viernes, 30 de mayo de 2008

No hay distintas conciencias


Siendo el Ser, siendo lo que soy, que somos todos, qué bello es ser humano, con todas las diferencias en potencialidades creativas y de expresión. Abrir nuestra comprensión de manera de no ser extorsionados mentalmente por los condicionamientos, las ideas que nos torturan como si fuéramos limitados, y que distorsionan el potencial del corazón humano, que vive su máxima expresión conteniendo en si mismo a todos los seres, sin la violencia que fragmenta, ni las diferencias de juicios que enmarcan separaciones ilusorias entre las personas. Abrir la comprensión es ir más allá de lo aprendido, es comprender lo aprendido y saber discernir. Hay lo adecuado en la vida manifiesta del ser humano y hay lo inadecuado, cuando pensamientos, acciones y sentimientos producen separación y sufrimiento. Comprender nuestra esencialidad es básico, para trascender las limitaciones en cuanto a la comprensión de lo relativo. Es el único modo de superar el sufrimiento de la ignorancia… comprender la conciencia misma.

No hay distintas conciencias, sino conciencia de distintas cosas. Lo que soy no lo puedo definir, solo se que yo se. Yo conozco. Conocer es conciencia. Yo presencio, presenciar es darse cuenta y esto es conciencia.

Decir que yo presencio o que soy presenciación o que solo hay presenciación…. Da lo mismo.. solo soy…. Y me hago consciente de estados, condiciones, de yo como sujeto o de yo como ausencia de sujeto…. O no me hago consciente de un yo definido, sino de la sensación yo, o no me hago consciente de la sensación yo, sino de la luz pura o no me hago consciente de la luz pura sino del mundo fenoménico, o de todo un mundo que no se vislumbra en la cotidianidad pero que está latente y se vislumbra en los estados de ensoñación, que llamamos subconsciente.

Por tanto me hago consciente de diversos aspectos y en diversos modos. Tanto en la presencia de yo como individuo como la presencia esencial no definida, soy consciente.
No hay distintas conciencias, sino distintos modos conscientes. La conciencia es Una y es Uno mismo, que se vuelve pantalla que es presenciada.

Uno es presenciación, observación sin juicio y la conciencia es la pantalla presenciada. Uno se da cuenta de lo presenciado. Este uno es el mismo y único Uno en todo ser. En dicha pantalla ocurren los modos observados. Cuando lo observado son pensamientos, se llama mente, cuando lo observado son sensaciones, se llama cuerpo, cuando lo observado son sentimientos, se llama emoción. La observación ocurre en diversos modos y estados. Los modos son tranquilidad, agitación o pereza. Los estados son vigilia, sueño con sueños o sueño profundo.

Hay un tipo de modo de observación que no se da en un estado de vigilia, ni de sueño, sino como ambos, o ninguno. Es un modo tranquilo y silencioso que no es de lo cotidiano, eso si es seguro. No es racional, no es emocional, no es objetivo ni subjetivo, es algo así como pura comprensión y lo que se observa es movimiento, luz, oscuridad, en mezclas, irradiado con comprensiones. Es pura meditación recibiendo percepciones definidas o indefinidas, pero no condicionadas. No es del tipo de lo cotidiano. No se relaciona con un yo ubicado, ni con la persona o sus historias, ni con conceptos de ningún tipo, ni con la causalidad y el tiempo. El pensamiento puede suceder o no. En esta modalidad lo que sucede como pensamiento son ideas nuevas, descontaminadas. No hay diferenciación entre un yo pensante y algo pensado. Simplemente hay inmersión en todo ello, como siendo el suceso mismo, y en un estado de calma y silencio que recibe todo, o no recibe nada. Esto es real, y es la condición permanente de la existencia.

Hasta allí puedo explicar lo que Es. No dos: yo y lo observado, sino un todo.

Maria Luisa

viernes, 23 de mayo de 2008

Experiencias y Liberación


Algunas doctrinas hablan de Liberación. También mencionan las experiencias espirituales. Muchas veces se interpreta que hay una relación entre experiencias y liberación. Estos son algunos apuntes que mencionan lo que opino sobre el tema.



Si de alguna liberación se puede hablar, es liberarse de la idea de ser lo que "no somos". Ante la palabra experiencia, voy a presentar cómo veo esto. La percepción es inmediata y sensible; no es un suceso en el tiempo y no se relaciona con, ni depende de las interpretaciones racionales. Esto es vivencia directa y real sin el intermedio de ninguna limitación, por tanto es libre. El tiempo ocurre cuando la mente entra a funcionar en base al recuerdo y la comparación. Es aquí cuando se habla de experiencia.

