más intensas ambiciones, lo que indica que esa felicidad vuelta hacia lo exterior solo es impermanente.

La felicidad no es un producto, es activa, dinámica, se muestra más como una función de la vida o mejor dicho de la Conciencia Esencial, como lo indica la trilogía arriba señalada. No es un objeto pasivo, que esté en alguna parte o en el futuro, y que podamos alcanzar con esfuerzo o sacrificio. La felicidad está a nuestro alrededor todo el tiempo, forma parte de nuestro ambiente, nos satura, nos envuelve, es parte de nuestra vida. La felicidad no es una cuestión de existencia, porque si así lo fuera estaría controlada por el tiempo y el espacio. No es algo por lo cual tenemos que comenzar a luchar para conseguirlo.

No ha estado nunca dentro de las expresiones de lo Indescriptible el que las personas deban sufrir, sino que la felicidad se presenta como un derecho de la vida, y lo que impide reconocerla es nuestro propio modo de ver, es el egoísmo con que nos envolvemos en la imagen de la individualidad. Mientras supongamos que solo nosotros importamos, nos estamos perdiendo de gozar la felicidad. Es esa actitud de orgullosa independencia con la que supuestamente levantamos la muralla divisoria y egoica en que la felicidad no puede ser conocida, porque ella es puro amor. Solo cuando quitemos la muralla ilusoria de egoísmo la felicidad podrá seguir emanado como siempre lo ha hecho. La felicidad no es una calle de una sola via, más bien es una avenida de doble sentido; es mutua y recíproca; entrega dones tanto a quien los da como a quien los recibe.

Cualquiera que observe la naturaleza podrá ver que ella es generosa en todas sus manifestaciones y entrega sus frutos a todos sin restricciones. Compartir la felicidad es el canto de lo divino. Encerrarse en la cárcel de la mente de los hábitos y de la estructura condicionada provoca sensaciones de angustia y depresión. La búsqueda de comodidades y buena salud es natural en todos los seres vivientes, es un condicionado conveniente que está dirigido por la mente, y lo hace excelentemente, ya que esta ha sido diseñada para ello, para obtener cosas. Desde la época de las cavernas las personas saben que la dualidad es indispensable para elaborar juicios y para la funcionalidad que permite y coopera con la manifestación de la vida, así como saben que la noche sigue al día, que lo feo es contrario a lo bello y lo malo es menos conveniente que lo bueno, pero el éxito funcional dentro de la dualidad está equilibrado con la capacidad de vivir en armonía con la potencia de la Conciencia Esencial, más que con el egoísmo árido y disfuncional. La felicidad es la Conciencia moviéndose en la dualidad. R.Malak



(La foto es de Firman Hananda Boedihardjo)

1 comentario:

José Manuel Martínez Sánchez dijo...

Ananda, una bella palabra que señala a la belleza misma, siempre plena en su ser.

Gracias!
Namaste.

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