lunes, 4 de enero de 2010

El que vé las señales


 

Compartir comprensión me mueve, es el estímulo que motiva mi expresión. ¿Qué es lo que comprendo? Comprendo, entre otras cosas, que el juego de Conciencia, la magia inspiradora, emana de si misma toda la expresión que se muestra como un universo a la vez insondable y majestuoso, y por otro lado, entramado muy complejamente a partir de la materia y la energía que lo compone. Lo inefable, eso que no se capta, parece misterioso, y es que la racionalidad lineal así es. Busca trazar deducciones aplicables a todo, conocer siempre “algo”, definirlo y explicarlo. Y cuando no lo puede explicar, lo tilda de misterio. Comprendo que el asunto de lo espiritual es que ya somos el espíritu, la esencia, lo que Mira y Conoce. Y que siendo así, es lo que sostiene ese inmensurable universo, siendo a la vez el universo mismo. Única versatilidad, donde del Ser emana la infinita diversidad, siendo No Dos.

He estado observando tanto apuntadores que despliegan en toda la posible medida su maestría, como buscadores, los que suponen transitar una vía o senda espiritual para alcanzar su meta añorada. Los buscadores escuchan a los apuntadores y se quedan mirando las señales sin seguir con la mirada a dónde apuntan. Comprendo y sé que no es cuestión de un recorrido en el tiempo, sino de voltear la mirada al lugar donde se apunta, al centro, corazón, origen, raíz, sustrato, la esencia que parecemos contener, y que nos contiene. Y nos parece que esto es así, porque nos creemos individuos contenidos en el cuerpo, y atrapados por él y por los hechos, el tiempo, la edad y las circunstancias, pero nos apuntan que somos el contenedor o continente. Continente y contenido, ¿cuál de los dos soy? Y no se logra comprender el punto esencial de todo esto. En nuestra linealidad de pensamiento no cabe algo tan misterioso como la realidad de ser ambos, Conciencia como continente y como contenido.

Nuestra incapacidad de aprehender esto que parece tan difícil se muestra con lo siguiente.
Deseamos ser amados, comprendidos, apreciados. Queremos llegar a ser esa persona ideal que todos busquen o al menos, uno, un solo ser que nos valore. Necesitamos mirarnos en ese espejo, que refleje nuestro brillo, y tomar certeza de lo genuino de mi mismo. Y esto a veces parece que no se logra, o si se obtuvo, luego se pierde.
También deseamos la felicidad, y por lo general la buscamos afuera, en lo que sucede, en las cosas, lo que obtenemos, ya sea éxito laboral, sentimental, de salud. Logros. Esto es natural para la instrumentación organizada en nuestro mundo virtual, el que cada uno crea desde sus latentes tendencias. Buscamos maravillarnos con la existencia y sus experiencias. Y ciertamente que la expresión de la naturaleza es preciosa. Ayer miraba unas fotos y me sentía ahí, en los cañones, las cataratas, los campos floridos con tulipanes, los cielos rosados de los atardeceres, montañas que se elevan con un sentido que evoca lo sagrado. Extremadamente hermoso.
En el río de la vida que parecemos transitar, entre las dos orillas de lo bueno y lo malo, lo sagrado y lo profano, lo puro y lo sórdido, el placer y el dolor, estamos constantemente filtrando la vivencia en base a la memoria de datos, comparando y convirtiéndolo todo en experiencia vivida. Nos dedicamos a acumular experiencias, para luego recrear nuestro sentido de existencia en los recuerdos de ellas. Y así, olvidamos prestar atención al presente y más aún, a nuestra propia presencia, que todo lo observa. Hay muchas instancias en que esta Vida, que algunos consideran Maestro, se ocupa de recordarnos la realidad. Por ejemplo, caso bastante común, si hemos perdido la salud, o un ser querido se encuentra enfermo, rezamos y rogamos, y hacemos todo lo posible por recuperar lo perdido, la posibilidad de una experiencia de vida plácida, completa. En estas circunstancias, puede que nos cuestionemos la forma en que hemos venido mirando nuestra vida y significación. Y ahí, quizás, aparece la búsqueda de la realidad, de cuál es la Verdad de todo esto.

