jueves, 11 de diciembre de 2008

Conciencia y darse cuenta


Conciencia y darse cuenta (En honor al Maestro)

¿Es darse cuenta todo lo que hay de conciencia?

Si Yo Soy Ser…es Conciencia, ¿cómo es que no me doy cuenta de las acciones celulares y atómicas?

¿Es que cuando me hago yo en carne y hueso me está velado ese conocimiento?

¿Es acaso sólo por revelación intuitiva que habré de saber lo que corresponda acerca de lo esencial?

Si “yo soy” es Yo Conciencia, Ser… ¿por qué no se sabe eso? Y, ¿por qué cuando se sabe llega inatrapable, escabulléndose, escurridizo?
No queda más que rendición ante lo sagrado.

Dices… conciencia como río y conciencia como función de darse cuenta. En el río comienza a funcionar una parcialidad que permite organizar la existencia dependiendo del grado y amplitud del darse cuenta. ¿Me hace más grande darme más cuenta? ¿Qué de mi se da cuenta y qué no se da cuenta?

Saber que mi existencia absoluta es eterna no me da la solución a este dilema. Comprendo que los dilemas son pequeñas entretenciones mentales, tan pequeñas, dudosas y limitadas. Será que mientras no haya temor a estas dudas, ningún problema real se presenta. Así la investigación puede ser abordada de manera inocente, porque nada me causará el cese, y nada parará mi ímpetu.

No me sirve saber para resolver lo insoluble. Sólo me queda Ser.

Dices… que la capacidad de asombro no se pierde, que es constante. ¿Será este el don que la Conciencia se auto regala para darse cuenta una y otra vez de su propia vastedad?

Se mueve el darse cuenta, es cierto que si, se mueve de aquí para allá, de lo interno a lo externo, de lo fijo a lo mutable. Es mi propio darme cuenta, mi función consciente de saber, averiguar, comprender, estudiar, analizar, sentir, emocionarme, vivir.
Vivir es darse cuenta. La Conciencia en su aspecto esencial, como río de Vida no se mueve más que como flujo constante de manifestación inafectada en principio básico.

Soy Conciencia, si, es cierto, indudable. Cómo se mueve esta conciencia es un misterio inabarcable. Mi propio y eterno movimiento, sabiendo que no voy a ningún lado, y aún no sabiéndolo, esto es real. Mi ser, tu ser, el ser de ellos… atribuciones de la ilusión que se ha hecho múltiple, en plantas, fauna, microbios… en estrellas que siendo luz pura nada saben… porque de todo esto, sé yo… por la cualidad consciente de darme cuenta, don preciado de vida que lo esencial manifiesta.

Al momento que me doy cuenta de esta autoconciencia, mi Ser, no mío, ni tuyo, el Ser, en ese momento la gloria es infinita. Por lo demás, las dudas aparecen como limitación y a la vez como puertas, llaves a este umbral de eternidad.
Sin respuesta queda lo que soy, y la razón solo a esto puede llegar, asombrada de que es claro y evidente lo real, pero que no es posible atraparlo en doctrinas ni argumentos. Ni aún bajo la definición bastante clara y precisa de Conciencia se deja encallar el río viviente, porque la mente, como función ordenadora solo sirve para lo contingente, para dar formas, pero no puede formalizar lo informe, lo infinito. El agua es agua y fluye, los contendores no la convierten en otra cosa más que agua.

No hay respuesta. Como dices…. Dibujamos lobos en un papel y luego nos asustamos.

Ciertas explicaciones que llamamos ontológicas, ayudan a que el raciocinio tome una vía, una dirección y enfoque a la salida…. La salida, si, pero la salida de si misma. Salir de la razón, quedar sin nada, desnuda, inocente, y dejarse bañar por la realidad. Sólo eso, mágico e inescrutable, pero el baño es evidente y reluce por si mismo.

En el baño se diluye la carne y el hueso, la estratificación, la estructura. El “yo soy” queda desnudo del “yo”, y Ser es el baño mismo que se auto contempla. Soy, soy, soy, llueve el baño divino. Si la razón aparece de nuevo, se ha puesto el vestido que abriga lo eterno, permitiendo que transite en la temporalidad y en el espacio delimitado por los sentidos.

Soy el río viviente, es decir, conciencia como corriente continua. El darse cuenta es función atribuida a un observador, pero en la observación eterna se diluyen el observador y lo observado.

Maria Luisa

No hay comentarios:

Amigos

Buscar en este blog