La liberación es la desaparición de la idea del individuo que se cree ser, para quedar lo esencial indescriptible, pleno y gozoso. El individuo es una idea que resulta de la relación de las vivencias inmediatas con un ente que supuestamente las vive por medio de un cuerpo y una mente, convirtiéndolas en: la experiencia del individuo. Las vivencias no ocurren en el tiempo, son inmediatas a la percepción, por tanto no tiene sentido hablar de la duración de una vivencia y esto no tiene relevancia en cuanto a la Realidad. Lo que sucede es que la sumatoria de vivencias va quedando registrada en la memoria y se convierte en experiencia. Esto es el tiempo, la relación entre sumas de vivencias almacenadas en la memoria. La experiencia que ha durado en el tiempo se convierte en un recurso de relación entre el individuo aparente y la proyección de un pasado con el que se relaciona. Por tanto, ninguna experiencia que dure en el tiempo es ni liberadora, ni liberación, puesto que está siendo sostenida con la previa idea de ser un individuo que tuvo una tal experiencia.

La liberación es la percepción constante de la realidad inmediata sin la mediación de un individuo que percibe. La liberación no depende del tiempo ni de las experiencias, ya que estas se consideran como propiedad de una persona que no es más que una ilusión. La liberación sólo está sujeta a la ausencia del individuo que vive las experiencias.

Una vivencia que revele la realidad tiene la importancia de terminar con el buscador y revelar lo omniabarcante de la Realidad. Si no es así, no es relevante, sino que más bien se puede convertir en un obstáculo en la realización, al producir apegos e interpretaciones erradas. Si se distorsiona una experiencia o no se comprende, es muy adecuado tener un guía que pueda orientar en el proceso de comprender de qué se trata. El recuerdo de algunas experiencias puede servir como anclaje a la hora de mirar en la dirección precisa.

Escuchar relatos sobre experiencias espirituales que transforman la forma acostumbrada de comprensión, puede servir como estímulo, cuando han surgido los interrogantes acerca de si esta aparente realidad cotidiana, con sus ires y venires, sus nacimientos, transformaciones y muertes, es todo lo que hay que descubrir en la vida. En este sentido nos sirven como testimonio de que hay una realidad que normalmente no es captada ni aprehendida en el plano de la individualidad, y señalan una posibilidad que, de otro modo, tal vez ni nos cuestionaríamos cuando la inquietud no ha surgido en forma espontánea.

Prestar demasiada atención a estos relatos también tiene su aspecto inconveniente, cuando se idealizan experiencias y se espera pasar por situaciones similares, generando una expectativa que se convierte en un inconveniente a la hora de dejar ir los apegos a las ideas. La mente es una sumatoria de experiencias y la mente es justo lo que obstaculiza la liberación, ya que la atención queda retenida en los pensamientos.

Maria Luisa

viernes, 9 de mayo de 2008

¿Por qué se busca a Dios?


¿Por qué se busca a Dios?

Dios o lo Divino es lo desconocido para nosotros, ¿por qué queremos ese contacto con lo desconocido? ¿Cómo podemos estar seguros de que tal contacto es posible si al fin y al cabo es algo que no se conoce y quienes reportan su conocimiento no pueden demostrarlo?

¿Será que ante lo inmenso de lo desconocido, ante el miedo y la duda existencial, buscamos resolver por medio de fantasías nuestra tranquilidad, incluso formando imágenes no comprobables en cuanto a su fidelidad, acerca de un Dios como una entidad separada de uno mismo?

Hay quienes tienen un sentimiento del amor divino y saben refugiarse en ello, lo cual les da la tranquilidad que el mundo y su movimiento no les ofrece muchas veces. Estas personas debido a su devoción son agraciadas, sobre todo si han aprendido a volverse hacia este sentir interior en forma honesta consigo mismos, y no como una fantasía o juego de luces y colores experimental. Estas personas probablemente no se hagan estos cuestionamientos. Sin embargo, la mayoría de las personas que andan por el mundo, tienen por lo general muchas preguntas existenciales, con dudas y miedos que no se sabe bien de dónde vienen. En todo caso, mi punto de vista no está en refugiarse ni apartarse del mundo con el objeto de estar en paz ni nada por el estilo. Pero sigamos.

Me parece que deberíamos estar claros en que lo que se busca realmente es la felicidad y el estar tranquilos, y que esto en verdad lo que significa es que no haya dudas, inquietudes y miedos. Esto sucede en todo ser humano, en cualquier época o momento histórico, cualquier cultura o etnia, en cualquier punto del globo terrestre. Esto me sucede a mi como a ti. ¿Es posible parar esta búsqueda?

Hay muchísima investigación reportada al respecto. Libros, toneladas de libros han salido de mentes privilegiadas que se han dedicado a explorar los ámbitos de la profundidad de ser. Hay otras que han estudiado los amplios espectros que la naturaleza pone ante nuestras narices, como lo infinito del universo, las interacciones químicas y físicas de la materia, así como las interacciones entre los seres vivientes y su entorno. Se ha estudiado la psicología de la mente, el cerebro humano, el funcionamiento del cuerpo. Se ha elucubrado intelectualmente por amor al saber, digámosle a esto filosofía. Se han hecho exploraciones antropológicas en las diversas culturas ancestrales buscando significado en sus legados escritos, simbólicos, artísticos, arquitectónicos y de comportamiento según las costumbres.