Darse cuenta de cómo ya es la “cosa”, eliminar el error, en eso consiste la investigación de la Verdad. La “cosa” es la realidad, la cual ya es. No podría dejar de ser lo que es real. Lo real no puede aparecer luego de la nada. Lo real es permanente. Cuando se busca la realidad, ese algo más allá de lo que vemos, se supone que no está al alcance inmediato. Esto sucede debido a la mirada dualista, que separa y fragmenta, divide y pone medidas. Sucede debido a la función mental que está diseñada para generar la realidad virtual del individuo viviendo en el mundo que habita. Es el error, es lo que la Conciencia de Si mismo genera cuando se aplica el ser si mismo a la entidad temporal que se forma con el cuerpo y la mente, además de lo emocional.
Si vamos por una calle a medio día, mucha luz sin nubes, buscamos nuestros lentes de sol y ahí la intensidad se atenúa permitiéndonos transitar por el espacio de manera más apacible. El lente no es el que ve la virtual realidad sombreada, la vemos nosotros. Del mismo modo, el Si mismo se manifiesta en el espacio y el tiempo, genera una identidad con el cuerpo que es semejante a un lente de sol. El cuerpo parece ser lo que percibe el mundo, mas no es así, es la conciencia del Si mismo que lo hace, mientras el cuerpo funciona como un instrumento que filtra y define lo percibido. El cuerpo es para un uso temporal, siendo el Si mismo la conciencia divina y eterna. 

En el hecho de la identificación, ocurre la confusión de ser el individuo separado y distinto de los objetos en el espacio llamado mundo. Debido a esta confusión, básicamente mental, el Si mismo, que es eterno y no nacido, sostiene la formación del ego. Este ego, cuya función sirve excelentemente para preservar el cuerpo, es usado por el Si mismo en forma confusa, pues se sabe intuitivamente, es decir, más allá de la contingencia, que está latente esa eternidad, pero el error hace que el ego busque perpetuarse, buscando cumplir una correspondencia ya latente, ya existente como esencia. El ego, siendo una función, se convierte en un objeto de la conciencia, como una identidad propia que pretende hacerse más completa, más plena. Todo el problema es el error que produce la identificación con el instrumento. Esto es lo que genera el miedo y las dudas. Por eso se señala constantemente asumir que no soy el cuerpo, pues con ello, en el adecuado momento, entre las ideas o pensamientos, se filtrará el resplandor de comprensión de lo real. Saber que lo real ya es, y esa realidad no es lo externo que veo, ni lo interno que siento, sino el Si mismo que Ve y Siente, que nunca ha nacido, aunque puede parecer que si. Es inútil la búsqueda de lo real que va tras algo, porque jamás lo podrá alcanzar, ya que ese algo Divino más allá de uno mismo, simplemente no existe sino como una idea, mente, proyección.
Lo que es, ya es, y no puede estar en otro lado más que aquí y ahora, y a la vez más allá del espacio y el tiempo, pues estos son solo virtualidades, mediciones producidas por la función ordenadora de la mente.

En el silencio de la mente que ha regresado a su fuente, lo Real brilla por si mismo, en plena conciencia, paz y felicidad. Sat Chit Ananda.

Maria Luisa (04-01-10)
  

3 comentarios:

sankaradas dijo...

Querida maría Luisa.

Gran post, gracias.

En el silencio de la mente que ha regresado a su fuente, lo Real brilla por si mismo, en plena conciencia, paz y felicidad. Sat Chit Ananda".

Perfecto!!

Namasté.

pedro cardenas arauna .com dijo...

Un nativo de mis tierras me dijo una vez, Respeta el silencio, pues es ahi donde se producen las mas importantes y grandes cosas.

MARIA LUISA dijo...

Gracias Sankaradas, por tus comentarios, que dejan ver lo bello, que escucha recibiendo y habla dando. Y de fondo, el silencio... y cuando sólo se escucha, se ve que todo, tanto las cosas importantes como las cosas simples, están ahí, naciendo y sosteniéndose en El. Y cuando la mente está sostenida en este silencio, y no colgada de los juicios, también habla, se expresa, en toda su maravillosa inteligencia esencial. Y con esto, me refiero un poco al comentario de Pedro, que me alegra mucho, además, que hayas estado apreciando los textos. Saludos cotidianos y.. Namasté.

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