domingo, 6 de diciembre de 2009

Cambiar el mundo?



Mucho se habla de la hermosa idea de cambiar el mundo para convertirlo en un lugar de armonía y fraternidad, el lugar que nos correspondería como expresiones de la vida esencial que somos. Encuentro, partiendo del sentido común, que quien no conozca la paz en sí mismo, muy poco puede hacer o proponer respecto a la paz compartida. Y para afirmar esto, me baso en la siguiente reflexión. Mientras no sea capaz de comprenderme, ¿cómo puedo comprender a otro? ¿Cómo proponer los cambios? Si algún ideal es lo que sostuviera para esto, tendría que haber comprobado antes su perfecta efectividad en mi misma.

Así que lo primero es partir de lo más profundo de mi misma. Ahora, ¿partir hacia dónde? Tendría antes que saber dónde estoy. ¿Dónde se encuentra mi comprensión? ¿Desde dónde miro todo? Y luego, ¿bajo qué lupa, lentes o telescopio observo?
Es fácil comprobar que siempre, siempre estoy en el momento. En el momento es que sé de todo. Este momento tiene la cualidad de ser siempre presente y ocupado por mi presencia. También podría decir que mi presenciación es la que sostiene siempre todo momento, que no es otro sino este. Y es en este momento donde recojo ideas, sensaciones, sentimientos. ¿A dónde puedo ir, más allá de este mismísimo instante de pura mirada?  Es claro y evidente que las cosas cambian, las situaciones, los estados mentales, las sensaciones, las emociones, las experiencias. La pregunta ahora sería, ¿detrás de qué experiencia voy que creo que obteniéndola lograré saber algo más contundente, real o absoluto que lo que sé ahora?, ¿algo que me diga más de lo que soy realmente que lo que puedo saber ahora mismo? ¿Qué sé ahora mismo? Sé que yo soy, sin duda. Sé que soy la presenciación que mira todo lo que aparece ante mí. Pero, ¿qué lente estoy usando para mirar? ¿Uso las ideas? ¿Uso las sensaciones o emociones? Sea lo que sea que use para observar, será siempre un filtro que me define eso que observo. Una idea, una sensación o una emoción. El filtro y lo que observo es siempre cambiante, y así es cualquier experiencia que pueda obtener. Lo que sea cambiante, ¿cómo podrá darme una respuesta definitiva acerca de lo absoluto? 

Ante mi mirada y comprensión veo claramente que este camino que emprendí cuando este mundo apareció para mí, no es sino desde mi misma hasta mi misma, o sea, no hay meta realmente. Por eso lo que se considera avance es solamente despojarse de las identificaciones con todo aquello que no soy de verdad. Ya soy, y así como soy, sé que todos son, en esencia, perfecta plenitud y felicidad, pero parece – y esto es observable -  que se hubiera olvidado y por eso, en busca de una felicidad que satisfaga el ego en detrimento del bien de otros, se generan tantos conflictos en el mundo. Así que para cambiar este mundo complicado y confuso, lo preciso es comenzar por reconocer mi profunda realidad inherente. En este sentido está claro para mí que no hay más avance que comprender, sin tratarse de lograr u obtener. Nada que aprender. Casi diría que es más cuestión de restar que de sumar. Restar confusiones y la realidad brilla sola. Comprendiendo lo que no es real, se evidencia que todo está sostenido en la realidad de conciencia que ilumina la experiencia de vida, y que esa vida no es otra más que el si mismo.
Maria Luisa



2 comentarios:

sankaradas dijo...

Querida María Luisa.

Magnifico post.

Gracias por compartir tu sabiduría.

Namasté.

MARIA LUISA dijo...

Compartir es un placer exquisito. Namasté...
te comparto un abrazo.

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