viernes, 9 de mayo de 2008

¿Por qué se busca a Dios?


¿Por qué se busca a Dios?

Dios o lo Divino es lo desconocido para nosotros, ¿por qué queremos ese contacto con lo desconocido? ¿Cómo podemos estar seguros de que tal contacto es posible si al fin y al cabo es algo que no se conoce y quienes reportan su conocimiento no pueden demostrarlo?

¿Será que ante lo inmenso de lo desconocido, ante el miedo y la duda existencial, buscamos resolver por medio de fantasías nuestra tranquilidad, incluso formando imágenes no comprobables en cuanto a su fidelidad, acerca de un Dios como una entidad separada de uno mismo?

Hay quienes tienen un sentimiento del amor divino y saben refugiarse en ello, lo cual les da la tranquilidad que el mundo y su movimiento no les ofrece muchas veces. Estas personas debido a su devoción son agraciadas, sobre todo si han aprendido a volverse hacia este sentir interior en forma honesta consigo mismos, y no como una fantasía o juego de luces y colores experimental. Estas personas probablemente no se hagan estos cuestionamientos. Sin embargo, la mayoría de las personas que andan por el mundo, tienen por lo general muchas preguntas existenciales, con dudas y miedos que no se sabe bien de dónde vienen. En todo caso, mi punto de vista no está en refugiarse ni apartarse del mundo con el objeto de estar en paz ni nada por el estilo. Pero sigamos.

Me parece que deberíamos estar claros en que lo que se busca realmente es la felicidad y el estar tranquilos, y que esto en verdad lo que significa es que no haya dudas, inquietudes y miedos. Esto sucede en todo ser humano, en cualquier época o momento histórico, cualquier cultura o etnia, en cualquier punto del globo terrestre. Esto me sucede a mi como a ti. ¿Es posible parar esta búsqueda?

Hay muchísima investigación reportada al respecto. Libros, toneladas de libros han salido de mentes privilegiadas que se han dedicado a explorar los ámbitos de la profundidad de ser. Hay otras que han estudiado los amplios espectros que la naturaleza pone ante nuestras narices, como lo infinito del universo, las interacciones químicas y físicas de la materia, así como las interacciones entre los seres vivientes y su entorno. Se ha estudiado la psicología de la mente, el cerebro humano, el funcionamiento del cuerpo. Se ha elucubrado intelectualmente por amor al saber, digámosle a esto filosofía. Se han hecho exploraciones antropológicas en las diversas culturas ancestrales buscando significado en sus legados escritos, simbólicos, artísticos, arquitectónicos y de comportamiento según las costumbres.

Hay entre estos reportes los de algunos personajes que indican que no hace falta investigar en los fenómenos ni en la historia, y que ni siquiera hace falta, necesariamente, investigar los procesos sicológicos dependientes de condicionamientos, memorias, traumas y comunicaciones inter-neuronales. Sino que hay una investigación muy íntima y directa que se puede hacer lejos de cualquier conocimiento que se tenga: Autoindagación, que indica de dónde aparece la inquietud y cómo se erradica esta causa, con una vivencia directa e inmediata de la realidad.

Siendo que esta investigación o autoindagación excava en la profundidad de nuestros pensamientos, se trata de pasar por alto las ideas y concepciones para llegar al núcleo de su emanación. Es sólo haciendo la prueba por si mismo, que se puede comprender cómo es que esto funciona y qué sentido real tiene cuando lo que se busca es la armonía de esta vida.

Creemos que la armonía deriva de que las condiciones que nos rodean sean armónicas, de que nuestras necesidades estén satisfechas y de que no haya turbulencias en los acontecimientos que experimentamos. Pero es fácilmente comprobable que esto no es así, por la sencilla razón de que se evidencia que los problemas a ser satisfechos no terminan nunca, que ocurren eventos inesperados, algunos los llamamos desgracias, dramas, vivencias a veces muy difíciles de aceptar, muy a pesar de que nuestras condiciones de vida materiales estén suficientemente satisfechas. Pero aparte de eso, si no hay turbulencias emocionales, nos encontramos con que cada vez que satisfacemos un deseo o un capricho, siguen apareciendo otros. Por tanto, es obvio que satisfaciendo los deseos de una vida ordenada, armónica y acorde a estos deseos, no se nos ofrece ni paz ni alegría, más que como condiciones muy pasajeras. Y la búsqueda de felicidad continúa.

El proceso de esta búsqueda es natural, y se gastan vidas enteras en ello, creyendo que eso es todo lo que se puede alcanzar. Un día sobreviene la muerte, y todo este ímpetu quedó ahí. O tal vez las circunstancias se voltean de pronto y todos los esfuerzos se convirtieron en un volver a empezar. Muchos consideran que esto es la vida y se conforman con ello o lo aceptan amigablemente. Otros lo toman con amargura y hay otros que a veces lo aceptan y a veces no.

Pero hay un grupo de personas que ya están cansadas de estos ires y venires en la existencia. Para estas personas, la inclinación es a buscar algo que resuelva esta rueda de contracciones y liberaciones constantes, pues han llegado al agotamiento. Se han dado cuenta de que la forma de enfrentar las situaciones que normalmente han asumido no tiene fin, y el deseo es hacer un salto en la forma hasta entonces típica de concebir y comprender, que resuelva en forma definitiva el asunto. Estas personas buscan la realización permanente de la felicidad. Como es obvio que esto no se encuentra en lo externo, en los pensamientos, en las teorías ni en los eventos, proceden a investigar modos de encontrarlo dentro de si mismos. Muchas veces porque alguna señal, mensaje, lectura o comentario les ha llegado y ha sembrado una semilla en ellos, que indica cuál es el camino. Otros encuentran personas que pueden darles orientación respecto a esto. Y así se procede a los muchos caminos que buscan lo espiritual, a Dios o lo Divino en uno mismo, no bajo dogmas establecidos, ni normas o leyes doctrinarias, ya que esto no son más que ideas y más ideas que albergamos como creencias y nada tienen que ver con una convicción propia sólida y fundamentada en la vivencia directa e innegable.

Debido al testimonio que presentan algunas personas tanto por lo que expresan verbalmente como por lo que expresan mediante su propio proceder, sucede la confianza en que realmente sí es posible detectar la felicidad permanente y la paz subyacente a nuestra psique. Esta confianza es lo que hace que un buscador se rinda ante la orientación que estas personas, en forma natural, sin interés egoista y compasiva, ofrecen.

El objetivo de la autoindagación no es desvincularse de la vida, ni separarse de nuestra expresión viva, sino todo lo contrario. Esta manera de ver es una aceptación plena de todo movimiento que ocurre ante la presencia del si mismo, con la total convicción de la belleza subyacente y la paz profunda que hay en uno mismo, abierto a la gente, a los acontecimientos y todo lo que devenga en nuestro tránsito por esta vida, con alegría y gozo íntimo, a pesar de que la vida en sí, se mueva entre las riberas del placer y el dolor, y mucho más allá de las imágenes mentales que nos formamos acerca del deber ser ajeno a nuestras propias convicciones.

Maria Luisa (09-05-08)

2 comentarios:

Inma dijo...

:)
http://elhuecodelaescalera.wordpress.com/2012/12/21/se-busca-dios-con-d-mayuscula/

Inma dijo...

:)
http://elhuecodelaescalera.wordpress.com/2012/12/21/se-busca-dios-con-d-mayuscula/

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