lunes, 21 de diciembre de 2009

Beber un café. (R.Malak)




La generalidad de la gente se encuentra apegada a su forma psicológica, a su cuerpo físico, a la estructura ambiental, social o cultural. Esta tendencia provoca estar en una constante preparación para proteger y acorazar la identidad. Es obvio  que ello ocurra de esta manera, se justifica por las condiciones que impone la sociedad e incluso por la búsqueda constante de gratificaciones las cuales nos impulsan a alejarnos del dolor real o inventado  y  por ende intentar dejar lejos la infelicidad. Para muchos el mundo es lógico, racional y dual. El proceso racional ordena y muestra cómo se percibe la existencia, vuelta siempre hacia la búsqueda del costo-beneficio. Para otros, el mundo es sólo emocional y de colores, sonidos y belleza artística. Y para los más, solo viven en las acciones y el movimiento de los logros y la competitividad permanente, los proyectos por hacer son fuertes, poderosos y atractivos.

Las razones que se tengan para moverse, ya sea dentro del círculo lógico, emocional o de la acción o de los logros, pueden ser múltiples y variadas. Lo interesante es que hay un modo no considerado, de estar en la vida y de observar el mundo, que no es nuevo y está siendo aceptado con mucha fuerza y buscado con dedicación. Este es el modo no-dual, que deja lejos lo impermanente de la vida, para que lo real tome sentido de autenticidad.  Este modo plantea que el mundo es una ilusión y que la realidad no se presenta a los ojos y por ende no es posible reconocerla. Menciona que lo apreciado solo es aceptado por el filtro de la identidad a través de las ideas y conceptos, una idea dentro de infinitud de ideas.

Ver la vida con ojos nuevos sólo puede ser posible si la mente regresa a la conciencia, la fuente de la cual procede. Para ello tiene que provocar, dicho de una manera entendible, una introspección intuitiva, en contraste con la forma racional y lógica e intelectual. Esta comprensión se presenta como un resplandor, que significa apreciar desde lo esencial la vida, la que antiguamente se percibía dentro de la confusión de la mente dualista. Esto que digo podría dar la impresión de que se requiere una disciplina para ver lo real, para ver lo esencial de las cosas. La mayoría podría pensar que la manera lógica, de acuerdo a la opción fenoménica o sea por comparación, es una manera equivocada de ver. No es así, solo que  lo que estoy mencionando es que hay un modo más real, más auténtico, más integral, más natural, y ello ocurre o comienza a presentarse cuando se plantea la opción de dejar de lado el modo tradicional, dualista.

De pronto, en forma inesperada, no causal ni casual, estamos de frente al resplandor no-dual, como esa comprensión que sobreviene. Explicado de otra manera, por ejemplo: nosotros, usted y yo parecemos vivir del mismo modo, la duda se plantea en que lo que yo veo no es lo mismo para usted que para mi. Incluso si tomamos café, en la acción existe un abismo entre su opción de beber café y la mía. Usted bebe café, yo bebo el resplandor no dual y lo bebo hasta el tope de la taza.

Le llamo resplandor a esa comprensión, por la rapidez con que ocurre y por el modo como los hábitos son contemplados en su real dimensión, por la conciencia y desde la conciencia, lo que provoca que vayan desapareciendo uno a uno los antiguos hábitos y apegos, ya que ellos quedan sin el filtro del ego, de frente, como ilusiones. La complicación de enseñar la realidad, es que no soporta explicaciones racionales. Es imposible conducir a nadie a través del análisis intelectual. Esta comprensión es sugerida, anunciada, intuida, apuntada, no aparece como una experiencia, se presenta como algo vivo, como una vivencia que no resiste argumentaciones posibles de ser transmitidas a los demás, salvo que el que escucha la haya tenido previamente.