Hay entre estos reportes los de algunos personajes que indican que no hace falta investigar en los fenómenos ni en la historia, y que ni siquiera hace falta, necesariamente, investigar los procesos sicológicos dependientes de condicionamientos, memorias, traumas y comunicaciones inter-neuronales. Sino que hay una investigación muy íntima y directa que se puede hacer lejos de cualquier conocimiento que se tenga: Autoindagación, que indica de dónde aparece la inquietud y cómo se erradica esta causa, con una vivencia directa e inmediata de la realidad.

Siendo que esta investigación o autoindagación excava en la profundidad de nuestros pensamientos, se trata de pasar por alto las ideas y concepciones para llegar al núcleo de su emanación. Es sólo haciendo la prueba por si mismo, que se puede comprender cómo es que esto funciona y qué sentido real tiene cuando lo que se busca es la armonía de esta vida.

Creemos que la armonía deriva de que las condiciones que nos rodean sean armónicas, de que nuestras necesidades estén satisfechas y de que no haya turbulencias en los acontecimientos que experimentamos. Pero es fácilmente comprobable que esto no es así, por la sencilla razón de que se evidencia que los problemas a ser satisfechos no terminan nunca, que ocurren eventos inesperados, algunos los llamamos desgracias, dramas, vivencias a veces muy difíciles de aceptar, muy a pesar de que nuestras condiciones de vida materiales estén suficientemente satisfechas. Pero aparte de eso, si no hay turbulencias emocionales, nos encontramos con que cada vez que satisfacemos un deseo o un capricho, siguen apareciendo otros. Por tanto, es obvio que satisfaciendo los deseos de una vida ordenada, armónica y acorde a estos deseos, no se nos ofrece ni paz ni alegría, más que como condiciones muy pasajeras. Y la búsqueda de felicidad continúa.

El proceso de esta búsqueda es natural, y se gastan vidas enteras en ello, creyendo que eso es todo lo que se puede alcanzar. Un día sobreviene la muerte, y todo este ímpetu quedó ahí. O tal vez las circunstancias se voltean de pronto y todos los esfuerzos se convirtieron en un volver a empezar. Muchos consideran que esto es la vida y se conforman con ello o lo aceptan amigablemente. Otros lo toman con amargura y hay otros que a veces lo aceptan y a veces no.

Pero hay un grupo de personas que ya están cansadas de estos ires y venires en la existencia. Para estas personas, la inclinación es a buscar algo que resuelva esta rueda de contracciones y liberaciones constantes, pues han llegado al agotamiento. Se han dado cuenta de que la forma de enfrentar las situaciones que normalmente han asumido no tiene fin, y el deseo es hacer un salto en la forma hasta entonces típica de concebir y comprender, que resuelva en forma definitiva el asunto. Estas personas buscan la realización permanente de la felicidad. Como es obvio que esto no se encuentra en lo externo, en los pensamientos, en las teorías ni en los eventos, proceden a investigar modos de encontrarlo dentro de si mismos. Muchas veces porque alguna señal, mensaje, lectura o comentario les ha llegado y ha sembrado una semilla en ellos, que indica cuál es el camino. Otros encuentran personas que pueden darles orientación respecto a esto. Y así se procede a los muchos caminos que buscan lo espiritual, a Dios o lo Divino en uno mismo, no bajo dogmas establecidos, ni normas o leyes doctrinarias, ya que esto no son más que ideas y más ideas que albergamos como creencias y nada tienen que ver con una convicción propia sólida y fundamentada en la vivencia directa e innegable.

Debido al testimonio que presentan algunas personas tanto por lo que expresan verbalmente como por lo que expresan mediante su propio proceder, sucede la confianza en que realmente sí es posible detectar la felicidad permanente y la paz subyacente a nuestra psique. Esta confianza es lo que hace que un buscador se rinda ante la orientación que estas personas, en forma natural, sin interés egoista y compasiva, ofrecen.

El objetivo de la autoindagación no es desvincularse de la vida, ni separarse de nuestra expresión viva, sino todo lo contrario. Esta manera de ver es una aceptación plena de todo movimiento que ocurre ante la presencia del si mismo, con la total convicción de la belleza subyacente y la paz profunda que hay en uno mismo, abierto a la gente, a los acontecimientos y todo lo que devenga en nuestro tránsito por esta vida, con alegría y gozo íntimo, a pesar de que la vida en sí, se mueva entre las riberas del placer y el dolor, y mucho más allá de las imágenes mentales que nos formamos acerca del deber ser ajeno a nuestras propias convicciones.

Maria Luisa (09-05-08)

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