sábado, 14 de marzo de 2009

El Telescopio


He encontrado tantos puntos de vista en las personas, como posibilidades se me pueden ocurrir, y aún estoy convencida que hay más, más de lo que se me pueda ocurrir. Pondré un símil, sabiendo de antemano que todo símil tiene sus limitaciones. Las personas las veo como telescopios que miran al cielo. Siendo el firmamento ilimitado, no podemos apreciar detalles como no sea por un acercamiento forzado. Cada persona está infundida del poder de conocer, y gracias a este poder, quien tiene ojos sanos puede mirar. Así la mirada común de ojos sanos, se dirige a mirar la manifestación del universo en el cielo nocturno, donde la luz se ha cubierto de sombra para poder apreciar los detalles que esconde. Cada persona, mira por su propio telescopio y lo que ve es distinto a los otros. Destaca la luna, y no puede mirar una estrella al mismo tiempo. Otro destaca y hace un acercamiento a una constelación, dejando fuera otra. El ver se diversifica según el filtro y la dirección que se de a la mirada.

Dejando el telescopio de lado, todas las miradas, o mejor dicho, la mirada única y sin filtros, como poder que nos permite conocer, observa el firmamento y no sus detalles. El firmamento siempre estuvo allí, los cristales ópticos y los gustos particulares sólo miraban detalles, limitando y generando múltiples vistas de apreciación. Bueno, así veo a las personas, como telescopios dirigidos a una orientación. Esto produce el baile de interacciones, donde se puede compartir las variadas apreciaciones que la mirada única, la luz iluminadora de la conciencia, ha recogido gracias a las preferencias de la función mental.

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