domingo, 8 de febrero de 2009

Plenitud

Plenitud, copada de tranquilidad, paz estable, profunda y confiable, que no pide moverse a ningún lado, que no pide nada, porque su belleza ya está completa, es completa antes de la aparición misma de cualquier existencia, es la residencia común de todos los seres. En esencia, Ser es esta paz que se sabe a si misma.

Plenitud, vacía del problema radical del yo inestable y virtual, donde está ausente la inquietud de buscar placer y evitar dolor, donde está ausente la ignorancia y está ausente el conocedor como entidad pensante, plenitud, que con su mirada se hace consciente del flujo permanente de emanaciones y contenidos, del llamado Universo, existencia, cosmos y por último, el pequeño mundo personal.

Plenitud que se basta a si misma, que ignoramos pues nos hemos encapsulado en la centralización de un punto, un organismo, un individuo, una entidad, un pequeño cosmos existencial llamado yo. Plenitud tan amplia y benévola, que acoge todo en si misma, haciéndose consciente de esta pequeña existencia, y por medio de ella, reconociendo la infinitud del universo manifestado, esta cosmología que va desde la habitación de mi casa, hasta la estrella más lejana, lo cual se distingue gracias a este punto de encuentro entre lo profundo y real, pleno de ser… y lo instrumental, que como organismo viviente está dotado de órganos sensoriales que dan cuenta de tan magnífica expresión de la naturaleza y expansión de la existencia eterna.

Plenitud, que en inconmensurable misterio te vistes de cuerpo, en sacrificio aparente, limitando tu eternidad a este tránsito de tiempo y espacio, y en esa humildad, en que lo inmenso se vuelve pequeño, y se inclina en el espejo del tiempo para contemplar desde lo chico, la inmensidad, y sorprenderse….. y en orgasmo de mil luces, volver a recordarse como Luz Plena desde siempre.

Maria Luisa

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