Lo que puede hacer el apuntador es sugerir, mostrar el camino, de tal modo que la conciencia, con su estilo en el movimiento llamado atención, pueda ser dirigida de manera que la mente dualista se recoja en ella. La aparente dualidad desaparece, el tiempo es el ahora que se muestra como la eternidad y el espacio se muestra como lo infinito. Después del resplandor las indicaciones estarán por todas partes. Cuando la mente como función de la conciencia ha sido diseñada desde la misma conciencia, el resplandor no dual aparece por todos lados. Un sonido inesperado, una observación apropiada o inapropiada, un incidente casual, una flor que aparece, un movimiento de luz, son la oportunidad para que la conciencia se abra a la inteligencia esencial. Un suceso insignificante se presenta lleno de si mismo y de realidad. R.Malak


Feliz Navidad, en conciencia de la Luz




Hay bastante agite en las calles. Mucha gente yendo a comprar regalos y autoregalos. A veces en este caluroso y veraniego Santiago de Chile escucho algún villancico y me hace mucha gracia cuando aparece el que habla de la “Blanca Navidad”. Alguien me recordaba cómo en las playas del trópico a veces cuelgan de los postes, a modo de decoración, unos carteles o cartones representando pinos nevados con bolitas de colores. Pensamos la Navidad a través de muchos símbolos que se han vuelto reflejos colectivos y vivimos por medio de estos pensamientos. Y de vez en cuando el sonido en el momento adecuado, de “Noche de Paz”, puede (o no) producir un toque profundo, un antiguo y lejano recuerdo de conexión, que quizás cuando niños, sentíamos con un aspecto espiritual, de sentimiento, de amor.

Para algunos puede que estas fechas de celebración les recuerden que son representativas del nacimiento del que se convirtió en un gran maestro, con su ejemplo y su enseñanza: Jesús de Nazaret. Para otros son fechas en que se aprovechan los beneficios económicos recogidos a final del año laboral, como utilidades, para gastarlos en los objetos, eventos o viajes que tanto desean. Y para otros, son momentos de fastidio por tantas cosas con las que se ven obligados a cumplir con las exigencias de este trueque de dame y te daré, donde prima el motus: costo-beneficio.
En todo caso, no está de más recoger el aspecto simbólico que conecta nuestro sentir, nuestro pensar y nuestro hacer, con el origen del Ser. La conmemoración de una situación que se da a cada segundo, el nacimiento de un nuevo ser humano, como expresión de lo Divino. Y el reconocimiento de una profunda realidad que este niño, en su vida, tiene la oportunidad de comprender y asumir. Somos la expresión de lo esencial, que toma forma, nombre y adquiere una identidad provisoria, como avatar, encarnación de Dios, que se experimenta a si mismo y a toda su emanación, como si fueran dos, él y el mundo existente. Y nuestro constante apuntar, junto con R.Malak, consiste es este reconocer, disponiéndonos a “escuchar” la evidencia de esta realidad intrínseca, que casi siempre obviamos y dejamos pasar, viviendo a través del pensamiento y las estructuras adquiridas. Reconocer que tenemos la opción de disponernos en forma adecuada, para que lo Real se evidencie por sí mismo como un Resplandor No dual.

Así, nuestros deseos para todos los que reciben este mensaje semanal del grupo al que pertenecemos, que este Arte de tomar conciencia de la Luz Esencial se nos haga favorable y nos permita ser, cada uno, una vela encendida que ilumine el mundo, y que como chispa pase de mano en mano, en la unidad de todos los seres humanos, como expresiones del Uno indivisible, no dual. Y con esto, que sean una fiestas alegres, motivadoras y llenas de luz y paz.
Amor para todos,
Maria Luisa y en nombre de R.Malak

lunes, 14 de diciembre de 2009

Más allá en la comprensión


Atreverse a ir más allá en la comprensión, soltarlo todo… y ver…
Las explicaciones que nos da la mente, siempre van conformando la cadena del orden que necesitamos, que queremos, para dar sentido racional a todo. Así es la mente… así es toda esta ilusión de expresiones… reflejos… apariencias… emanaciones… recepciones… ¿qué es lo real en todo esto? El si mismo es lo real…yo, el Ser inmutable y no nacido… y veo que a todo le doy sentido o se lo quito, usando la mente… yo, con una comprensión que puede mostrar o no un reconocimiento de la realidad, soy el poder que a todo le da existencia. Ese yo no es persona, pero se muestra como persona… no tiene propiedades, pero todo le pertenece. De esta manera, todo lo que se va expresando con conceptos tales como sincronicidad, relaciones, coincidencias, fluir, gracia, emanaciones, soltura, delicia… a todo eso… soy yo quien le da sentido.
El maravillarse con algo… que quizás llamamos magia, felicidad, gracia divina… está siempre a mano… y depende solamente del sentido que le de a lo que observo, siento, percibo, capto, razono. En función de las bases que use para relacionar mis percepciones, así será el sentido que les dé. Mientras más filtro, más estructuras, ideas o creencias… más cristalizada es mi experiencia. Mientras más elásticas sean mis concepciones… más elástica es la experiencia. Y sigue siendo relativa a mí, que soy quien todo lo experimenta, Eso que sostiene toda experiencia, vivencia o como se quiera llamar.

La existencia misma está sostenida en la creencia de que existe. No hay escapatoria… todo lo que veo, toma forma y sentido en dependencia del cómo lo veo. La disolución de toda existencia es consumación en luz pura… y esto, es algo a lo que también yo le doy el sentido que le doy.

Esto que escribo no es complaciente… es mi verdad, mi comprensión hecha palabras y mi sentido convertido a la razón. Son mis conceptos… son mi magia… mi fuego… mi ardor, y en pleno derecho los despliego, los entrego, los suelto. Porque el fuego arde sin poder evitarlo.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Yo-Yo y la Diversidad



Proliferan y se amplían los ámbitos del compartir desinteresado, o podría decir que movido por un interés que no va más allá del propio regusto por saborear la belleza intrínseca del Ser. Todos compartimos el mismo Ser esencial, este “yo” que señalamos al tocarnos el pecho, este que siente y conoce, desde lo más prístino y limpio, esa sutil hermosura que llevamos dentro (dentro o fuera…) desde el mismo momento en que reconocimos “yo soy” en esta vida.

La existencia es como un yo-yo… y es gracioso este símil, porque por un lado se refiere, recordando el tradicional juguete, al movimiento de exhalación e inhalación… o podría decir, de emanación y a la vez recogimiento… de movimiento que nace y muere… y por el otro, recuerda el constante señalamiento de Ramana Maharshi, el I-I… Yo-Yo… como referencia a que sólo el Ser Es… yo, primeramente, constantemente y ultimadamente. Es decir, una permanencia más allá del tiempo, donde todo lo que nace y muere es presenciado con total amplitud magnífica. Y lo más extraordinario de esto, es que Ese que presencia no es otro que mi verdadero Yo. Lo hace y lo ha hecho desde siempre y para siempre… no tocado por el tiempo ni confundido por los filtros de la mente o la identidad.

Volviendo al inicio de este tema, aumenta la expresión de muchas voces y miradas cuya instancia es revelar, mostrar, compartir, en una emanación impersonal aunque llena de “yo soy”, o sea, pura presencia del si mismo, sin ego porque el motor es el Amor, entendido el Amor como la fuerza del Ser y no como el apego a las formas. Mencionar “yo soy” es muy delicado, porque aunque en el fondo de los fondos no hay más “yo soy” que un Ser no dual, los juegos de Maya parecen mostrarnos a cada momento que “yo soy” es alguien separado de lo que ve y experimenta, y, una vez imbuido de esta ilusión, me creo un ser individual que lucha por forjarse el destino que se ha figurado. Es engañosa esta ilusión de separación, sin embargo descubrir esto nos ofrece la llave de comprensión que permite seguir el flujo de esta vida trazada, como un río, sabiendo de la dualidad inevitable que implica toda experiencia, sabiendo que no es posible deshacerse de ella, de esta dualidad, y aún así, permitiendo que mi honda mirada no se enturbie con la duda o el temor acerca de mi verdadera naturaleza no dual, intocada y eterna. Y mi punto de referencia conceptual es que en lo real que no es dos, se sostiene toda dualidad.

Desde el silencioso lugar solitario donde muchos tecleamos o leemos, sabemos con bastante certeza, gracias a esta herramienta llamada computadora, que no hay soledad sino una enorme gama de expresiones a lo largo de este planeta y que nos sostenemos unos a otros, como reflejos compartidos, donde la experiencia es universal, impersonal, mirada desde infinidad de ángulos. Porque el Ser es extraordinario, indescriptible, en este poder de hacerse a sí mismo hombre, transitando una vía, un río, un proceso, aunque con la opción de la constante recordación de “ser El que soy”. Y esta certeza, en la soledad que no es solitaria, se muestra con evidencia cuando, al dar un paso atrás como lo haría un testigo no involucrado, se observa todo el movimiento de la manifestación, de las formas, de los nombres, es decir, de la mente, y se comprende que todo ello existe gracias a la conciencia que de ello tiene el si mismo, yo… quien realmente soy.

Silencio y soledad en esta presencia, lumínica y poderosa… sostiene todas las percepciones y también las suelta, porque ellas, las percepciones sensoriales, vienen y se van. Yo me mantengo siendo, porque mi presencia como base de toda existencia es inmutable y nunca vino de ningún lado. Soltar el amarre a la memoria que me da identidad puede sonar aterrador, pero el sí mismo sabe lo que “hace”, y si permite que la identidad se vaya, así sea por un momento, para auto-revelarse en su infinita realidad, es porque sabe lo que es mejor, y si el bien es retomar la identidad, así será. Esto me recuerda un antiguo poema, escrito desde la dualidad de la búsqueda, que para finalizar, recogeré del baúl de los recuerdos.

Volaré

Me sentaré a empollar mis alas.
Cuando ellas salgan, serán primero como un pequeño embrión,
un gusanito que buscará estirarse,
y en el estiramiento
se irán desplegando
junto con todas mis ideas,
y mis alas, mis brazos, mis miembros,
se estirarán con ellas,
buscando un más allá.
Más allá de mí,
un fuera de mí,
una extensión de mi alma,
para poder despegarme,
y salir flotando,
o a flote,
y volaré, y me alejaré, ida y vuelta.
Y estando lejos
voltearé
miraré primero al mundo
y luego viraré
me miraré,
compararé,
y verificaré,
o dudaré y quizás me pierda,
me entrará el temor de no reconocer el camino de regreso,
y tal vez me aterre por perderme,
pero si vuelo alto,
y mi alma está conmigo
no debo temer,
pues trataré de llegar tan alto,
hasta Dios,
o hacia Dios,
y si no lo alcanzo, al menos estaré más cerca,
y me acompañará, y El dirá.
El me indicará el camino,
y si el bien es volver, regresaré renovada,
seré nueva y entraré de nuevo en mi cuerpo,
en mi vida,
y no seré la misma.
O si.

Gracias a todos los que comparten miradas, ya sea en búsqueda o mostrando los tesoros encontrados, porque en esta maravilla milagrosa que llamamos vida, lo que se toma como Maya o ilusión, no es más que Lilah o un juego del Ser, experimentándose a si mismo en sus infinitas posibilidades. Besos a todos.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Rezar - Orar



Rezar

La realidad de lo divino absoluto siempre está ahí. Cuando nos movemos entre los vericuetos de la mente y las emociones parece que estamos distantes de lo divino*. No importa cuánto esfuerzo hagamos, la comprensión parece esfumarse. Así es como alguien me decía ayer que sentía una enorme distancia entre lo que yo le decía y lo que él podía ver.
Mientras estamos viviendo esta vida, es imposible escaparse de los sentimientos, nadie deviene una máquina. Ya sea que el sentir se derive de nuestras ideas previas, ideales, expectativas, nuestras impresiones en la memoria, conformismo o rebeldía, o venga de reacciones involuntarias desde el propio mecanismo hormonal.
La calidez de lo divino, su amor incondicional, su impersonal y acogedora beneficencia siempre está disponible, si lo pedimos. ¿Por qué hay que pedirlo? Porque nos pone en la disposición adecuada, entona la mente y permite que fluya la inteligencia esencial que ilumina y baña de relax a nuestro organismo. Y nuestras ideas quedan en “stand bye”, entre las miles de posibles ideas que están contenidas en la conciencia, sin pescarlas.
La vida pasa entre dos riberas de lo placentero y agradable o lo desagradable y doloroso. No hay remedio para esto. Los picos de la emoción se mueven en función de cuán arraigadas están nuestras expectativas.
Moverse en la comprensión permite entonarse en la conciencia luminosa que cuida, otorga, limpia y ayuda. Sin que necesariamente las circunstancias se modifiquen a favor o en contra de nuestros deseos personales, todo lo que pase, todas las experiencias que vivimos, son acogidas, aceptadas imparcialmente y sin lucha, ante la luz de comprensión que viene de lo esencial de nosotros mismos.
En este entonamiento, se puede decir que estamos siendo uno con lo esencial, no diferentes de Ello. Esto no significa que la persona se vuelva conformista, sino que las cosas suceden bañadas en luz que las comprende.
Algunas situaciones o pensamientos disparan una cadena de sensaciones emocionales que pueden llegar a atormentarnos de tal modo que sentimos distancia entre mi ser y lo divino. Recordando al instante que en algún momento ha habido fusión consciente con lo divino, sin que hablemos de fe, más bien de certeza, en este “re-cordar”, lo cordial o corazón, centro, punto esencial, se vuelve prioridad de atención, y en ese instante, se produce la inmediata unión. Cierto que nunca hubo división o separación, aparte de alguna sensación o creencia, pero estas, las sensaciones y creencias, tienen el poder de confundir, y esto es a lo que se le llama Maya o ilusión. Estando imbuidos de Maya, no hay ninguna voluntad que pueda sacarnos de allí, aparte de solicitar, pedir, rezar. Es a esto a lo que se le llama rezo… pedir auxilio, para que la ilusoria separación se diluya como una bendición, siempre en mi, siempre en la Conciencia, valga recalcar. Pedir, solicitar auxilio, es ponerse a disposición, para que lo divino de mi se muestre y me abrace amorosamente, evidenciando el gozo implícito en el Ser, que es plena luminosidad consciente, acogedora, sublime y sanadora.

Maria Luisa
09-12-09

(*En esta exposición me refiero a lo divino como palabra que resume lo real absoluto, lo no dual, lo verdadero del si mismo.)


domingo, 6 de diciembre de 2009

Cambiar el mundo?



Mucho se habla de la hermosa idea de cambiar el mundo para convertirlo en un lugar de armonía y fraternidad, el lugar que nos correspondería como expresiones de la vida esencial que somos. Encuentro, partiendo del sentido común, que quien no conozca la paz en sí mismo, muy poco puede hacer o proponer respecto a la paz compartida. Y para afirmar esto, me baso en la siguiente reflexión. Mientras no sea capaz de comprenderme, ¿cómo puedo comprender a otro? ¿Cómo proponer los cambios? Si algún ideal es lo que sostuviera para esto, tendría que haber comprobado antes su perfecta efectividad en mi misma.

Así que lo primero es partir de lo más profundo de mi misma. Ahora, ¿partir hacia dónde? Tendría antes que saber dónde estoy. ¿Dónde se encuentra mi comprensión? ¿Desde dónde miro todo? Y luego, ¿bajo qué lupa, lentes o telescopio observo?
Es fácil comprobar que siempre, siempre estoy en el momento. En el momento es que sé de todo. Este momento tiene la cualidad de ser siempre presente y ocupado por mi presencia. También podría decir que mi presenciación es la que sostiene siempre todo momento, que no es otro sino este. Y es en este momento donde recojo ideas, sensaciones, sentimientos. ¿A dónde puedo ir, más allá de este mismísimo instante de pura mirada?  Es claro y evidente que las cosas cambian, las situaciones, los estados mentales, las sensaciones, las emociones, las experiencias. La pregunta ahora sería, ¿detrás de qué experiencia voy que creo que obteniéndola lograré saber algo más contundente, real o absoluto que lo que sé ahora?, ¿algo que me diga más de lo que soy realmente que lo que puedo saber ahora mismo? ¿Qué sé ahora mismo? Sé que yo soy, sin duda. Sé que soy la presenciación que mira todo lo que aparece ante mí. Pero, ¿qué lente estoy usando para mirar? ¿Uso las ideas? ¿Uso las sensaciones o emociones? Sea lo que sea que use para observar, será siempre un filtro que me define eso que observo. Una idea, una sensación o una emoción. El filtro y lo que observo es siempre cambiante, y así es cualquier experiencia que pueda obtener. Lo que sea cambiante, ¿cómo podrá darme una respuesta definitiva acerca de lo absoluto? 

Ante mi mirada y comprensión veo claramente que este camino que emprendí cuando este mundo apareció para mí, no es sino desde mi misma hasta mi misma, o sea, no hay meta realmente. Por eso lo que se considera avance es solamente despojarse de las identificaciones con todo aquello que no soy de verdad. Ya soy, y así como soy, sé que todos son, en esencia, perfecta plenitud y felicidad, pero parece – y esto es observable -  que se hubiera olvidado y por eso, en busca de una felicidad que satisfaga el ego en detrimento del bien de otros, se generan tantos conflictos en el mundo. Así que para cambiar este mundo complicado y confuso, lo preciso es comenzar por reconocer mi profunda realidad inherente. En este sentido está claro para mí que no hay más avance que comprender, sin tratarse de lograr u obtener. Nada que aprender. Casi diría que es más cuestión de restar que de sumar. Restar confusiones y la realidad brilla sola. Comprendiendo lo que no es real, se evidencia que todo está sostenido en la realidad de conciencia que ilumina la experiencia de vida, y que esa vida no es otra más que el si mismo.
Maria Luisa



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